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5 claves del Papa para trazar juntos caminos de paz en 2023

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Antoine Mekary | ALETEIA

Ary Waldir Ramos Díaz - publicado el 16/12/22

Una nueva guerra «azote» para la humanidad, en parte comparable a la guerra al COVID-19. «Nadie puede salvarse solo». Mensaje del Papa Francisco para la 56 Jornada Mundial de la Paz

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El papa Francisco afirma que la guerra en Ucrania fue impulsada «por decisiones humanas reprobables». Señaló que «fuimos testigos del inicio de otro azote: una nueva guerra, en parte comparable a la del COVID-19». 

«Nadie puede salvarse solo. Recomenzar desde el COVID-19 para trazar juntos caminos de paz». Así tituló su Mensaje, el Papa Francisco para la 56 Jornada Mundial de la Paz, que se celebrará el próximo 1 de enero de 2023. 

Se trata de los anhelos de Paz para un mundo que vive ‘la tercera guerra mundial a pedazos’. La familia humana aturdida aún por la pandemia y que se olvida de los necesitados; los que sufren de hambre de pan y justicia. Es la visión de una humanidad que no aprendió todas las lecciones dejadas por la pandemia causada por el covid-19. 

«Pensemos, por ejemplo, en los millones de trabajadores informales de muchas partes del mundo, a los que se dejó sin empleo y sin ningún apoyo durante todo el confinamiento». Lo escribió en el mensaje publicado este 16 de diciembre de 2022, pero firmado por el Papa Francisco el pasado 8 de diciembre.

La guerra no es solo en Ucrania, falta trigo y alimentos 

El Papa realizó una radiografía del momento histórico presente y analizó los desafíos de cara al año 2023:

«La guerra en Ucrania se cobra víctimas inocentes y propaga la inseguridad» de forma «indiscriminada hacia todo el mundo». 

El Papa piensa en los efectos de la guerra a nivel global: «basta pensar en la escasez de trigo y los precios del combustible». 

«Ciertamente, esta no es la era post-COVID que esperábamos o preveíamos», admite. 

«De hecho, esta guerra, junto con los demás conflictos en todo el planeta, representa una derrota para la humanidad». 

«Aunque se ha encontrado una vacuna contra el COVID-19, aún no se han encontrado soluciones adecuadas para la guerra», lamentó. 

«Ciertamente, el virus de la guerra es más difícil de vencer que los que afectan al organismo, porque no procede del exterior, sino del interior del corazón humano, corrompido por el pecado».

Un mensaje duro, pero esperanzador para que la humanidad no siga caída en sus miserias y sin memoria. Francisco entregará este texto a cada jefe de estado o personalidad internacional que visitará el Vaticano en el 2023. 

1Mantener el corazón abierto ante la injusticia y el sufrimiento 

La voz del Papa para sensibilizar a los líderes,  a los fieles y la sociedad en general, usando las palabras del apóstol Pablo: «Nadie puede salvarse solo». 

«Es una invitación a permanecer despiertos, a no encerrarnos en el miedo, el dolor o la resignación, a no ceder a la distracción, a no desanimarnos, sino a ser como centinelas capaces de velar y distinguir las primeras luces del alba, especialmente en las horas más oscuras». 

Por eso, en su mensaje por la paz 2023, el Papa instó a que aunque «los acontecimientos de nuestra existencia parezcan tan trágicos y nos sintamos empujados al túnel oscuro y difícil de la injusticia y el sufrimiento, estamos llamados a mantener el corazón abierto a la esperanza». 

El Papa pide confiar en Dios que se hace presente en cada momento histórico, «nos acompaña con ternura, nos sostiene en la fatiga y, sobre todo, orienta nuestro camino».

2Recordar las contradicciones y desigualdades sacadas a relucir por el COVID-19

«El COVID-19 nos arrastró en medio de la noche», escribe Francisco. También señaló que la pandemia pasó «desestabilizando» el mundo, a las personas, incluso «perturbando» las sociedades más privilegiadas»

Asimismo, lamentó la muerte de «tantos hermanos y hermanas nuestros». El Obispo de Roma recordó el mundo sanitario que se movilizó para «aliviar el dolor de tantos y tratar de ponerle remedio», al igual que las autoridades políticas, que tuvieron que «tomar medidas dramáticas».

En su mensaje, rememoró que el COVID-19 provocó efectos indeseables en los «corazones de muchas personas y familias», con secuelas a tener en cuenta, «alimentadas por largos períodos de aislamiento y diversas restricciones de la libertad.». 

El Papa pide no olvidar cómo la pandemia ha sacado «a relucir contradicciones y desigualdades». En especial, señaló la «seguridad laboral de muchos», el dolor de los trabajadores informales y «la soledad» en nuestras sociedades, «sobre todo la de los más débiles y la de los pobres». 

Todas estas situaciones, entre sentimientos de «derrota y amargura», para los individuos y la sociedad «debilita los esfuerzos dedicados a la paz y provoca conflictos sociales, frustración y violencia de todo tipo». 

En este sentido, afirmó, «la pandemia parece haber sacudido incluso las zonas más pacíficas de nuestro mundo, haciendo aflorar innumerables carencias», anotó. 

