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Este sacerdote busca pareja a jóvenes católicos a través de whatsapp

CUEVAS RAPOSO

Facebook @fernando.cuevasraposo

Dojn Fernando Cuevas Raposo.

Merche Crespo - publicado el 07/03/23

A través de esta aplicación del teléfono recibe cada semana cientos de fichas de personas para que él les encuentre pareja. Por eso le llaman el “Cura Tinder”

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Don Fernando Cuevas es un sacerdote ibicenco que desde hace años desarrolla su labor en Valencia. Fue allí donde hace 14 años empezó de manera casual con su papel de casamentero o matchmaker, cuando un joven universitario le explicó sus dificultades para encontrar novia.

Entonces Don Fernando lo puso en contacto con una chica que compartía sus mismos valores y creencias y después de 5 meses de noviazgo, él mismo los casó.

Una labor de servicio

Esta fue la primera pareja que llevó al altar este sacerdote. Pero hoy en día y gracias a su trabajo de buscar novio/a online, ya son 280 parejas las que han llegado al matrimonio. Y lo mejor es que ninguna se ha separado ni divorciado.

La última pareja que ha fijado su fecha de boda son Miguel y Xiomara.

Fernando Cuevas Raposo
Miguel y Xiomara, ahora novios, con Don Fernando.

Más allá de las sorprendentes cifras o de lo anecdótico y divertido del caso, para Don Fernando el sacerdocio es un servicio y para él esta labor es un servicio más a la Iglesia, que está muy necesitada de buenos matrimonios cristianos.

Así que el poco tiempo libre que le queda, y después de cumplir con sus labores pastorales -pertenece al Opus Dei y es capellán de varios centros educativos-, se dedica a ordenar y clasificar las casi 50fichas de solicitudes que recibe cada día en su whatsapp.

«Páseme la ficha»

Reconoce que él disfruta, pero además percibe que hay mucha demanda y por esta razón se siente satisfecho. «Por un minuto que yo le dedico, le cambia la vida a esas personas que han contactado conmigo por teléfono», afirma.

Es a través de este medio cómo él recibe las solicitudes. Con sólo enviarle un whatsapp al 609765284 y solicitar que le «pase la ficha«, al cabo de unas horas el candidato que desea encontrar pareja recibe este texto en su móvil:

«Hola. Bienvenido/a al club. Comienzo a encomendarte a ti y al chico/a que el Señor te tenga reservado».

Preguntas clave

Seguidamente, se incluyen las preguntas a las que hay que contestar: Nombre y apellidos, edad y lugar de nacimiento, estatura, estudios, trabajo actual, ciudad de residencia, disponibilidad para conocer a alguien en otra ciudad -incluso ir allí si al final congenian-, familia, aficiones, virtudes, carencias y cómo le gustaría que fuera él/ella.

Todas las preguntas son importantes, pero para este sacerdote la pregunta clave es el grado de compromiso que tiene cada uno con la Iglesia y a qué movimientopertenece. No le vale con «ir a Misa sólo los domingos».

Posibles «agujas en el pajar»

Después de enviar a Don Fernando la ficha rellenada con todos los datos y un par de fotografías, los candidatos esperan pacientemente la respuesta, ya que es el momento en que hay que encontrar la aguja en el pajar, la pareja más adecuada para cada persona dentro del «catálogo» de datos.

Fernando Cuevas Rapos
A Don Fernando se le ha multiplicado el trabajo de «matchmaker» en poco tiempo.

Una vez encontradas las posibles coincidencias, Don Fernando envía la ficha -sin apellidos- a aquellos interesados a los que el otro dé luz verde para que se la mande.

En algunas ocasiones se organizan encuentros grupales o planes variados: convivencias, campos de trabajo, coloquios o cinefórums para fomentar que se conozcan.

Por supuesto, Don Fernando invita a los candidatos que él cree idóneos a esos encuentros para que surja la «chispa» entre ellos.

Matrimonio es vocación de santidad

Después de tantos años como sacerdote y de conocer a tanta gente, Don Fernando se ha percatado de que en general, el mayor problema de ahora es que hay que aprender a amar. Comenta que «la gente suele ser egoísta, infantil e inmadura. Muchos están enamorados de sí mismos y no piensan en los demás».

