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¿Por qué demonios estoy tan triste? Tips para dar paso a la alegría

SAD

Shutterstock | Nicoleta Ionescu

Carlos Padilla Esteban - publicado el 01/06/22

Ideas para cuidar tu mente y dejarte amar... ¡Dios puede hacer todas las cosas nuevas!

A veces la tristeza tiñe mi ánimo de gris. Penetra todos los sentidos y mata la alegría para que no crezca.

Esa tristeza no me deja ver la vida en su belleza. No me deja alegrarme con lo bueno que me sucede.

Sucumbo a ese dolor hondo que se aferra a mi alma queriéndome quitar la vida que me queda.

Detener el pensamiento negativo… pero ¿cómo?

Hay una canción, Sopla Señor, que dice: «Sopla, Señor, en mi vida yarráncame esa tristeza«.

Es ese deseo último de que Dios me arranque la tristeza que envuelve el corazón.

Tengo claro que Dios puede hacerlo si detengo ese pensamiento negativo del cual ha surgido todo. Esa sensación absurda de no estar haciendo absolutamente nada bien.

Pero no es tan fácil cambiarme a mí mismo. No logro arrancar la tristeza que no me deja ver la realidad con cierta objetividad.

La tristeza no entiende lo objetivo, navega en los mares de mi subjetividad y se dejan engañar por mis ojos que sólo ven lo que no está funcionando a mi alrededor.

Me detengo en lo que está seco, podrido, herido.

¿Por qué estoy triste?

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Hay indicios de que necesitamos una ayuda para orientar la vida profesional.

La tristeza puede estar provocada por hechos realmente malos que irrumpen en mi vida tornando en desgracia lo que era felicidad.

En esos momentos de dolor la tristeza se adueña de mi estado de ánimo. Y acabo creyendo, así me lo dice la tristeza, que nada va a salir bien a partir de ese momento.

Sin lo que he perdido ya no puedo caminar. Nunca más podré amar. Nunca más seré amado de nuevo.

Tengo hechos concretos que me demuestran esta percepción. Una pérdida, una muerte, una enfermedad, una derrota, un fracaso tienen demasiado peso en el presente que vivo.

Pensar en un futuro mejor me parece imposible. El presente tiene demasiada fuerza. Basta algo negativo para que la tristeza se erija en triunfadora.

Me dejé engañar

Y es que el mundo me ha prometido felicidades eternas que nadie ni nada podrán erradicar del alma. Y yo me lo he creído.

Pero luego veo que no es así, no me resulta todo lo que emprendo. Y la tristeza se adueña de mí como si se tratara de una segunda piel. En esos momentos creo que nada podrá sacarme de ahí.

Dejar espacio al amor

Pero tengo que detenerme, mirarme con misericordia y quererme un poco más. Como leía el otro día:

«Pero también sabía, intuía, que ese remanso de paz era temporal. Sabía que la labor no estaba terminada del todo, que mi furia, mi tristeza y mi vergüenza volverían a hacer acto de presencia, huyendo de mi corazón y volviendo a instalarse en mi cabeza. Sabía que volvería a enfrentarme a esos pensamientos, una y otra vez, hasta que lenta y decididamente cambiase mi vida entera. Iba a ser una labor ardua y agotadora. Pero en la silenciosa penumbra de aquella playa mi corazón le dijo a mi mente: – Te quiero. