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No eres cualquier cosa, le importas a Dios. ¿Lo sabías?

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Pamela Au | Shutterstock

Claudio de Castro - publicado el 24/09/22

Tenemos dos opciones: vivir angustiados o vivir serenos confiándonos al amor de Dios. Unas consoladoras palabras del escritor Claudio de Castro

“Porque tú vales mucho a mis ojos, yo doy a cambio tuyo vidas humanas; por ti entregaría pueblos, porque te amo y eres importante para mí».

Isaías 43, 4

Todas las mañanas después de un rato de oración personal y de tomarme un delicioso y aromático café junto a mi esposa Vida, me siento a reflexionar un rato.

Me encanta sentarme, ver los árboles, las plantas, el cielo, lo creado y darme cuenta de que todas estas maravillas son creación de Dios. Todo es suyo…

Me doy cuenta de que una palabra ronda mi cabeza: “gratitud”. Me siento agradecido con Dios por tantas gracias y dones inmerecidos, el don de la fe y de la vida misma.

Haz la prueba. Con Dios en medio todo es más sencillo.

El primer pensamiento que suele llegar a mi mente al despertar es este: “Gracias Señor por la vida”.

Vivir mejor

Me gusta pensar que nuestro Dios es el Dios de las oportunidades.

Cada mañana te da la oportunidad de volver a hacer de tu vida algo especial, diferente, pero esta vez mejor, en su presencia Divina.

Puedes salir animado, feliz de tu casa, llevando un amor sobrenatural, que se desborda. Puedes compartirlo con los que encuentres en tu camino.

Y es que con el amor de Dios siempre saldremos triunfantes.

Hoy traía conmigo un libro con las reflexiones y pensamientos de la beata Sor María Romero. Una religiosa salesiana nicaragüense que realizó su labor social en Costa Rica.

Encontré esta cita inspiradora que ella escribió en su diario en algún momento especial de su vida, cuando decidió abandonarse totalmente en las manos amorosas de Dios.

No tenía fecha, pero podemos imaginar lo que estaba viviendo, las gracias que inundaban su alma.

Es un texto de gran riqueza espiritual que nos recuerda que nuestro tesoro no se encuentra en esta tierra, en los bienes materiales, ni en nuestros éxitos o el orgullo, solo en Dios, en quien vivimos, nos movemos y existimos (Hechos 17, 28).

«Mi todo»

“Así como sobre las ruinas de edificios viejos se construyen otros nuevos, así hoy derribo libre y voluntariamente mi vida pasada y sobre sus escombros levanto otros enteramente nuevos.

Quiero y propongo vivir en adelante sin ninguna otra mira propia ni ajena, no más que según tus intenciones, pensamientos, palabras, obras, trabajos, oraciones, sufrimientos y alegrías, serán ya solo por ti, única y exclusivamente.

Me olvido de mí, me desprendo de mí, me despreocupo y me desentiendo de mí. Tú solo eres  y serás de veras: “Mi único y mi todo”.

¡Oh Dios, mi único y mi todo! ¿Quién hay en el cielo y en la tierra para mí, fuera de ti? Si no, ¿por quién he agotado todas mis fuerzas? ¿Por quién se han terminado mis energías?

¿Por quién se ha consumido mi existencia? ¿Por quién no más he hecho trabajar las potencias de mi alma?

Sí, Dios mío, ¿quién hay en el cielo y en la tierra para mí fuera de ti? Oh, ya todo es nada para mí. Solo Tú eres todo para mí. Vivo yo, más no yo sino Tú en mí (Ga 2, 20). Solo quiero a Vos, Dios mío, pues sois todo mi bien”.

2 maneras de vivir

Mientras escribía estas palabras pensé en ti y las muchas dificultades que debes estar pasando y lo difícil que ha de ser tu camino. Tenemos siempre dos opciones:

  1. Vivir preocupados, angustiados, sin saber qué hacer ni encontrar una salida.
  2. Vivir con Dios en medio, de nuestras familias, trabajos, abandonándonos en su amor. Por tanto sentirnos serenos, confiados, sabiendo en quién hemos puesto nuestra confianza y esperanza.

Yo elijo lo segundo. ¿Y tú?

Recibo muchos correos de los lectores de Aleteia en los que me comparten sus muchas dificultades.

Y me sorprendo cuando alguna vez me indican, “pero todo ha mejorado desde que tengo a Dios en mi corazón, conmigo, a diario, en todo”.

Cada uno, cada vida, es importante para Dios

Comprendes que la vida no es sencilla, pero a la vez suele ser maravillosa, una oportunidad extraordinaria de ganarnos el cielo, hacer méritos con nuestro amor y buenas obras para ir al Paraíso al final de nuestra existencia en este mundo materialista. Pasar un feliz eternidad al lado de Dios, nuestro Padre.

No somos cualquier cosa. Somos importantes para Dios. Somos sus hijos amados. Y estamos llamados a iluminar el mundo con nuestro amor y buenas obras.

Se nos indica en Filipenses 2: «Hacedlo todo sin murmuraciones ni discusiones para que seáis irreprochables e inocentes, hijos de Dios sin tacha en medio de una generación tortuosa y perversa, en medio de la cual brilláis como antorchas en el mundo…».

¡Ánimo! Todo pasa, esto también pasará. Refúgiate en el inmenso amor de Dios, que derramará sobre ti a manos llenas.

Una poderosa bendición

Te dejo ahora con esta bendición… Léela en voz alta…

“¡Yavé te bendiga y te guarde!
¡Yavé haga resplandecer su rostro sobre ti
y te mire con buenos ojos!
¡Yavé vuelva hacia ti su rostro y te dé la paz”

Números 6, 24, 26

¿Te gustaría compartir con nosotros tus vivencias con Dios? Te dejo mi email personal: cv2decastro@hotmail.com

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