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Sinaí, la red de enfermos y monasterios creada por un periodista

LOLO

Amigos de Lolo, Courtesy

El beato Lolo, durante una peregrinación a Lourdes en 1951

Matilde Latorre - publicado el 01/12/22

El primer profesional de la información declarado beato, Manuel Lozano Garrido ("Lolo"), dejó una herencia que todavía hoy perdura: grupos de personas enfermas y comunidades monásticas unidos en oración por la labor de los comunicadores. Revelaciones del sacerdote Rafael Higueras Álamo, quien vio morir a Lolo entre sus brazos

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El beato Manuel Lozano Garrido, conocido mundialmente como «Lolo» (1920-1971), ha pasado a la historia por haber roto esquemas. No solo ha sido el primer periodista profesional de la historia de la Iglesia proclamado beato, en 2010. También ha dejado como herencia espiritual Sinaí, grupos de enfermos y comunidades monásticas que rezan por los comunicadores cristianos.

Más de 51 años después del fallecimiento de este periodista de Linares (Jaén), estos grupos de oración siguen en vida, no solo gracias a la intercesión del beato, sino también al esfuerzo incansable del sacerdote Rafael Higueras Álamo, quien le vio morir entre sus brazos.

El padre Rafael, de hecho, acompañó como sacerdote a Lolo los nueve años finales de su vida, cuando ya se encontraba paralizado y ciego. Lolo, miembro de la Acción Católica, fue un reconocido periodista, autor de nueve libros, y escribió centenares de artículos en importantes medios informativos de España, como Prensa Asociada. 

El padre Rafael ha sido deán de la Catedral de Jaén y vicario judicial del obispado, así como consiliario de la asociación promotora de la causa de beatificación de Lolo, Amigos de Lolo

– Lolo tuvo una idea pionera: rezar por sus compañeros periodistas junto con los monasterios y enfermos. ¿Cómo surge Sinaí, «grupos de oración por la prensa»??

El origen tuvo lugar a los pies de la Virgen de Lourdes, en el año 1958. Él todavía no estaba ciego, no estaba tan anquilosado su cuerpo y en esta peregrinación de enfermo, a la cual llegó con mucho trabajo y mucho dolor, vivió una escena preciosa.

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Lucy, Lolo y Rafael Higueras

Dado que por la parálisis estaba obligado a bajar la mirada, por tener la cabeza muy inclinada, su hermana Lucy le puso sobre las rodillas un espejo que le permitió ver la imagen de la Virgen. Cuando su hermana le quito el espejo, el rostro de Lolo estaba lleno de lágrimas.

Él mismo lo contó en la crónica que escribiría de aquella peregrinación en la revista de la Juventud de Acción Católica de Linares. 

Al volver de Lourdes, en el andén de tren de Atocha, se encuentra con algunos de los periodistas que entonces andaban creando PPC (Propaganda Popular Católica) y a partir de ese momento surge en Lolo la idea de crear esta obra, «Sinaí, Grupos de oración por la prensa». Ese encuentro se convirtió en una alianza de oración. Él tenía una red impresionante de teléfono y correo postal, sin redes sociales, capaz de enlazar monasterios, enfermos y periodistas. 

Se montó un grupo de un monasterio contemplativo masculino o femenino, doce enfermos, que pedían por un periodista o por un equipo de periodistas o por un órgano de información. Había nacido Sinaí.

– ¿Cómo era Lolo?

La vocación de periodista desde niño estaba presente. Trabajaba de auxiliar, en un comercio de tejidos, y escribía sus primeros artículos, en los papeles de las facturas y de los albaranes. La prueba de que él era periodista de raza es la oración, que escribe por los periodistas y el decálogo de los periodistas. Todos sus artículos, cerca de 900, se encuentran en la web de la asociación amigosdelolo.com.

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Lucy, escribiendo al dictado de su hermano

Era un hombre alegre. Compartía su alegría. Era un periodista de vocación. Un periodista de buena noticia. Un periodista alegre en su vida y en sus escritos, lo cual no quita que denunciara problemas sociales, como el de la minería de Linares.