3 Es tiempo para cuestionarnos, aprender, crecer y dejarnos transformar

Transcurridos tres años, ha llegado el momento – según el Papa – «de aprender, crecer y dejarnos transformar —de forma personal y comunitaria—; un tiempo privilegiado para prepararnos al “día del Señor”.» Y vuelve a insistir «que de los momentos de crisis nunca se sale igual: de ellos salimos mejores o peores».

Por eso, pregunta: «¿Qué nuevos caminos debemos emprender para liberarnos de las cadenas de nuestros viejos hábitos, para estar mejor preparados, para atrevernos con lo nuevo? ¿Qué señales de vida y esperanza podemos aprovechar para seguir adelante e intentar hacer de nuestro mundo un lugar mejor?». 

Francisco explicó que «todos nos necesitamos». Así señaló que «nuestro mayor tesoro» «es la fraternidad humana». Por tanto, «es urgente» promover «los valores universales». 

Luego la crítica mordaz a racionalismo tecnológico: «También hemos aprendido que la fe depositada en el progreso, la tecnología y los efectos de la globalización no sólo ha sido excesiva, sino que se ha convertido en una intoxicación individualista e idolátrica».

Por ende, reiteró en la «deseada garantía de justicia, armonía y paz». Y señaló que «desequilibrio, injusticia, pobreza y marginación alimentan el malestar y los conflictos». Por supuesto, todo ello genera «violencia e incluso guerras».

Por otro lado, indicó algunas cosas positivas de esta pandemia: «hemos logrado hacer descubrimientos positivos: un beneficioso retorno a la humildad; una reducción de ciertas pretensiones consumistas; un renovado sentido de la solidaridad que nos anima a salir de nuestro egoísmo».

Invita a poner la palabra “juntos” en el centro. En efecto, «es juntos, en la fraternidad y la solidaridad, que podemos construir la paz, garantizar la justicia y superar los acontecimientos más dolorosos».

4No terminamos de aprender sobre la pandemia, ahora la guerra. 

Tras la pandemia, el Papa, señala que «fuimos testigos del inicio de otro azote: una nueva guerra, en parte comparable a la del COVID-19, pero impulsada por decisiones humanas reprobables». 

«La guerra en Ucrania se cobra víctimas inocentes y propaga la inseguridad, no sólo entre los directamente afectados, sino de forma generalizada e indiscriminada hacia todo el mundo; también afecta a quienes, incluso a miles de kilómetros de distancia, sufren sus efectos colaterales —basta pensar en la escasez de trigo y los precios del combustible—.»

«Ciertamente, esta no es la era post-COVID que esperábamos o preveíamos. De hecho, esta guerra, junto con los demás conflictos en todo el planeta, representa una derrota para la humanidad en su conjunto y no sólo para las partes directamente implicadas. 

Aunque se ha encontrado una vacuna contra el COVID-19, aún no se han encontrado soluciones adecuadas para la guerra. Ciertamente, el virus de la guerra es más difícil de vencer que los que afectan al organismo, porque no procede del exterior, sino del interior del corazón humano, corrompido por el pecado (cf. Evangelio de Marcos 7,17-23)».

5Dejarnos cambiar el corazón por la emergencia

El Papa exhorta a «dejarnos cambiar el corazón por la emergencia que hemos vivido, es decir, permitir que Dios transforme nuestros criterios habituales de interpretación del mundo». 

Salir de «nuestros intereses personales o nacionales», invitó. Dejar entrar la «luz del bien común», volver a pensar en el «nosotros» abierto a la fraternidad universal. No buscar «protegernos a nosotros mismos; es hora de que todos nos comprometamos con la sanación de nuestra sociedad y nuestro planeta». Esto es crear las bases «para un mundo más justo y pacífico». 

En este contexto, insiste en no olvidar «las diversas crisis morales, sociales, políticas y económicas». Pues, todas estas crisis «están todas interconectadas». Afrontar los retos con «responsabilidad y compasión». 

Invitó a garantizar «la sanidad pública para todos; promover acciones de paz para poner fin a los conflictos y guerras que siguen generando víctimas y pobreza» 

Igualmente, pidió «hacer frente al cambio climático; luchar contra el virus de la desigualdad y garantizar la alimentación y un trabajo digno para todos, apoyando a quienes ni siquiera tienen un salario mínimo y atraviesan grandes dificultades». 

«El escándalo de los pueblos hambrientos nos duele». Insistió en desarrollar políticas adecuadas, para ayudar a los migrantes y los descartados en nuestras sociedades. 

Así el Papa concluyó sus reflexiones a la espera que «en el nuevo año podamos caminar juntos, atesorando lo que la historia puede enseñarnos». Además, expresó sus mejores deseos «a los jefes de Estado y de gobierno, a los directores de las organizaciones internacionales y a los líderes de las diferentes religiones».

«A todos los hombres y mujeres de buena voluntad, les deseo un feliz año, en el que puedan construir, día a día, como artesanos, la paz. Que María Inmaculada, Madre de Jesús y Reina de la Paz, interceda por nosotros y por el mundo entero.», concluyó.  

Leer el mensaje completo aquí

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