Según él, «amar a una persona es necesitarle, es pensar que no podemos vivir sin él/ella. Las parejas, si no se enamoran así, no pueden casarse». Debe unirles la convicción de que el matrimonio es una vocación a la santidad de primera clase.

Matrimonio es cosa de 3

Él ha unido a parejas muy distintas entre sí, de diferentes idiosincrasias, pero preparados para no romper por sandeces o insignificancias.

Para ilustrarlo cita la letra de una canción icónica del grupo Seguridad Social que se hizo muy popular hace 40 años:

«Quiero tener tu presencia, quiero que estés a mi lado. No quiero hablar del futuro, no quiero hablar del pasado. No quiero hablar de la lucha si no estamos preparados».

Los que se unen en matrimonio deben tener claro y confiar en que su unión «no es cosa de dos, sino de tres, por que el Señor está con ellos.»

Cóctel mágico

En su ficha de preguntas hay un apartado dedicado a «aficiones», pero él sabe que más que la música, el deporte o su amor a la lectura, lo que más une son los valores y creencias compartidas.

Señala además que «a partes iguales el buen humor para relativizar y la madurez para perdonar y olvidar es lo que une de verdad. Ese cóctel es mágico. Si los dos hacen un discernimiento de con quién quieren compartir su vida, hablan mucho de los temas que importan, sienten físicamente mutua atracción, que coincidan o no en su afición por el tenis o el pádel es muy secundario».

No hay obstáculo que se les resista si creen de veras que lo que desean es servir a otro, hacer feliz al otro. No casarse para ser feliz yo.

Demanda ‘in crescendo’

Don Fernando reconoce que la demanda de solicitudes está creciendo a toda velocidad, sobre todo entre treintañeros y también personas más maduras de 40 años y más.

Recibe fichas de todas partes del mundo, incluso de Australia. Como ya no da abasto, él se ocupa de España y tiene un ayudante, el Padre D. Vicente Huerta (whatsapp 670763971), un compañero sacerdote que también vive en Valencia, que se ocupa de Hispanoamérica y del resto del mundo.

Además, muchos sacerdotes amigos suyos que viven en otros lugares le envían fichas de personas que ellos conocen para conseguir que Don Fernando pueda emparejarlos.

Fernando Cuevas Raposo
Don Fernando con Aitana, alumna de la Escuela Familiar Agraria La Malvesía, donde trabaja como capellán.

Desde Jerusalén

Como la fórmula de su éxito funciona, incluso le escribieron del Patriarcado de Jerusalén y de la Diócesis de Nazareth para que les mandara un ejemplo de la ficha y les transmitiera experiencias.

En esos lugares «les preocupa que en sus diócesis los jóvenes católicos son muy pocos y están muy dispersos geográficamente y por lo tanto no se conocen entre ellos. Les interesa mucho implantar este sistema pues de matrimonios piadosos saldrán en principio hijos firmes en la fe que son el futuro de la Iglesia

Después de eso le han escrito de otras diócesis muy distantes y distintas con el mismo objetivo.

Apadrinar una niña de Nicaragua

Por supuesto, no cobra nada por este servicio. Es gratuito. Pero si la pareja acaba casándose, Don Fernando les propone que apadrinen -si quieren- a una niña de Nicaragua por 200 € al año. «El Señor os habrá cambiado la vida y en agradecimiento vosotros se la cambiáis a esa niña porque podrá ir al cole», añade él al final de la ficha que envía a los candidatos.

Él explica por qué lo hace: «Fui muchos veranos con médicos y catequistas a campos de trabajo en la selva de ese precioso país centroamericano. Un día de julio de 2006 durante una Misa en la falda del volcán Momotombo, prometí a aquellas familias que pondría los medios para ayudarles a pagar el colegio a sus niñas que están muy desvalidas.»

Así que como las parejas que se han conocido a través de él quieren agradecérselo de algún modo, se le ocurrió este sistema.

Para saber más sobre cómo funciona esteservicio de conexión, como lo llama Don Fernando, se puede consultar este video de Youtube que grabó hace unos meses.

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