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9 películas para conmemorar el Día Mundial del Alzheimer

VIVIR DOS VECES

Filmax

José Luis Panero - publicado el 21/09/22

Estos son algunas de las películas que han explorado la enfermedad con personalidad y respeto

Hoy es el Día Mundial del Alzheimer. Esta fecha fue designada como tal por la entidad Alzheimer’s Disease International (ADI) en 1994, durante la inauguración de su conferencia anual celebrada en Edimburgo y con motivo del décimo aniversario de la organización.

Convendría recordar algunos de los trabajos fílmicos que han explorado la enfermedad -por cierto descubierta hace más de un siglo que afecta a millones de personas y cuya cura está aún demasiado lejos- con personalidad y respeto.

Así las cosas, podemos poner en valor los trabajos premiados Bicicleta, cullera, poma (Carles Bosch, 2010), Bucarest, la memoria perdida (Albert Solé, 2008), el debut de Sarah Polley como directora (Lejos de ella, 2006), pasando por el extraordinario cortometraje Algo queda (Ana Lorenz Fonfría, 2010).

Además de los largos Hace mucho que te quiero (Philippe Claudel, 2008), El hijo de la novia (Juan José Campanella, 2001) o Cuidadores (Oskar Tejedor, 2010). Tampoco podemos olvidarnos de los más recientes Vivir dos veces (María Ripoll, 2019) y Quédate conmigo (Michael McGowan, 2012), entre un largo etcétera.

Ojalá los responsables últimos de la historia del cine se atrevan a poner en sus manuales, escritos, ensayos y pensamientos en torno al cine, otras referencias suficientes para aliviar o hacer más llevadera la enfermedad a quienes la sufren activa o pasivamente. De este modo podremos valorar a la industria en su justa medida, a sus ideólogos y a sus patrocinadores.

Bicicleta, cullera, poma

En el otoño del 2007, a Pasqual Maragall, expresidente de la Generalitat de Catalunya y exalcalde de Barcelona, se le diagnostica Alzheimer, hecho que hace público el 20 de octubre de ese mismo año.

Con inteligencia, sinceridad y buen humor, Maragall se deja retratar junto a su familia y los médicos para dejar constancia del día a día de su lucha personal. Dos años de seguimiento a un paciente excepcional dispuesto a que los científicos encuentren la cura antes de que la cifra de 26 millones de enfermos en el mundo se multiplique por 10.

Bucarest, la memoria perdida

Documental de 89 minutos sobre la memoria. Narra la búsqueda personal que hace Albert (un periodista nacido en el exilio en 1962) por recuperar sus propias raíces, enmarcadas entre un doble exilio. Su padre, el político español Jordi Solé Tura, que acabaría convirtiéndose en figura clave durante la Transición Española, fue obligado a exliliarse por su militancia antifranquista a finales de los años 50. Ahora, tras una vida repleta de experiencias políticas y personales apasionantes, Jordi ha iniciado un nuevo exilio interior, esta vez sin posibilidad de retorno: lucha contra el Alzheimer.

Su memoria se pierde día a día. Este documental pretende recuperar los recuerdos de unas vidas atípicas, en el que se mezclan personajes históricos como Santiago Carrillo, Jorge Semprún, Manuel Fraga o Jordi Pujol, con episodios poco conocidos de la lucha contra el franquismo y de la Guerra Fría. Para Albert, muchas de estas experiencias son los recuerdos difusos de un niño. Viajará de un exilio al otro intentando recomponer la memoria de su familia, su propia memoria. En 2009 se alzó en el Goya a la mejor película extranjera.

Lejos de ella

Sarah Polley, la actriz predilecta de Isabel Coixet, inicia su precoz andadura en el campo de la dirección de largometrajes, adaptando un relato de Alice Munro titulado The bear came over the mountain.

Coherente con su carrera de actriz como musa de Atom Egoyan, Terry Gilliam o Isabel Coixet, y después de realizar algunos cortos, no resulta sorprendente que su primer largo tenga ese tono hondo y al mismo tiempo irónico y cercano. Y es que hay cosas (la enfermedad en general, el Alzheimer en particular) contra las que la lucha se torna estéril, alteraciones que rompen una vida en común después de haber pasado por pruebas tan duras como infidelidades y algún que otro negro evento.

Lejos de ella es cine empapado en las fuentes de los directores con los que Polley ha colaborado, sobre todo de Coixet, en donde se suelen reflejar las vivencias de los personajes en un contexto especialmente dramático.

Algo queda

La historia parte de un guion propio premiado en el 2º Certamen SNCFILMS y que ha dirigido gracias a la financiación de dicho galardón. El corto habla de la ardua tarea que desempeñan los cuidadores de enfermos de Alzheimer. De esa dedicación, ese sacrificio desinteresado, que no espera nada a cambio, cuando solo está por venir el peor de los desenlaces.  

Pero también la doble tragedia de que tu madre no te reconozca y de que tú no la reconozcas a ella. El retrato de la cuidadora no está edulcorado y, sin rehuir el dramatismo, deja abierto un resquicio de esperanza.

Hace mucho que te quiero

Impactante debut del francés Philippe Claudel, en formato de intenso drama, que a nadie deja indiferente. La película cuenta la historia de Juliette (Kristin Scott Thomas), que está a punto de salir de la cárcel. Allí ha permanecido encerrada quince largos años a causa de un terrible asesinato. Le aguarda fuera su hermana pequeña Léa (Elsa Zylberstein), que va a acogerla en su casa, donde vive con su marido Luc (Serge Hazanavicius) y dos niñas pequeñas vietnamitas, adoptadas, más el suegro que ha perdido el habla. Como es natural, la acción criminal de Juliette causa rechazo al pedir trabajo.

