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Poético filme sobre una pérdida en el núcleo familiar 

AFTER YANG

A24

José Ángel Barrueco - publicado el 28/02/23

El duelo en clave futurista: "Despidiendo a Yang"

En Amazon Prime está disponible Despidiendo a Yang, la segunda película de Kogonada, pseudónimo artístico de un cineasta nacido en Corea del Sur pero criado en Estados Unidos. Ya en su primera obra, Columbus, ya circulaban las mismas constantes que brillan en la segunda: imágenes poéticas, un ritmo lento pero nunca tedioso, tonos y temas orientales, y una sutil melancolía a la que contribuye mucho la música.

En After Yang (su título original) accedemos al pequeño universo de una familia de cuatro miembros. El padre, Jake (Colin Farrell); la madre, Kyra (Jodie Turner-Smith); la hija adoptada, Mika, de unos 10 años; y otro hijo en la treintena con el nombre de Yang. Los hijos son asiáticos.

AFTER YANG

Pronto descubrimos que Yang es un robot de apariencia humana (algo similar a los replicantes de Blade Runner), un “tecno cultural” utilizado en las adopciones y el aprendizaje de idiomas. Jake y Kyra, como ambos trabajaban fuera de casa, compraron a este ayudante para que cuidara de la niña y le enseñara datos y nociones de sus orígenes chinos. 

Apenas han transcurrido unos minutos de este comienzo donde una familia está en armonía y conversa de buen grado en las cenas e incluso participa en un concurso de baile para familias de cuatro miembros, cuando Yang se quiebra. Una noche se apaga y al día siguiente no se reinicia.

A partir de aquí confluyen dos películas, por así decirlo, puesto que Kogonada ha sabido hilar dos temáticas y solaparlas con finura. 

Por un lado están las pesquisas de Jake acudiendo a tiendas, talleres y museos donde estudian la tecnología, preguntando a unos y a otros cómo puede reparar a un robot con garantía, pero no comprado en la tienda original.

AFTER YANG

Alegoría del duelo

Como si fuese un detective amateur, Jake cierra a ratos su tienda de té y se dedica a recorrer la ciudad. Descubre así que en el núcleo interior de Yang hay un banco de memoria: una cámara le permitía grabar varios segundos diarios de vídeo. De esa manera Jake puede acceder a sus recuerdos.

Esto último entronca con la otra temática, y la más importante del filme: a partir de la desconexión de Yang, y aún más tras el visionado de los recuerdos familiares, la historia se convierte en una alegoría sobre el duelo. Sobre lo que significa estar perdiendo a alguien.

Los padres sólo cuentan con unas horas para arreglar a Yang: si no lo hacen pronto, se descompondrá. Igual que cualquier otro ser vivo. La familia se da cuenta de que el tecno se ha convertido en una parte esencial de sus vidas. Ha sido un hermano mayor perfecto para la niña y un hijo modélico para el matrimonio. 

En las escenas en las que el cuerpo de Yang permanece en las mesas de reparaciones, hay un paralelismo evidente con los cadáveres de la morgue. Durante toda la película, Mika ya no quiere ir al colegio. No acepta lo que sucede.

Por su parte, Jake (y aquí es magnífica la labor de Farrell) deambula por el largometraje con el rostro compungido, abatido: es la cara de quien tiene que decir adiós a un ser que le importa. Jake y Kyra, además, redescubren las imágenes familiares de los últimos 9 o 10 años. Mediante el banco de memoria Jake descubre que Yang conocía a una chica de la que nunca les habló, lo que significaría que ha adquirido rasgos humanos y cierto potencial romántico. 

El duelo: imágenes y fragmentos de memoria

Hay tres diálogos existenciales con Yang que constituyen lo mejor de la película, uno con cada miembro de la familia: 

A Mika, de la que se burlan en el colegio porque es adoptada, le muestra un huerto. Le explica que algunas ramas se desvían de su árbol original para juntarse con otras ramas. Son injertos para crear algo nuevo: igual que la rama, ella “forma parte del árbol familiar”.

Con Jake habla del té. Yang quiere saber si una taza de té puede contener el mundo. Si un sorbo de la infusión nos puede obligar a rememorar lugares y tiempos. Algo tan oriental como el té le sirve aquí al director para reflexionar sobre la esencia. La esencia de una bebida, pero también de las personas, que pueden dejar huella.

Con Kyra habla sobre si habrá algo tras la muerte. Yang cita a Lao Tsé: “Lo que para la oruga es el fin, para el resto del mundo es la mariposa”. Y la mujer pregunta: “¿Crees que el final también es un principio?”, pero el tecno no está programado para responder a eso.  

Estos elementos propios de la filosofía china (té, árbol, oruga, mariposa) conforman una película poética, minimalista, en sintonía con Her, Ex Machina, Inteligencia Artificial e incluso Blade Runner. Cuando perdemos a alguien, en seguida nos dedicamos a buscar imágenes y fragmentos de memoria para impedir que se vaya del todo. Buscamos respuestas y analizamos conversaciones. Para no dejarle ir. Esto lo sintetiza After Yang de manera ejemplar.  

Tags:
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