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Clásicos de la literatura cristiana: «Con el corazón en ascuas»

Komunia święta udzielana na zewnątrz kościoła

Antoine Mekary / Godong

Claudia Elena Rodríguez - publicado el 25/10/22

El sacerdote holandés Henri Nouwen (1932-1996) nos regala una espléndida meditación sobre el sacramento de los sacramentos: la Eucaristía

El pequeño libro Con el corazón en ascuas nos habla del encuentro entre dos corazones que se anhelan. Por un lado, un corazón que está «en ascuas», el nuestro. Y por el otro, el corazón misericordioso de Dios, que nos ama desde la eternidad.

Comencemos aclarando que la palabra «ascua» tiene dos significados diferentes. Una primera acepción es «inquieto, sobresaltado», y la otra es «encendido, que arde«. Ambos significados tienen su lugar en esta historia. 

Despacito y de la mano, nos lleva el padre Nouwen a redescubrir lo que sucede cuando esos dos corazones felizmente se encuentran en la Eucaristía.

Un corazón lleno del mundo

¿Por qué está inquieto nuestro corazón? En primer lugar, debido a los problemas y luchas personales. Ellos lo alimentan de palabras como estrés, cansancio, miedo, enfermedad, soledad, tristeza.

De igual forma, las noticias globales le proveen de temas como: corrupción, violencia, inflación, guerra, contaminación… Está inquieto, en parte, porque la vida le parece injusta.

Sin conexión con el cielo

Pero esa inquietud también obedece a que se desconectó de lo sagrado. Sumergido en sus propias preocupaciones y las del planeta, ese corazón ha ido olvidando lo más importante: que es muy amado por Dios, que Cristo murió por él en la cruz, que su vida sencilla es realmente una vida sagrada, y que fue creado para la eternidad.    

En el fondo, lo que ha ocurrido es que se alejó tanto de Jesús, que ya no lo divisa. Ahora Cristo tan solo es un recuerdo, una figura histórica.

¿Y la Eucaristía? pues ha quedado reducida a una simple ceremonia, un rito consolador, una bella tradición. Nada más.

Resumiendo, dice el padre Nouwen que cargamos en el pecho un corazón abrumado con pesares, y desligado de lo sagrado. Mucho mundo, poco Dios.

Por consiguiente, no logra alzar la vista y ver que hay un más allá, por encima de los sucesos que le rodean. Se ha quedado sin perspectiva, sin esperanza, sin conexión con el cielo.

Un corazón con hambre de Dios

trudności na drodze wiary

Por eso, de vez en cuando, ese corazón descorazonado se sienta en una banca a mirar lejos, lanza un suspiro y se pregunta: ¿Y esto era todo? No puede ser…  ¡Esto no era lo que esperaba de la vida!

Además, percibe que aun cuando disfruta del mundo no consigue aquietarse. Insatisfecho, sospecha le falta un «no sé qué», pero no alcanza a descifrarlo.   

Fue el gran san Agustín quien logró expresar lo que late detrás de ese «no sé qué», tan conocido:

Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti

La Eucaristía, centro de la vida

Así las cosas, ese corazón extraviado en lo terrenal vivirá en zozobra mientras insista en buscar su plenitud en el lugar equivocado.

El padre Nouwen lo dice con claridad de sol de mediodía:

«Dios puso en nuestros corazones un deseo de comunión que nadie más que Dios puede y quiere satisfacer».

Entonces, para sosegar ese corazón nos invita a colocar en el centro de nuestra vida lo más sagrado que hay en este mundo: la Eucaristía.

film o Eucharystii "Żywy"

El llamado sacramento de los sacramentos, o Comunión, no es tan solo una reliquia, un recuerdo simbólico. Es la presencia real de Jesucristo que se ha quedado en el pan y vino consagrados para ser Él mismo nuestro alimento:

«Dios no sólo se encarnó por nosotros hace muchos años en un país lejano, sino que también se hace alimento y bebida para nosotros en este momento de la celebración Eucarística…».

La Eucaristía es un misterio

Asimismo, nos recuerda que la Encarnación y la Eucaristía son las dos más grandes expresiones del inmenso amor de Dios por la humanidad.

Sí, es un misterio que nos estremece y deja perplejos. El Omnipotente se ha abajado, se ha hecho hombre, se entregó en la crucifixión. Y cada día, en el sacrificio Eucarístico vuelve y se entrega en el altar, para que su amor permanezca en medio de nosotros.

Una declaración de amor

A continuación, el sacerdote nos pone cara a cara con el amor de Jesucristo. Se trata de un amor rotundo, que «no se guarda nada, lo da todo«, que no se cansa de insistir y «busca mil maneras de tocar nuestro corazón«. Además, «anhela esa comunión tanto como nosotros».

Tan distraídos andamos por el mundo, que no vemos al Señor quien todo el tiempo nos está buscando y nos declara su amor en cada Eucaristía. Sorprende el padre Nouwen al escribir que es como si Dios estuviera gritándonos:

 «¿Dónde estáis? ¿Qué más debo hacer para que me améis? No pienso rendirme; he de seguir intentándolo. ¡Algún día descubriréis cuánto anhelo vuestro amor!»

El encuentro con Jesús Eucaristía

Participar de la Eucaristía es entrar en lo sagrado. Tan es así que cuando comulgamos, gradualmente, nos vamos haciendo uno con Jesucristo:

«Cuando comen el pan que Él les ofrece, sus vidas se transforman en vidas de Él. Ya no son ellos quienes viven, sino que es Jesús, el Cristo, quien vive en ellos».

Entonces comenzamos a ansiar la Comunión. Lo notamos porque ese corazón que no sabe de poesía, comprende perfectamente el famoso verso de san Juan de la Cruz:

…que la dolencia de amor solo se cura, con la presencia y la figura.

El camino de Emaús

Esta hermosa meditación nos muestra, en cinco pasos, cómo nuestro corazón herido por la dureza del mundo va sanando al reconectarse con lo sagrado.

Para explicarnos mejor el proceso, el padre Nouwen hace un paralelo entre lo que ocurre en la Eucaristía y el relato bíblico titulado El camino de Emaús (Lucas 24, 13-35).

La Eucaristía como centro de la vida espiritual, ese el tema de este libro. Allí está explicado todo: la grandeza del sacramento de la Comunión, la importancia de la contrición, el poder que tiene la Palabra de Dios para sanarnos, cómo pasar de un corazón resentido a uno agradecido, la necesidad de crear comunidad, y mucho más.

Animo a los lectores a embarcarse en este breve texto.

Con el corazón encendido

Esta meditación nos muestra que la verdadera historia de nuestro corazón no es una novela desesperanzada, escrita con un montón de sucesos terrenales buenos y malos. Es la historia del amor silencioso con que Dios va bordándonos, cuando entramos en Comunión con Aquel que se Encarnó y se quedó en el Santísimo Sacramento.

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Bellas son las palabras de los dos grandes santos citados. Por una parte, san Agustín nos dice que nuestro corazón le pertenece a Dios y está inquieto porque lo ansía. Y luego, san Juan de la Cruz declara que es al entrar en Comunión con Jesús Eucaristía que se sosiega.

Finalicemos esta reseña en sintonía con lo que más anhela nuestro corazón, lo sagrado. Conectémonos con la Palabra de Jesucristo que es sacramental, y tiene el poder de encender los corazones:

El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él

Juan 6, 56. 
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