Tenía cuatro debilidades: la devoción eucarística, la devoción mariana y la prensa, y los más necesitados. Su vida prueba que no paraba de ayudar. Desde su medio metro de sillón, actuaba como el mejor agente social. A su casa iba todo el mundo, desde el minero, hasta empresarios, pasando por escritores, analfabetos, jóvenes, mayores… 

Él era una antena receptora y emisora. Si uno venía buscando trabajo, le conectaba con quien tenía una empresa. A todos les decía: «vete y di que vas de parte mía». Era un hombre en una silla de ruedas, ciego, paralítico total, dependiente en todo, hasta de comer. Pero lleno de vida.

Además de sus libros, Lolo escribió para periódicos como el Diario de Jaén, Signo, el ABC, Ya o Vida Nueva. Tenemos catalogados diez grupos de periódicos para los que escribió más de 900 artículos. 

– ¿Cómo se estructura Sinaí? ¿Cómo evoluciona ahora Sinaí?

A este grupo de oración  de los monasterios con los enfermos le bautizó «Sinaí», por el capítulo 17 del libro del Éxodo, cuando Moisés sube al Monte Sinaí. Mientras tenía los brazos levantados, Israel ganaba en la batalla. Josué tuvo que sostenerle los brazos levantados, para que no se cansara. De este modo, podía seguir venciendo Israel. Él decía, mientras haya enfermos y monasterios que recen por los periodistas, el Evangelio será predicado con fuerza por los periodistas.

Tras esa peregrinación a Lourdes y su encuentro en la estación con compañeros periodistas, empezaron a surgir estos grupos de oración. A su muerte, eran unos cuarenta o cincuenta. Un grupo está constituido por un monasterio y dos enfermos, que rezan por un periódico, periodista o medio de comunicación. Ahora mismo tenemos 56 monasterios.

Lolo, tenía claro el poder de la oración, y nadie mejor que los conventos contemplativos para este cometido.

– Usted pasó los últimos nueve años de la vida de Lolo a su lado. ¿Cómo fue esa experiencia?

No solo el beato es el amigo con el que pasé nueve años. Yo daba clase en un instituto, un bachillerato situado a unos metros de su casa. Cuando había una hora libre, por ejemplo, los jueves por la tarde, me llevaba a los alumnos a su casa. Los sentaba en el suelo para que la clase que tenían vacante fuera ocupada por Lolo, con su testimonio. De allí salieron muchas parejas que casaron. De ahí salió alguna que otra vocación.

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Beatificación de Lolo, 12 de junio de 2010

Viví una de las gracias de Dios más grandes: el momento de su muerte. Recuerdo que estaba en la calle y en la puerta del hospital de Linares, salió su médico en el coche muy deprisa y me dijo: “se nos está muriendo Lolo”. Por eso, pude estar con él justo en los momentos finales de su vida. Le di la absolución. Rezamos el Padrenuestro. Lo fue rezando conmigo y el Avemaría. Así murió.

Eran las 15:00 de la tarde del 3 de noviembre de 1971. Lolo tenía una gran devoción eucarística. Los jueves siempre le llevaba la Eucaristía. El resto de los días de la semana, nos organizábamos los sacerdotes de Linares para llevársela, pues era su gozo y su alegría oír la misa, sobre todo si se la podíamos celebrar allí, en su habitación.

Hay una anécdota maravillosa, que sucedió, en la primera de todas las misas, que se celebró en su casa. Cuando estaba la mesa preparada del altar, le dijo a Lucy, su hermana, que trajera la máquina de escribir y la pusiera debajo del altar improvisado. Todos pensamos: «¡este hombre está loco!». Él quería, que las raíces de la Cruz se claven en las teclas de su máquina de escribir para que todo lo que escribiera fuera para gloria de Dios.

