Aleteia logoAleteia logoAleteia
domingo 03 julio |
Santo Tomás Apóstol
Aleteia logo
Actualidad
separateurCreated with Sketch.

«Mi maestro» padre Joaquín Mora: pequeño responso para un jesuita silencioso

MEXICO

@Jesuitas_Mexico

Jaime Septién - publicado el 22/06/22

Uno de los dos jesuitas asesinados en la Misión de Cerocahui, en el corazón de la Sierra Tarahumara, Sierra tomada por el narco y el crimen organizado ante la inacción del gobierno, el padre Joaquín Mora, fue mi maestro en la secundaria

Me dio una materia fundamental en la propuesta educativa jesuítica de aquel entonces (ignoro lo que sea ahora, pero me supongo que anda por el estilo): Formación Integral Humana (FIH), que junto con Formación de Acción Social (FAS) era la médula espinal de un proyecto de formar adolescentes para ser “hombres para los demás”.

Los recuerdos son traicioneros. Pero hay imágenes que se quedan para siempre en la memoria de un niño, como lo era yo allá por 1974-1975. 

Los del “padre Mora”, como nos dirigimos siempre a él, son dos que lo pintan de cuerpo entero: su enorme austeridad y su lentitud en caminar, hablar, leer (fue fantástica la lectura, por trozos, al final de la clase, de Mi pie izquierdo, la autobiografía de Christy Brown en la que narraba lo que una voluntad puede hacer ante las adversidades) e, incluso, actuar.

MEXICO
Padre Joaquín Mora

No soy de los que creen que en el nombre o en el apellido, el hombre lleva impreso algo de su destino. Pero en el caso del padre Mora mucho tiene que ver. Consulto “El Corominas”: si bien “mora” es el fruto del moral, “morar” significa “detenerse”, “entretenerse”, “quedarse, permanecer”. Su paciencia era infinita.

Mi amigo Arturo Narro recordaba estos días una frase que le dijo mientras miraba el paisaje desde el tercer piso de la escuela jesuita a la que asistíamos en secundaria (el Instituto Cultural Tampico):

   –Padre Mora, ¿Qué está usted haciendo?

            –Estoy pensando, cosa que hace mucha falta en estos días

Y así, pensando, subía las escaleras del revés o pedía apoyo para los pobres de la “misión” a la que se había entregado en el puerto de Tampico (a orillas del Golfo de México: la Colonia Pescadores. 

¿Pedía solamente apoyo? No, daba su vida por ese precariado que vivía en condiciones inhumanas, siempre expuestos a las “crecidas” del río Tamesí o del Pánuco, cercados por la miseria, la enfermedad, el abandono. Y nos hacía darla a nosotros.

Claro, con todas las salvedades de los mozalbetes de 12-13-14 años. Íbamos empujados a pasar Semana Santa en “la pescadores”. Pero no a rezar nada más, o de retiro por cuatro días. El padre Mora, junto con el padre Ornelas, nos llevaban a trabajar. 

Ahí conocí lo que es abrir una zanja para meter tuberías; lo que es cargar las cubetas con la mezcla, subirlas por una escalera empinada hasta el techo para hacer el colado de una casita. El trozo de alambre que sirve de agarradera de la cubeta está ligado al dolor lacerante de manos finitas, que no se habían “mojado” más que metafísicamente por los más desprotegidos.

Ese era el padre Mora. Desde que fue ordenado sacerdote quiso ir a la misión de los jesuitas, en la Tarahumara. Lo movieron un tiempo sus superiores a Tampico

Pero su corazón estaba con los rarámuris, esos que en los documentales salen como los Aquiles de estos tiempos por sus pies alados, capaces de perseguir un venado hasta quemarle las pezuñas; estos pobrísimos habitantes de las barrancas que han sido ayudados moral, material y espiritualmente por los jesuitas por muchos años.

Lo único que quería con nosotros el padre Mora era que venciéramos la actitud de señoritos satisfechos. Alguna vez lo vi tirarle un gis a la cabeza de un compañero demasiado revoltoso. Pero lo demás era silencio, amor callado por los olvidados de la Tierra, genuina acción por los demás. 

Y una espiritualidad que se mostraba a la hora de la elevación. Ahí sí, como otro gran jesuita que conocí, el padre José Guadalupe Quezada, el padre Mora se demoraba. Morosamente custodiaba la Santa Eucaristía y el Cáliz en la Misa diaria, a la hora del recreo.

Esa morosidad debe haber sido la causa del asesinato a manos de un bruto, en el corazón de la Tarahumara. Murió como un mártir. En defensa de uno al que había que darle la extremaunción. ¿Derrotado por el crimen? No, amando hasta el último instante la hermosa novedad de la Gracia.

MEXICO
Último adiós a Joaquín Mora y Javier Campos, quienes fueron asesinados en el contexto de violencia que vive México
Tags:
america latinajesuitasmexico
Apoye Aleteia

Usted está leyendo este artículo gracias a la generosidad suya o de otros muchos lectores como usted que hacen posible este maravilloso proyecto de evangelización, que se llama Aleteia.  Le presentamos Aleteia en números para darle una idea.

  • 20 millones de lectores en todo el mundo leen Aletiea.org cada día.
  • Aleteia se publica a diario en siete idiomas: Inglés, Francés, Italiano, Español, Portugués, Polaco, y Esloveno
  • Cada mes, nuestros lectores leen más de 45 millones de páginas.
  • Casi 4 millones de personas siguen las páginas de Aleteia en las redes sociales.
  • 600 mil personas reciben diariamente nuestra newsletter.
  • Cada mes publicamos 2.450 artículos y unos 40 vídeos.
  • Todo este trabajo es realizado por 60 personas a tiempo completo y unos 400 colaboradores (escritores, periodistas, traductores, fotógrafos…).

Como usted puede imaginar, detrás de estos números se esconde un esfuerzo muy grande. Necesitamos su apoyo para seguir ofreciendo este servicio de evangelización para cada persona, sin importar el país en el que viven o el dinero que tienen. Ofrecer su contribución, por más pequeña que sea, lleva solo un minuto.

ES_NEW.gif
Oración del día
Hoy celebramos a...





Envía tu intención a la red de 550 monasterios


Top 10
Ver más
Newsletter
Recibe gratis Aleteia.