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El amor de Luis Rosales por la Navidad: cada año escribía un villancico a sus allegados 

MADONNA

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Vidal Arranz - publicado el 03/01/23

Acaba de editarse un disco con una selección de sus poemas navideños, musicalizados por Santiago Gómez Valverde, e interpretados por voces como Ana Corbel, Paco Ortega o Laura Granados

Cada año el poeta Luis Rosales -Premio Nacional de Poesía y de Ensayo, amén de Premio Cervantes, entre otros galardones- escribía un villancico que enviaba como postal navideña a sus allegados, acompañado por un dibujo de su amigo Pepe Escassi. 

Lo hizo durante cuatro décadas, en un gesto que revela el profundo amor que el autor de «La casa encendida» sentía hacia la Navidad. «Era un hombre muy creyente, y decía que lo que más le gustaba de su fe era que Dios hubiera decidido hacerse hombre. Y eso se concretaba en la Navidad», explica su hijo Luis Rosales Fouz. 

Pero también era amante de la música, y, en estas fechas, ambas pasiones han confluido proverbialmente en un proyecto original emocionante: acaba de publicarse un disco que musicaliza diez de los villancicos compuestos en vida por el escritor granadino, de cuya muerte se cumplieron treinta años en octubre.

El trabajo está capitaneado por el también poeta y músico Santiago Gómez Valverde, que ya había convertido en canción algún otro poema de Rosales para su serie de discos ‘La palabra y el tiempo’. En este proyecto, además, cuenta con las voces de intérpretes como Ana Corbel, ahora célebre tras su paso por ‘La Voz’, Laura Granados, Paco Ortega o Isabel Montero.  

«Estoy feliz porque ha quedado muy bien, muy digno», explica Rosales Fouz, que acariciaba la idea de hacer un disco como el que finalmente acaba de editarse desde hace años, si bien fue el contacto con Gómez Valverde el que lo hizo posible.

«Es un disco modesto. No tenemos ninguna discográfica potente detrás», añade el hijo del poeta, como si pudiéramos concebir, en los tiempos que corren, que una discográfica importante se hubiera atrevido a editar una obra semejante. «Lo hemos ido haciendo poco a poco y ahora estamos en la fase de difundirlo».

VILLANCICOS

Un proyecto contracultural -o quizás sería mejor decir netamente cultural- en el que se han involucrado el productor Paco Ortega y el arreglista David Torrico. 

«La música les da a los villancicos de mi padre algo que no tenían y, además, les permite llegar a otro tipo de público».

La apuesta musical va más allá de la sonoridad de los villancicos tradicionales, en busca de referencias más renovadas.

Pero, por encima de todo, resaltan las letras. Unas letras que conectan con la vibración popular, y con la sencillez que se espera del género, pero sin eludir la hondura de la mirada.

En ‘Villancico de la falta de fe’, se lamenta de que «la estrella es tan clara que / no todo el mundo la ve». Inicialmente parece referirse a la estrella de Belén, pues el poema incluye referencias al portal de Belén y los Reyes Magos, pero, a medida que avanzan los versos, vemos que la estrella es una metáfora de la presencia de Dios en el mundo, lo que se hace explícito en el párrafo final: «Pasan años y los hombres / siguen padeciendo sed, / la estrella sigue en el cielo / sólo muy pocos la ven».

En ‘Luz caminante’ el poema toma la forma de nana dirigida al niño Jesús, como si se la cantara la Virgen María. Y aunque todo en el poema alude al carácter divino de ese bebé, el remate final lo recoloca en su condición más tiernamente humana: «A la nana, nanita, ea / mi niño se ha dormido / ¡bendito sea!».

En ‘Canción del hombre que lloraba para aprender a rezar’ el poeta nos confronta con nuestra propia impotencia a la hora de dirigirnos a Dios: no sabemos cómo hacerlo, las palabras parecen torpes, incapaces de expresar lo que quisiéramos.

«No sé rezar, pero sé / que tú me escuchas, y rezas / estas palabras sencillas, / inermes y verdaderas. / No sé nada, Señor, nada / más que Tu nombre, y quisiera / decir que sí, que has venido / al mundo y es Nochebuena, / y es noche de sol, y es noche / con algo nuestro que empieza, / – ¡no sé cómo! – en este llanto / de un niño sobre la tierra». 

La producción poética de Rosales en torno a la religión y la Navidad se inició muy pronto. Ya en 1940 publica su ‘Retablo sacro sobre el nacimiento del señor’ que vería una nueva versión ampliada en 1964 en la que incluyó ya una veintena de los poemas navideños de carácter privado que había ido escribiendo hasta entonces. Están sin publicar, sin embargo, los que concibió entre 1964 y 1984 cuando un ictus le obligo a dejar la escritura.

«Sería bueno hacer una edición completa de toda esta obra centrada en los villancicos», reconoce Rosales Fouz, que ejerce como promotor del legado de su padre. Pero el mundo editorial es extraño.

«Hace unos años me dijeron que habían elegido ‘La casa encendida’ como texto de referencia en educación secundaria, pero pocos meses después me llamaron para decirme que habían tenido que rectificar, porque los alumnos no encontraban el libro». Hoy sí existe una buena edición de esta obra, pero no del ‘Retablo’, ni en su versión original ni en la ampliada.

«Mi padre era muy católico. Creció en la religión y ahí siguió hasta el final. Pero el gusto por la Navidad no sólo viene de ahí, sino también de la afición de sus padres, mis abuelos, por el belenismo», explica Rosales Fouz. «Montaban un belén monumental en su casa de Granada que podía visitar todo el que quisiera porque estaba abierto al público». 

Muchos aspectos importantes de la vida del célebre poeta estuvieron también relacionados con la religión. Así, por ejemplo, la quema de iglesias por parte de los republicanos decidió su alineamiento con el bando nacional, pues, aunque había en su familia varios falangistas destacados, él no se afilió al partido de José Antonio hasta meses después de iniciarse la Guerra Civil.

Su compromiso personal con la reconciliación, y con un clima de libertad y tolerancia democráticos, se inició, antes incluso de terminar la guerra, en parte por influencia eclesiástica, y se canalizó a través del ‘Grupo de Burgos’, un grupo de creadores e intelectuales que fue reunido en esta ciudad castellana, sede del bando nacional, por el poeta soriano Dionisio Ridruejo, por entonces responsable cultural del Movimiento, pero hombre de mente abierta que terminaría frontalmente enfrentado con el régimen franquista y reprimido por él.

Del ‘Grupo de Burgos’ formaban parte también el filósofo Pedro Laín Entralgo, el novelista Gonzalo Torrente Ballester, el lingüista e historiador Antonio Tovar, el poeta y arquitecto Luis Felipe Vivanco, y el jurista Rodrigo Uría.

Bajo la dirección de Ridruejo, impulsaron la revista ‘Escorial’, en la que rescataron la obra de poetas republicanos, guiados por un espíritu de reconciliación. 

El mismo Rosales publicó ‘La voz de los muertos’ en el diario ‘Patria’, en 1937, en plena guerra. En aquel texto se lamentaba la tragedia del conflicto civil y no se distinguía entre los muertos de un bando o de otro, lo que no gustó a los responsables del Movimiento, que destituyeron al director de la publicación.

«La religiosidad de mi padre fue muy interiorizada», recuerda Rosales Fouz, «pero siempre estuvo muy ligada a lo humano». El disco de villancicos que acaba de publicarse es una buena oportunidad de descubrirlo. Y estas fechas son una excelente ocasión para disfrutarlo.

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