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«Los monasterios, laboratorios de ecología integral»

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Maria Elisa Rol - Shutterstock

Monje trabajando en el jardín del convento

Laurent Ottavi - publicado el 17/11/22

Entrevista con la historiadora Nathalie de Kaniv, autora de un libro que revela cómo la experiencia de más de quince siglos de los monjes cristianos en el respeto del ambiente puede inspirar la conversión ecológica

Los monasterios inspiran la conversión ecológica que hoy necesita el mundo. A esta conclusión llega el libro publicado por la historiadora Nathalie de Kaniv, en colaboración con el sacerdote François You, abad del monasterio de Nuestra Señora de Maylis, en Francia. 

El volumen recoge testimonios y reflexiones de una veintena de monasterios, muy variados en sus sensibilidades, sobre la cuestión ecológica. En sus páginas, se puede comprender cómo la tradición monástica puede ayudarnos a redescubrir nuestra relación con Dios, con los demás, con la naturaleza y con nosotros mismos. Que son los cuatro componentes de la ecología integral. 

En esta entrevista, Nathalie de Kaniv explica las lecciones que saca en el libro «Ecología integral en el corazón de los monasterios, un arte de vivir». Publicado en Francia por Parole et silence.

Aleteia: ¿La encíclica Laudato si’ del Papa Francisco sobre el cuidado de la casa común ha desencadenado un movimiento de ecología integral en los monasterios? ¿No era algo que los monasterios vivían ya desde hace siglos?

Cuando se lee la Regla de San Benito, se percibe claramente un clima de ecología integral que abarca todo el texto fundacional de la vida monástica. 

Los valores de la Laudato Si’

San Benito habla del monasterio como la «casa de Dios» y a lo largo de los capítulos de su Regla evoca los mismos valores que preocupan a Laudato si’. Aunque la encíclica no menciona en ningún momento este vínculo con san Benito. 

Entre los principales llamamientos de ambos textos, podríamos mencionar la vida bajo la mirada de Dios, la feliz sobriedad, el vínculo con el ritmo de la naturaleza, la atención al otro y la relación con los más pequeños, el clima fraterno de responsabilidad común por la casa de Dios, la atención a la realidad. Y, finalmente, el hecho de que todo está vinculado, concepto clave en Laudato si’

La encíclica también se refiere a menudo al tema del diálogo, que ya está en el centro de la escuela del servicio del Señor, como san Benito define a un monasterio. 

La Regla de San Benito está impregnada del concepto de ecología integral, quince siglos antes de la encíclica Laudato si’.

En consecuencia, la Regla está impregnada del concepto de ecología integral preconizado quince siglos después por la encíclica. Desde el principio, esta preocupación ha estado presente en la vida monástica.

Sin embargo, con la evolución de la sociedad y el progreso técnico, los monasterios se han dejado llevar a veces por el clima de consumismo y abundancia que les rodea. El muro que separa al monasterio del mundo exterior es poroso. Es natural absorber ciertas tendencias sociales que pueden repercutir en el ritmo de vida más sencillo y natural que se propugna en el monasterio. La llegada de Laudato si’ ha despertado las conciencias de muchas comunidades. 

Hacia una ecología integral

Había ya casos de monasterios pioneros en este campo. En una comunidad como la abadía de La Pierre-Qui-Vire, desde mediados del siglo XX, los monjes eran sensibles a la ecología de las plantas y los animales. Construyeron una central hidroeléctrica para producir su propia electricidad y desarrollaron una granja ecológica. Sin embargo, la encíclica ha vinculado aún más la experiencia de la ecología ambiental con su extensión a la vida comunitaria.

– ¿De qué manera los monjes son hoy actores importantes en la ecología integral? ¿Puede ponernos algún ejemplo?

Los monasterios son laboratorios de ecología integral en el sentido de que todas las actividades se viven en el lugar y tienen un impacto mutuo: trabajo, descanso, oración, belleza del entorno. Además, viven en una relación permanente entre el interior de la comunidad y el mundo exterior, ya sea la producción, la venta, la distribución, la promoción o el intercambio con otras comunidades. 

Desde la publicación de Laudato si’, muchos monasterios han asumido la gestión de un huerto y algunos han recurrido a la permacultura. Como parte de la tradición monástica del arte de vivir, el huerto ha encontrado su lugar en la vida monástica. Y se ha convertido en un lugar de relación con la naturaleza, pero también con los demás.

A menudo se llama a los laicos y a los expertos para que ayuden a cultivarla. El huerto también atrae a los amigos que lo visitan. Lo que a menudo da lugar a maravillosas discusiones sobre el cultivo de las plantas, las estaciones y la riqueza que aporta este lugar que parece tan sencillo. 

Mucho más que «tiendas ecológicas»

Se ha pensado mucho en las tiendas monásticas para que no se reduzcan a ser un lugar de venta, sino que se conviertan en un lugar de relación con los compradores que experimentan su primer contacto con la vida monástica. Cada vez más, los empleados que trabajan para la abadía participan en las decisiones. Y se hace más frecuente el trabajo con expertos laicos para asesorar a los dirigentes en la organización material de la comunidad.  

En la Abadía de Maylis, por ejemplo, para salvar y proteger su planta desintoxicante, se desarrolló toda una red de relaciones con expertos, agrónomos, ingenieros, ornitólogos, laboratorios de producción, expertos en marketing, etc. Esta red nació de una necesidad concreta de salvar la planta, pero ha evolucionado hasta convertirse en un verdadero ecosistema con profundas relaciones de vecindad, en el que participan las autoridades locales o regionales.

Además, este viaje para devolver la vida a la planta, con sus fallos y aciertos, ha sensibilizado a la comunidad en torno a un objetivo común. Finalmente, gracias a este trabajo, los monjes han establecido vínculos con una asociación de trabajadores discapacitados que empaquetan la planta para su venta. 

Podría establecerse un paralelismo con la producción de cerveza en la abadía de Saint-Wandrille, donde los monjes se vieron obligados a buscar experiencia y formación fuera del monasterio. Luego, muy rápidamente, el proyecto llevó a una reorganización de la comunidad para llevar a cabo el proyecto. 

Estilo de vida monástico

– En su libro, destaca la capacidad de los monjes para unir los mundos espiritual y físico en materia de ecología, en lugar de oponerlos, como hacen muchos ecologistas. ¿Se trata de la verdadera contribución que pueden ofrecer hoy los monasterios?

En la vida monástica, todo está vinculado y es imposible separar lo espiritual de lo físico. Uno se refleja en el otro y le da forma. El trabajo se integra en la vida de oración y viceversa. En el mundo, la vida está más segmentada y compartimentada entre la vida familiar, la vida profesional, las amistades, la vida social…, y la vida espiritual, que con frecuencia queda reducida al ámbito privado.

El mundo monástico puede enseñarnos a unificar más nuestra vida y así encontrar serenidad, un centro, una orientación que implique todas las facetas de la vida. Esta es también la llamada de la ecología integral, que une las cuatro relaciones fundamentales en un todo: la relación con Dios, la relación con los demás, la relación con la naturaleza y la relación con uno mismo. 

Traducción de Matilde Latorre 

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