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Historias que inspiran
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Testimonios de qué ven los niños enfermos de cáncer antes de morir

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Gentileza

Imagen de la portada del libro "El camino de los ángeles"

Jesús V. Picón - publicado el 04/10/22

Susana Troyo ha podido recopilar testimonios evangelizadores de lo que sucede segundos antes de que muera un niño con cáncer. Ha podido escribir lo que ven y sienten en esos últimos suspiros de vida

Susana Troyo Rodríguez nació en la Ciudad de México y vive actualmente en Mérida, Yucatán. Es licenciada en Educación y estudió tanatología a partir de su trabajo tantos años en el hospital con niños con cáncer.

Ha sido testigo de grandes milagros en medio del sufrimiento de los niños enfermos de cáncer en clínicas públicas en México. También ha sufrido las grandes carencias de medicamentos e insumos que hay en los hospitales públicos para salvar las vidas a estos niños.

Pero lo más increíble ha sido que ha podido ver cómo se van los niños con la ayuda de Dios y la Virgen, quienes toman el sufrimiento de estos niños y se los llevan a descansar.

Ella es autora del libro «El camino de los ángeles» donde relata todas sus experiencias dentro de las clínicas, en el área de oncología infantil y como suceden milagros que ella percibe y que ven los niños antes de morir.

En este libro describe lo que los propios niños empiezan a sentir y ver antes de perder la vida. Muchos de ellos murieron en sus brazos y pudo ver como se apagaba su vida como una vela lentamente y en paz.

«El camino de los ángeles» convirtió al peor recluso en Campeche, lo sensibilizó y lo humanizó. Y les rompió el corazón a los reclusos más violentos al leer estas experiencias de niños enfermos terminales. La historia de los reclusos ya está relatada en otra entrevista aquí en Aleteia y por Verónica de la Paz.

Conociendo el Camino de los Ángeles…

¿Cómo llegó a escribir un libro como “El camino de los ángeles”, tan lleno de testimonios?

El libro en realidad nace hace unos años. Empecé la asociación «Sueños de Ángeles» porque yo decía: «Ya se está cubriendo lo médico y se está cubriendo la educación, pero falta mucho, falta lo espiritual, falta el apoyo familiar y psicológico cuando los niños tienen que superar la pérdida de una pierna, un brazo o los ojitos».

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Voluntarios de «Sueños de ángel» junto con niños enfermos.

Nuevamente inspirada por Diosito, dije: «Hay que hacer una asociación que cubra todas estas necesidades».

El nombre es muy parecido al del libro, “Sueños de Ángeles”, porque estos niños tienen sueños, tienen ilusiones. Nos transmiten tanto amor a la vida. Y para mí los que están vivos y los que ya están en los brazos de la Santísima Virgen, son unos ángeles. 

«Es una oportunidad grandísima estar con ellos. Ellos me acercaron a Dios»

Es una oportunidad grandísima estar con ellos. Ellos me acercaron a Dios. Me enseñaron que hay un lugar maravilloso porque algunos de ellos murieron en mis brazos y me describían a su ángel.

Me decían: «Mira, Susi, aquí está, es un angelito». Una niña, por ejemplo, se llamaba María de los Ángeles. Muere el día de los Ángeles Custodios y ese mismo día nace su hermanita.

La mamá estaba en maternidad, pudo despedirse de ella y me dice: “Ya sé por qué le puse ese nombre: ella misma era un ángel”.

Y así han transcurrido 36 años de vivir escuchando estas historias. Pero fue un amigo, un sacerdote de los padres del Monasterio de Uayamón, que ha cambiado la vida de muchas personas, el que la animó a escribir el libro.

Enferma de cáncer y desahuciada

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Susana Troyo.

Yo llego con ellos porque me había dado cáncer. Ya llevaba muchos años con los niños y ellos me enseñaron a no asustarme, a saber que es un proceso de vida y si me tenía que ir, pues me iba.

Pero sí fui para pedirle al padre que pidiera por mi familia: si por algo yo no estaba, que pidiera por ellos.

En esos momentos me preguntó qué me hacía feliz en la vida y yo le dije: «Padre, me hace muy feliz estar con los niños».

Esa es mi alegría, me han enseñado la belleza de una conchita que está en el mar, de una flor… O sea, los niños me han enseñado a disfrutar las cosas más sencillas.

«Los niños me han enseñado a disfrutar las cosas más sencillas.»