El filme toca muchos palos, y todos muy sabiamente: el problema del sufrimiento, distintos tipos de prisiones, físicas o mentales, la muerte, la soledad, la incapacidad de abrirse al otro, la confianza, la familia como necesario lugar de acogida, el sentido de culpa, la amargura…

Vaya por delante que aunque la trama se presta a todo tipo de excesos dramáticos, Claudel es muy equilibrado y sobrio, lo que da mucha más fuerza a los terribles sucesos que acontecen. Además, sabe esporádicamente puntear la historia con algún leve desahogo humorístico, como hiciera siempre el genial Alfred Hitchcock.

Sería deseable, no obstante, regresar con más frecuencia a historias como ésta, independientemente de sus focos de exhibición, donde queda demostrado que un buen guion en las manos adecuadas no falla nunca.

El hijo de la novia

Esta película argentina -que tuvo en ese país una tibia respuesta de público y en la crítica especializada- llegó a las grandes pantallas españolas en el año 2001 donde arrasó. Su director, Juan José Campanella -que había rodado antes El mismo amor, la misma lluvia, y que en España se estrenó después-, abordó en 124 minutos la dureza de esta enfermedad degenerativa que ataca a muchos de nuestros ancianos.

Quizá la escena que mejor escenifica la enfermedad que aqueja a la madre del protagonista es aquella en la que Rafael Belvedere, el protagonista, ve de forma pausada alejarse a su madre por un pasillo de la residencia en la que pasa sus días la mujer. En este momento la cámara de Campanella se sitúa detrás del protagonista y toma el reflejo de un cristal en el que se ve reflejado el protagonista convertido en su madre. La película fue candidata al Oscar como mejor película de habla no inglesa.

Cuidadores

Los familiares de personas con enfermedades degenerativas se reúnen varias veces a lo largo de año y medio. En esos encuentros hablan de sus temores, de sus experiencias y, sobre todo, aprenden a relativizar las duras y, a veces, embarazosas situaciones que deben afrontar cada día.

Los miembros del grupo son conscientes de su inestabilidad emocional y de su necesidad de ser escuchados. Al mismo tiempo, el seguimiento personalizado de cada uno de estos cuidadores en sus propios domicilios permite reflejar su realidad personal, familiar y social cotidiana.

En las sesiones de terapia asistimos a visiones muy diferentes de la enfermedad, entre ellas es especialmente interesante la de la joven que tutela la enfermedad de su madre, pero teniendo en cuenta que ella es joven y tiene muchas ganas de vivir.

Oskar Tejedor preparó el filme a conciencia durante 4 años. Hizo, además, un casting muy intenso ya que el hilo conductor es el grupo de apoyo que se reúne cada 15 días y al que siguieron durante año y medio.

Vivir dos veces

La película sigue las andanzas de Emilio (Óscar Martínez), un anciano, dedicado a las matemáticas, que recibe la desoladora noticia de que va a perder la memoria a consecuencia del Alzheimer. Con el objetivo de volver a ver al amor de su juventud antes de que este terrible hecho suceda, Emilio emprende un disparatado viaje, acompañado por su hija Julia (Inma Cuesta) y su nieta Blanca (Mafalda Carbonell).

Este periplo, a modo de road movie, servirá a los personajes para descubrir que no existe una fecha para comenzar de cero y, también, para descubrir los engaños que han estado presentes en sus vidas, porque nunca es demasiado tarde para hacer bien las cosas.

Por su parte, María Ripoll es una cineasta con personalidad y un estilo de hacer cine sensible que la hacen única cuando rueda. Además de las películas citadas son notables sus trabajos Rastros de sándalo (2014) o Ahora o nunca (2015).

En el caso que nos ocupa vuelve a tomar las riendas de una propuesta arriesgada, en la que ha encontrado el equilibrio entre el tono cómico y dramático que presenta la aventura y que, por fortuna, no cae ni en la sensiblería, ni en el melodrama televisivo.

Quédate conmigo

Basada en una historia real, Quédate conmigo sigue los pasos de Craig (James Cromwell) e Irene (Geneviève Bujold), una pareja de octogenarios con más de 60 años de matrimonio a sus espaldas y siete hijos, que vive apacible y felizmente en una granja de New Brunswick, la única provincia canadiense que posee el inglés y el francés como idiomas oficiales.

Pero los tiempos cambian y las normativas sobre el uso de la vivienda también. Ya no pueden disfrutar más tiempo de su pequeña granja, y la edad está haciendo mella en Irene, que empieza a tener síntomas de alzheimer. Craig, a sus 87 años y preocupado por su mujer, decide construir una pequeña casita de madera en el terreno rural que ambos tienen para facilitarle una vida más saludable. Pero la comisión no se lo va a permitir porque alega que la estructura que quiere desarrollar el anciano no se adecua a los códigos de construcción de la zona.

De nuevo, el cine afronta con optimismo y claridad expositiva los inicios y las consecuencias de la enfermedad del alzheimer, uno de los aspectos más interesantes del filme, si bien la historia ataja también con profundidad y pulso firme las relaciones entre padres e hijos en el ocaso de la existencia con naturalidad y sin aspavientos. No en vano, otras películas como Arrugas, Iris o El diario de Noah, entre otras, se implican en explicar esta enfermedad. Y para ello, Michael McGowan necesitaba a dos actores de relieve como James Cromwell y Geneviève Bujold, ambos candidatos al Oscar años atrás, para estar al fuerte nivel interpretativo que exigen sus personajes, probablemente en una de las mejores interpretaciones de sus carreras.

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