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Brasil: Las incógnitas de la nueva etapa política

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Wagner Vilas / Shutterstock

Luiz Inácio Lula da Silva,el 24 de septiembre de 2022.

Macky Arenas - publicado el 07/11/22

Luego de cada justa electoral quedan muchos interrogantes. La Iglesia brasileña parece tener las claves

No sólo Brasil estuvo en vilo por días, también el continente. Regresó Lula, batiendo récord de mandato en ese país. Costó que Bolsonaro asumiera que el presidente electo era Lula y llamara a sus huestes, apostadas en el dintel militar del país, a recogerse y descartar la violencia.

Dijo que se mantendrá leal a la constitución aunque aún debe el reconocimiento de la transparencia de la votación, lo que deja espacio a posteriores conflictos. Un estilo inaugurado por Trump.

Victoria cantada

No obstante, aunque muchos respiraron aliviados, el recurso de la violencia no está descartado en Brasil. Con mucha habilidad deberá moverse Lula para contar con los mínimos de gobernabilidad, habida cuenta de que, si bien ganó con indiscutible margen, no fue el esperado lo cual ha derivado en el control de las gobernaciones y el parlamento por un Bolsonaro que dista de haber quedado en la orfandad política.

Un batacazo fue su alta votación, sobre todo porque Lula, aún en el calabozo, hace 4 años y electo presidente Bolsonaro, una encuesta mostró que superaba por 14 puntos al presidente en ejercicio. Tenía la fuerza de un líder histórico. La de Lula Da Silva era una victoria cantada, por lo cual la verdadera sorpresa fue la votación de Bolsonaro.

En la segunda vuelta, sin la ventaja que señalaban algunos pero un 1.8% , unos 2 millones de votos por encima de su contendor y candidato a la reelección, el éxito electoral de Lula es indudable. Pronto, los gobiernos de otros países comenzaron a reconocerlo.

Aún así, Bolsonaro logró obtener casi 7 millones de votos por encima de la primera vuelta, mientras Lula sólo subió 3 millones de votos. «En todo caso –apunta el analista Leonardo Morales– los hechos nos revelan cómo se usa el poder y las instituciones del Estado en los procesos electorales. Eso es un debate que queda abierto».

Alfredo Coronil Hartmann, columnista frecuente en temas políticos, escribió: «Bolsonaro, en cualquier análisis serio, tuvo un inmenso éxito, ya lo fue el que forzara a Lula a una segunda vuelta y aun en el ballottage perder por una diferencia mínima lo confirmó. ¿La pregunta o la interrogante que surge ahora es si hay alguien en ese centro-derecha brasileña capaz de cohesionar y convertir en partido ese gran caudal electoral?»

La palabra clave de la Iglesia

Días antes de la elección, la Iglesia, en voz del obispo de Belo Horizonte, alertó acerca del odio, la intolerancia y la violencia. Enfáticamente, Mons. Walmor, también presidente de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil, pidió «acabar con los sentimientos que están contaminando el proceso electoral, dividiendo familias, rompiendo amistades».

El arzobispo recordó las situaciones que vienen ocurriendo en los últimos días, afirmando que «hasta los templos han sido profanados con sacerdotes al servicio del altar irrespetados, situaciones graves que revelan la ausencia de sentido crítico, una ciega idolatría de las personas, imposibilitando el correcto ejercicio de la ciudadanía».

Hubo varios sacerdotes, incluso obispos, que fueron atacados dentro de las iglesias por defender la democracia y a los pobres, incluso sin haber mencionado el nombre de ninguno de los candidatos.

Una vez consumada la elección, la Iglesia Católica fue la primera en lanzar su llamamiento en palabras que, por cierto, que no dejaban sombra de duda sobre la autenticidad de los resultados: «Ahora, todos, indistintamente, tienen que acompañar, exigir y supervisar a los que han conseguido el éxito en las urnas».

La ciudadanía no termina con la elección

El episcopado brasileño saludó «a los candidatos electos, a los diputados, a los senadores, a los gobernadores y al presidente de la República». Además, la CNBB declaró que «felicita al Tribunal Superior Electoral por su actuación en el celo de todo el proceso democrático«. Con ello, puso la pica en Flandes al adelantarse a posibles cuestionamientos que enrarecieron aún más el clima polarizado, con el fin de evitar la exacerbación de los ya fuertes enfrentamientos.

Pero los obispos señalaron algo más: «El ejercicio de la ciudadanía no termina con el fin del proceso electoral«, dirigiendo la mira al tiempo por venir. Tomando como referencia las palabras del Papa Francisco en la Encíclica Fratelli tutti, la Presidencia del episcopado brasileño pidió que «todos caminen unidos para la construcción de la mejor política, la que está al servicio del bien común».