Era un alma de oración, un místico. Recuerdo uno de sus escritos, dedicado a las siete palabras de Cristo en la Cruz. Pone en labios del mismo Jesús las palabras que pudo sentir en ese momento, en particular las dedicadas a la Virgen María. ¡Una preciosidad!

Dejaba el balcón abierto de su habitación, porque en frente, a veinte metros de su casa estaba una capilla. Si abrían el portón, podía ver el Sagrario. Se pasaba la hora mirando y hablando con el Señor, incluso escribiendo sus propias reflexiones en esos momentos.

– ¿Qué es lo más destacable de la vida de Lucy, la hermana de Lolo, con Lolo?

Lucy, era todo para Lolo, tendríamos que haber hecho el proceso de beatificación simultáneo, pero no podía hacerse, porque todavía vivía. Yo creo que la beatificación de Lolo, aunque Lucy vivía, era también un poco su beatificación. Lolo describe el retrato espiritual de Lucy en el libro Las estrellas se ven de noche, un libro póstumo. Es el diario de la vida de Lolo. 

En uno de los tres tomos, es posible leer este diálogo: 

  • Lolo: «Estoy desahuciado y por eso me mandan al pueblo».
  • Lucy: «Yo te daré mi fuerza y mi ayuda de chica joven».
  • Lolo: «Ya nunca he de poder caminar».
  • Lucy: «Contigo recorreré yo todos los senderos y atajos del mundo».
  • Lolo: «No veo».
  • Lucy: «Toma en las pupilas hasta esta luz de ni nombre que te doy».
  • Lolo: «Qué duro el silencio de este cuarto».
  • Lucy: «Yo me haré caracola con que recogerte los ecos del mundo».
  • Lolo: «¡Cuánta desolación en el pensamiento de la muerte!».
  • Lucy: «¿Pero es que no sientes ya en tu corazón las raíces y la savia del árbol de mi vida?»

Lo más grande de la vida de Lucy es su silencio, como si no hubiera hecho nada, como la Virgen. Ella era archivo viviente de la memoria de Lolo. Ella era su boca, sus manos, sus pies…  Después de la muerte de Lolo, ver a Lucy era vivir el recuerdo de lo que había sido Lolo. Desde los dieciséis años se dedicó exclusivamente a cuidar de Lolo.

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Lolo atendiendo a visitas en su casa

– ¿Cómo y cuándo se inicia el proceso de beatificación de Lolo?

Se inicia, en año 1994. Era el centenario de la fundación de la parroquia de San Francisco de Linares. Se habían organizado muchos actos por parte de los miembros de la Acción Católica, que desde el año 1930 había surgió en esa parroquia.  Me acuerdo que les hice una pregunta: «¿Queréis que empecemos el proceso de beatificación de Lolo?».

Repartimos un papel para que pusieran su nombre, sus señas, y si quería o no que empezásemos el proceso. Se les preguntaba también a cuánto se comprometían para colaborar con los gastos que pudieran ir surgiendo. La verdad es que no sé cómo lo pudimos hacer. Yo creo que era esa cosa Dios, que me iba diciendo: «venga, ahora toca este botón. Ahora toca éste. Y ahora el otro». 

En abril de 1994, se clausuró la primera etapa del proceso Diocesano. Ese día, pusimos una placa en la puerta de su casa, donde nació. En el año 2010, fue su beatificación. Durante el proceso fui 98 veces a Roma. 

En el año 2020, se cumplió el centenario de su nacimiento. Lo celebramos, en Jaén, gracias al obispo don Amadeo, el anterior obispo. Vino una cantidad impresionante de gente a los actos. Participaron desde niños hasta monasterios, y por supuesto periodistas. El día 3 de noviembre, hemos celebrado la festividad del beato Lolo, que coincide con el día de su muerte y de su nacimiento al cielo.

Si desea más información sobre la vida y labor de Sinaí, puede escribir al email hola@amigosdelolo.com seguirles en la web amigosdelolo.com o en sus redes sociales:

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