La habitual maestría y profundidad de Jane Austen aparece realzada en Persuasión (1818), su obra póstuma, llevada al cine, como varias de la autora
Suele oírse que basta con desear algo con suficiente fuerza para que ocurra. Llevándolo al caso concreto del enamoramiento, Jane Austen (1775-1817) lo reformula así: "Seguramente, si nuestro afecto es mutuo, nuestros corazones se entenderán" para dejar inmediata constancia de su sensatez y realismo al considerarlo "argumento poco razonable".
Pensar que el cosmos o, simplemente, la gente con la que coincidimos esté empeñada en que nuestros proyectos se realicen, no es realista. No siempre ocurren así las cosas; ese apegamiento a los propios deseos desconectado de la realidad es pura inmadurez, y abona una actitud resentida ante un universo que se niega a conceder lo es tan tenazmente deseado.