«La conclusión de las elecciones de 2022 nos llama, aún más, a la reconciliación, imprescindible en el nuevo ciclo que ahora se inicia», señalaba un comunicado de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil; encomendando al país y a sus nuevos líderes a la Virgen de Aparecida, Reina y Patrona de Brasil.

Palabras que, ostensiblemente, contribuyeron a nivelar los ánimos y orientar la mirada de la gente hacia el futuro, desechando los anclajes en la violencia que caracterizó la campaña electoral.

La Agenda

Lula tiene prioridades en la agenda de gobierno marcadas por la realidad política y social del país. El desempleo, los salarios de los trabajadores, son esenciales. La pandemia y la guerra condujeron a una crisis económica de consideración en el mundo que tiene impacto en Brasil; y por ello los reclamos de los sectores laborales en el llamado «gigante del Sur».

«De manera tal que toca a Lula –precisa Morales- que viene del mundo laboral, buscar los mecanismos que permitan disminuir el desempleo y producir mejores ingresos para los trabajadores».

Otro tema es la selva amazónica, asunto por el que Bolsonaro ha sido señalado de actuar negligente e irresponsablemente en cuidar esa área tan importante del Estado brasileño, no sólo para su país, sino para la humanidad entera.

Un tercer aspecto es recuperar el prestigio de Itamaraty, la legendaria cancillería brasileña que debe reprogramar la política exterior de ese país. Son temas, sin duda, polémicos y que gravitan como brasas ardientes sobre el despacho presidencial.

Esperanza para el continente

El politólogo Daniel Santolo expresó su confianza en que para América Latina será ventajoso el gobierno de Lula. Incluso cree que puede ayudar a que la vecina Venezuela retome el cauce hacia la democracia.

«Lula tiene la auctoritas necesaria entre esa izquierda que nosotros llamamos democrática, para decirle a Maduro que se abra a la posibilidad de que hayan elecciones que sean reconocidas por el mundo. Eso le conviene al país y al propio gobierno. Lula tiene todo para convertirse en el nuevo líder suramericano. EEUU lo reconoció inmediatamente y eso envía un mensaje a todo el continente, especialmente hacia Venezuela que debe formalizar sus relaciones con el mundo».

Ciertamente, Lula tiene mucho que decirle al continente pues de él, en palabras de Santolo, «se puede decir cualquier cosa, pero es un demócrata comprobado. Luego del traspiés de las acusaciones de corrupción, el Tribunal Supremo de Brasil lo declaró totalmente inocente. Lo cierto es que es un luchador social de toda la vida, es su tercer período presidencial, respetó la alternabilidad cuando le tocó, es perseverante, sacó de la pobreza a muchos brasileños y, en una de las potencias económicas del mundo, quiere que el crecimiento macroeconómico se refleje en las bases sociales».

Grandes retos

La lucha de Lula recién comienza al ser elegido por un margen tan estrecho. Y los retos son de un tamaño inversamente proporcional a la estrechez de ese márgen. En el plano económico, consultamos a German Creamer, Stevens Institute of Technology, Columbia University. Esta es su apreciación:

«Los inversionistas internacionales confían que esta pequeña ventaja electoral, así como un congreso controlado por la oposición limite su tendencia izquierdista. Un punto importante a favor de Lula es su oferta de proteger la Amazonía y contrarrestar las políticas extractivas de Bolsonaro en esta región, y la posibilidad de crear un grupo internacional que incluya a Brasil, Indonesia y el Congo antes de la reunión de las NN. UU. del cambio climático en noviembre».

Y en relación a la inquietud por China, pues en el 2020, la tercera parte de las exportaciones brasileñas se destinaron a China mientras que solo el 10% a EE. UU., Creamer opina:

«Lula puede intentar revitalizar la relación diplomática con China como lo hizo en su segundo período que llevó a la formación del poderoso grupo de países emergentes BRIC. Sin embargo, las preguntas que pueden afectar al resto de Latinoamérica son cuál es su tolerancia al gobierno autoritario de Xi Jinping, y el balance entre sus ofertas ambientales y sociales, y las demandas alimenticias e industriales chinas que han llevado a la expansión agrícola y minera en la Amazonía».

No hay vuelta a la izquierda

Lo cierto es que los procesos electorales en el continente parecen estar demostrando que los cambios pueden hacerse por la vía pacífica, en democracia. Hasta ahora, sin todavía verse los resultados y en medio de grandes expectativas, ha ocurrido en Chile, Argentina, Bolivia, Colombia y ahora en Brasil. Hay quienes lo han interpretado como un regreso de las izquierdas.

