Decía Juan Pablo II sobre los documentos del Concilio Vaticano II que, "a medida que pasan los años, aquellos textos no pierden su valor ni su esplendor. Es necesario leerlos de manera apropiada y que sean conocidos y asimilados como textos cualificados y normativos del Magisterio"
Benedicto XVI, a la hora de celebrar el 50 Aniversario de la apertura de aquel gran Concilio dijo que para que esta efeméride no caiga en saco roto, es necesario "regresar, por así decirlo, a la letra del Concilio, es decir a sus textos, para encontrar también en ellos su auténtico espíritu, y he repetido que la verdadera herencia del Vaticano II se encuentra en ellos".
Y ahora, al celebrar ya el 60 Aniversario de la apertura del Concilio, el Papa Francisco ha explicado que "la Iglesia, por primera vez en la historia, dedicó un Concilio a interrogarse sobre sí misma, a reflexionar sobre su propia naturaleza, y su propia misión. Y se redescubrió como misterio de gracia generado por el amor, se redescubrió como Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo, templo vivo del Espíritu Santo".