Los descubrimientos de la agenda

Le dije que me daba mucha tristeza tener que tirar las agendas en donde yo había escrito «hoy murió María de los Ángeles» y en la agenda decía «Día de los Ángeles Custodios»; «hoy murió Fátima pidiendo a su mamá que no dejará de visitar a sus compañeritos», y veo en mi agenda que era el día de la Virgen de Fátima.,,

Empecé a descubrir en mis agendas cosas maravillosas que yo creía que eran normales porque los niños solo me contaban a mí esas cosas y yo las apuntaba.

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En actividades con los niños enfermos.

Entonces yo le pregunté al padre: «¿Le puedo contar una de las historias?». Él me dijo que sí y, mientras le contaba, se agarraba el corazón y me decía que le contara otra de las historias.

«No te vas a morir»

Yo contaba porque son historias que no son mías pero te llegan al alma. El padre entonces me dijo: «No te vas a morir». Yo en aquel momento tenía cáncer de colón y médicamente estaba desahuciada. Hace nueve años. Y el padre me dijo: «No, no te puedes ir, tienes que compartir estas historias porque el libro va a llegar a quien tenga que llegar».

«Padre, no me van a creer»

Le respondí: «Padre, nadie me va a creer. No van a creer que el niño vio el cielo”. Aparecieron cosas bellas: la niña vio a la Virgen María y la llamó ‘la Señora Bonita’… Cosas muy bellas que yo no me atrevía a compartir. Las guardé por muchos años para mí.

El ambiente antes de morir

-¿Cómo es el ambiente previo a la muerte? ¿Cómo lo podría describir?

Con María de los Ángeles yo no veía el ángel que ella veía, pero se sentía la presencia de algo muy grande.

Juanito: «Yo ya estuve en el cielo per regresé»

En el caso de un niño, de Fernandito,  me avisa su mamá que le dice la doctora que en cualquier momento se nos va. Fernandito cae en coma y lo llevan al hospital y está ahí dos días. La mamá, que era soltera, estaba muy triste, muy angustiada y me acuerdo que le dije: «Vete a descansar, yo voy a estar junto a él».

Aunque estén en coma, yo les hablo contándoles qué hay ahí, el cielo, un lugar maravilloso.

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Susana lleva muchos años en la atención de niños enfermos de cáncer.

En eso llegó Juanito y me dice: «¿Me puedo despedir de mi amigo?». Le dije: «Claro». Y Juanito le dijo: «No tengas miedo, Fernandito, te están esperando en el cielo. Yo ya estuve, pero regresé porque voy a hacer unas canciones y ya las estoy haciendo y te voy a cantar una”. Se puso a cantar una canción que, de verdad, no puedes pensar que un niño la haya hecho.

Y le dice: «Está divino el cielo, hay fuentes de oro. Cuando yo estuve vi a un señor muy bueno y me dio una pelota dorada, jugué con Elías, ¡está divino el cielo!». Elías era un niño que ya había fallecido.

Juanito vino a dirigir a su amigo para irse. Y en eso yo me pregunto: ¿Por qué no se va Fernandito? Entonces me acerco a la mamá y le digo: «¿Qué te dijo Fernandito? ¿Qué fue lo último que te dijo?». Me dijo: «Mamita, no te puedo dejar solita».

Entonces me acerqué y le hice una promesa que he tratado de cumplir, le dije: «Fernandito, mamá no va a estar sola, yo voy a estar pendiente de ella, te lo prometo». Y me acuerdo que le dije a la mamá: «Vámonos a la casa a buscar la ropa que más le gusta».

En el camino le dije: «No te sorprendas si cuando llegamos ya se fue. Ya le dije que yo voy a estar pendiente de ti».

Agarramos su gorra de hombre araña y su ropa preferida para vestirlo, sonó el teléfono y contestó ella y le dieron la noticia. La presencia de Dios y la fortaleza de estas mamás es muy grande.

El caso de una familia atea

Así vas a encontrar en el libro el caso de una familia atea. Su chiquitina se queda en estado de coma hasta que llega un sacerdote y los convierte porque ella, antes de morir, me dijo que soñó con Jesús y que tenía un vestido blanco que brillaba y que Jesús le dijo que no tuviera miedo porque iba a ir a por ella.

La doctora me decía: «No puede ser que siga en estado de coma, ya duró muchísimo». Hasta que fue un sacerdote y los papás le dijeron que los bautizara, que querían ser católicos porque su hija les había dicho que soñó con Jesús.

«Los papás querían ser católicos porque su hija les había dicho que soñó con Jesús.»

