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¿Te piden servir en la misa de domingo y no te animas?

COLOMBIA

Jose Eugenio Hoyos

Lorena Moscoso - publicado el 08/07/22

Quizás es Dios mismo quien te está pidiendo un servicio para regalarte algo... Una bella reflexión de una madre de familia, Lorena Moscoso

Cuando era niña mi abuela paterna solía siempre animarme a leer la oración universal en las misas.

No tendría más de 10 años y aunque dudaba y sentía miedo, nunca la defraudaba, tomaba la hojita dominical y levantaba la voz.  

Hoy veo cómo los catequistas y los coordinadores van insistiendo a los asistentes a ver si alguien puede leer los salmos, las oraciones, la primera o segunda lectura, recoger la limosna, y cuánto les cuesta animar a la gente a que se ponga delante a servir al Señor.

El fin de semana me pasó con uno de mis hijos. Y me quedé escuchando el sermón que venia muy a la ocasión, decía “la cosecha es abundante y son pocos los trabajadores”. Pensaba en hacer reflexionar a mi hija al salir de la misa…

¿Dios mismo te lo está pidiendo?

Yo también fui de aquellos que dijo no. Debo admitirlo: dije no y me fui. Le cerré la puerta a Dios en la cara, así me sentí al llegar a casa.

Un sacerdote me había pedido que catequizara a una mujer adulta que iba a bautizarse. En aquella pequeña parroquia había escasez de catequistas, solían preparar a los padres de los niños de primera comunión para que ellos catequizaran a sus niños. Pero esta vez no había quien se ocupara de esta mujer.

La verdad es que no me sentía a la altura para semejante tarea, me sorprendió que el sacerdote me lo pidiera y ante la sorpresa le dije que no era capaz, y el sacerdote me decía “no te vas a arrepentir” pero no fue suficiente.

Pero entonces no habría pasado ni media hora y le envié un mensajito al sacerdote diciéndole que sentí que no era él quien me pedía que me ocupara de esto, sino Dios y que a Él no podía decirle no.

Una gran recompensa

Volvió a repetir: “no te vas a arrepentir”. Si supieran que con aquella catequesis fui yo la que bebí de Su palabra como nunca, fui yo la que aprendí…

¡Cuántos en la historia le dicen no al Señor! ¡Jonás se negó y escapó de Dios! Moisés se negó porque decía que no podría ponerse delante del faraón, que él no seria capaz de hablar,… En fin, quién no se siente así.

Solo puedo pensar en algunos personajes de la Biblia que dijeron sí desde el principio.

Pero de todos, María es la que dio el mayor sí. La valiente madre de Dios, porque ella le dijo sí a todo, incluso a permitir que su hijo fuera crucificado por amor a la humanidad.  

Qué tareas tan pequeñas se nos encomiendan y tememos y qué bendición que Dios nos dé la oportunidad de servirlo, aunque sea en lo más pequeño.

Sé que cada servicio será siempre recompensado de maneras que ni imaginamos, incluso aquello que no hayamos hecho por voluntad.

¿No te consideras a la altura?

No creo que seamos dignos de servirlo, no somos dignos ni de barrer el polvo de su Templo y estar en su presencia.

Pero Dios se sirve de nosotros para que participemos con Él en tan grande sacrificio. Para que Él pueda venir a nosotros en su Palabra y en Su carne.

Dios en Cristo se hace presente absolutamente en la Santa Misa y ahí nosotros, tratando de proclamar dignamente, de no tropezar al recoger la limosna, de no perder la nota mientras cantamos y cuántas veces le fallamos…

En otra ocasión, recuerdo que una monjita me hacía señas para que recogiera la limosna, tampoco quería hacerlo.

Hoy pienso que si no recojo la limosna cuando es necesario, quizás el templo de Dios sufrirá carencias, así que lo hago, es necesario.

Y cuando me toca subir a leer voy pidiéndole al Espíritu Santo que camine conmigo, en las palabras, en la oración. Para que pueda hacerlo dignamente porque se trata de proclamar la palabra de Nuestro Dios, de tocar con los labios la historia de nuestra fe y la historia de Su amor por nosotros.

Nosotros, hombres indignos sirviendo a un Dios tan grande y maravilloso.

Con alegría y agradecimiento

Por eso en esta ocasión quiero animarte a que, si alguna vez alguien se aproxima para pedir que puedas servir en la misa, y no tienes impedimento, lo hagas con alegría y procurar hacerlo con la dignidad que Dios se merece.

En principio decir Sí, que la tarea que se te ha encomendado es mucho menor que cualquiera que Dios les haya pedido a sus profetas, recuérdalo. Por ello, agradece en tu interior y prepárate.

Cuéntame tu experiencia escribiéndome a: moscosolorena@gmail.com

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dignidad humanadiosmisaServicio
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