Pero es el destacado analista político y social, el sacerdote jesuita Luis Ugalde, quien se ha encargado de poner puntos sobre las íes cuando se habla del péndulo regresando a la izquierda en Latinoamérica:

«Más bien está empezando el fracaso de la izquierda. Estamos viviendo dos fracasos, el de la izquierda y – para simplificar – el de la ultraderecha neoliberal. En otras palabras, es el fracaso de aquellos que sostienen que el mercado resuelve todo y que las políticas sociales están de más, caso típico, el Chile neoliberal. En cuanto a la izquierda, su fracaso está comenzando. Y en Perú llegó la izquierda y antes de los seis meses ya quieren a Castillo fuera. Todo lo que la izquierda necesita para fracasar es estar en el poder».

Analizando los casos, Ugalde pone de relieve algunos datos que resultan muy descriptivos:

«Antes de ganar, ya estaba Petro midiendo las palabras. De lo contrario, no dura seis meses. En contra de lo que dice la gente más pesimista, veo que Petro anda con pies de plomo. Ha puesto un ministro de Exteriores que es del partido Conservador; el de Hacienda es el hombre de más prestigio en Economía, que vive en Estados Unidos y al cual personalmente conozco, quien era del equipo adversario en las elecciones. Cualquiera que sea inteligente sabe que no le reporta nada arrimarse a Venezuela».

No más el Lula que fue

En cuanto a Brasil, bien antes del triunfo de Lula ya el jesuita y politólogo lo veía claro.

«Lula en Brasil tiene probabilidades altas de volver, pero no el Lula que fue. Por eso ha hecho alianzas con la centro-derecha y está convocando acuerdos nacionales. Aquí lo mismo. Imaginemos que mañana, por la razón que sea, desaparece este gobierno -el de Maduro-, no será uno de derecha el que lo va a sustituir. Si no hay capacidad para hacer un gobierno de centro-izquierda en Venezuela, será difícil avanzar. Aunque izquierda y derecha son palabras, ya no sirven para nada».

Coronil Hartmann, insospechable de ser simpatizante de Lula, vaticinó: «Los dos últimos gobiernos de Brasil han tenido una comprensiva y generosa actitud con nuestros migrantes y, aunque mis mejores deseos y oraciones por el resultado arrojado por las urnas el pasado domingo no haya sido el que yo deseaba, creo que Lula da Silva hará un gobierno diferente y mucho más equilibrado que el primero».

Estos gobiernos, cuyos líderes militaron en la izquierda, aún extrema, están llegando a acuerdos muy importantes con sectores, aún tradicionalmente opuestos, en favor de la gobernabilidad. Están aterrizando económicamente y ya navegan en aguas socialdemócratas. Sus políticas económicas están inclinadas hacia el bienestar social y eso es progresismo, que en nada se parece al socialismo. Han entendido que la pobreza hay que vencerla, no estimularla, y que nuestros países no superarán estos conflictos si ese objetivo no se logra. Algo está cambiando en América Latina

Panorama complicado

Así se pronostica el cuadro brasileño. Hay una suma de retos que deberá enfrentar Lula, entre ellos un parlamento contrario y una oposición que no descarta el uso de la violencia. No obstante, la campaña electoral, pese a la radicalización política, puso en claro la consistencia y madurez de la democracia de Brasil. El juez que acusó a Lula, Sergio Maza, luego ministro de Defensa, fue de los primeros en reconocer su triunfo y felicitarlo. Todo ello ofrece muestras claras de cómo en democracia se pueden procesar las diferencias, incluso siendo graves, sin mayores traumas.

Si bien es cierto que Lula ganó la presidencia de Brasil, la mayoría de los gobernadores serán de oposición, además de que el congreso será de Bolsonaro. Ganó por punto y medio. “Suena, nos dice un consultor, como que podría resultar en un buen gobierno porque le impedirán robar y hacer populismo barato… solo le quedará gobernar bien”.

La foto política

El economista Benjamín Tripier consignó en su análisis de entorno del 31/10: “La foto política de hoy en Latinoamérica, no es roja, sino que es rosada; y es solo el principio para volverse azul, a la vuelta de no más de cinco años. Azul es el color del mercado, de la libertad, de los valores morales, de los principios y, principalmente, del rescate de la educación como base para cualquier futuro exitoso en la región. Y la gente, la masa empobrecida, va entendiendo que la única forma de dejar de ser pobres es con trabajo genuino y no con bonos, planes o subsidios, que sirven para sobrevivir, pero nunca para desarrollarse”.

Le tienta pensar pensar que Petro por Duque, Lula por Bolsonaro, Boric por Piñera, y Alberto por Macri, son el retroceso para tomar impulso. Las izquierdas latinoamericanas victoriosas ya no son lo que solían ser. El mercado ha ido marcando su impronta y es la referencia de oportunidad y esperanza, hasta para el más duro de los izquierdistas. El caso Venezuela enseñó lo que no se debe hacer, más que nada porque ahora ya se están devolviendo.

Como bien dijo la Conferencia de Obispos de Brasil, la ciudadanía tiene la palabra puesto que ella no se agota en una elección. El desafío continúa y su responsabilidad también.-

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