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En la plaza de San Pedro con el libro.

«No puedo dudar de la presencia de Dios»

Entonces, te puedes imaginar lo privilegiada que soy de estar con estos niños. Tantas enseñanzas que me han dado, que no puedo dudar de la presencia de Dios.

Un niño con cáncer crucificado

-Pudiera haber gente incrédula, pero ¿ha habido testigos?

Por supuesto. En ese caso, por ejemplo, la misma doctora, una hermana vicentina y la misma mamá

-Habrá notado usted la nobleza de estos niños.

Desde luego. Me acuerdo de un niño muy alegre. Le amputaron una pierna y nunca se quejó.

Fue chambelán de su mejor amiga. Ambos ya están en el cielo, y así con su muleta entró a los 15 años. Porque eso es lo que hacemos, festejarlos y cumplirles sueños.

«Un doctor me dijo que ya cuando el final se acerca, lo mejor es que estén en casa rodeados de la familia, de los hermanitos.»

Y recuerdo que el doctor me dijo que ya cuando el final se acerca, lo mejor es que estén en casa rodeados de la familia, de los hermanitos.

«Me voy el jueves a las 12»

Aquí en Yucatán las casas son muy bonitas y los papás vinieron a contarnos que ese día se despertó Adrián y dijo:

«Oye, mamá, soñé con una señora muy bonita que me mostró dónde voy estar y es un lugar maravilloso y voy a tener mi pierna«.

Todavía se volteó muy gracioso y le dijo a la mamá:

«Pero creo que no sabe que no camino, ¿tú me puedes cargar y me llevar a ese lugar? Me voy el jueves a las 12».

La mamá pensó que había tenido un bonito sueño y fue a contarlo a los oncólogos y a nosotros.

El caso es que pasan cinco días y el jueves se despierta y dice: «Mamá, por favor, me bañas temprano» y cuando lo estaba bañando le dice: «Me puedes poner mi traje de Primera Comunión».

Era tal la insistencia que la mamá se lo pone y se va afuera a cocinar, a lavar. Cuando se acuerda del sueño, da unos pasos para llegar a donde está la hamaca y eran las 12 con unos minutos y ya Adriancito se había ido al cielo con una sonrisa.

¡Qué increíble la manera en la que Dios trata a los niños!

«Juanito, el que hacía las canciones, le dijo a su mamá: ‘No te asustes, voy a morir como Jesús'».

Me acuerdo que Juanito, el que hacía las canciones, le dijo a su mamá: «No te asustes, voy a morir como Jesús».

Y él estuvo hospitalizado tres meses y se fue prácticamente «crucificado», porque tenía el suero en su mano derecha y su mano estaba sostenida por una tablita y la otra mano también estaba extendida.

Efectivamente, el padre dijo una gran realidad: «Este libro no es para cualquiera». Cualquiera puede decir que estoy loca, pero yo sé mi responsabilidad para con Dios.

-¿Con qué obstáculos se encontró?

Las primeras trabas llegaron cuando dije que los niños necesitaban un programa educativo, que no solo habían perdido la salud y la familia. En ese entonces venían de Chiapas, Campeche, Quintana Roo, Belice. No era justo que no tuvieran educación.

Iba yo a la Secretaría de Educación y me rechazaron mil veces diciéndome que para qué quería algo para niños que se iban a morir.

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Susana atiende a cada niño enfermo con todo el amor y dice aprender de ellos lecciones preciosas sobre la muerte, Dios y el cielo.

Pero cuando es algo de Dios se abren las puertas. Con mucha dificultad, pero logramos hacer el primer programa educativo para los niños.

Y así como hay gente tan generosa, también tenemos al gobierno que ha dejado de pagar quimios, y como asociación te puedo demostrar que estamos comprando quimios en Canadá.

Acciones sobrenaturales, almas vejadas y almas del purgatorio

-Sé que ha tenido contacto con niños enfermos de cáncer que han sido vejados. ¿Qué contraste nota entre lo que ven estas almas y lo que ve el alma de un niño inocente antes de morir?

Es tan diferente que puedo decir «la luz». Lo más maravilloso aquí es cuando el niño te habla de que vio a la Señora Bonita y dice que lo cuidaba. Es estar en otro mundo, es como entrar a un pedacito de cielo con los niños. No recuerdo a ningún niño que a pesar del dolor o el temor al tratamiento, se quejara de Dios.

En un alma vejada hay mucha tristeza. En su mirada hay temor. Ahorita hay una persona que viene de un lugar de la república y no tienes idea de los rasguños… Cómo vienen, les perforan la piel. También hubo un caso de un chico al que yo quiero muchísimo, ya es parte de mi familia. Lo tuvieron en el monasterio y le dijeron:

“Quítenle la ropa y lo vamos a dormir, aquí vamos a estar rezando”. Y vieron cómo se formaban las cruces invertidas rasguñadas en su espalda. Eso no es una película, pero sí lo más cercano al exorcismo.

Pero también está pasando algo hermosísimo. La Virgen y Dios han permitido que se manifiesten almas del purgatorio diciéndonos su nombre y fecha en que murieron.

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Cada niño recibe la mejor ayuda que puedan darle. Nunca, dice Susana, les ha oído una queja de Dios.

«Fui enfermero de la clínica de abortos»

Se manifestó un enfermero que dijo: «Soy fulano, morí tal año y fui enfermero de la clínica de abortos que se encuentra en tal colonia, por favor, páguenme misas«.

Entonces, pedimos que lo investigaran para saber quién era él y efectivamente nos dijeron: “Esta persona ya murió. Era enfermero, murió en tal año y trabajó en tal lugar”. La Virgen está permitiendo que nosotros lo vivamos.

-Ante todo esto, ¿ha logrado comprender que no debemos tener miedo a la muerte?

Por supuesto. Hace poco yo le decía a uno de los padres: «Cómo desearía yo ya estar en ese lugar, pero también entiendo que no me lo he ganado. El purgatorio también se hace aquí en la tierra”.

Cuando veo sufrir a una persona mayor, sé que se va a ir al cielo. Y cuando es un niño, es porque ese niño está ofreciendo su dolor por su familia, porque ya desde el cielo pactó con Dios el purificar a su familia.

«Yo entendí que estos niños vienen a purificar»

Cada familia tiene una historia y yo ya entendí que estos niños vienen a purificar, porque he visto familias que han sanado y que se han unido a través del dolor. Igual las personas que están viviendo alguna posesión unen familias.

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Los testimonios de Susana Troyo no dejan a nadie indiferente.

-¿La muerte de los niños se vuelve una bendición para la familia?

Sí. A veces nos volvemos a ver o nos comunicamos y estos niños logran unir a sus familias.

Un niño decía:

«Yo ofrezco mi dolor por la conversión de mi hermano, porque salga de las drogas».

No hay por qué tenerle miedo a la muerte, solo estamos de paso. Si entendiéramos ese lugar tan maravilloso, otra cosa sería.

-¿Cómo describirías en tres palabras qué es lo que ven los niños antes de morir?

Ven la promesa cumplida. Pero más que ver, es lo que sienten, o sea, sienten mucha paz. Está la historia de un niño que recibió los santos óleos y ya cuando llegamos con el padre para hacer la primera comunión, acababa de morir.

Yo le agarré la mano y, en el momento en que recibió a Jesús, con una gotita que le cayó en la boca me apretó la mano.

Yo creo que en ese momento ellos ya saben a dónde están yendo y ya no hay temor. A diferencia de los adultos, el niño se suelta, el niño se abandona.

Así siento que se van ellos, con esa confianza de cuando les dice Jesús, la Virgen, el Ángel: «ven» y van sin temor.

La palabra no es muerte, es renacer a esa promesa que Él nos ha dado.

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Llama la atención el buen ánimo de los pequeños. Aquí Susana con dos supervivientes, como se lee en su camiseta.

¿La oración los calma?

Sobre todo con la Coronilla de la Misericordia llega mucha paz. Quizá la expresión de dolor esté, pero la expresión del rostro cambia por paz.

«Una niña estaba en terapia intensiva, me decía: ‘Escúchalos, el coro de los ángeles está aquí'»

La oración definitivamente nos ayuda a todos los que estamos y en especial a los niños. En una ocasión que una niña estaba en terapia intensiva, me decía: «Escúchalos, el coro de los ángeles está aquí». Por supuesto que no lo escuché y de ratito se fue al cielo. 

La oración es un bálsamo de amor y de paz en esos momentos. A veces estamos tan nerviosos, que nos olvidamos de rezar.

¿Los doctores y enfermeras se quiebran?

Definitivo. En el libro escribe el oncólogo de esa impotencia que siente cuando ve a un niño que ya está por brincar el cáncer y de la nada viene una complicación, una infección y se va. Porque para ellos era un logro y de la nada cae una infección y se lleva al niño.

Hemos llorado juntos, tienen una gran calidad humana.

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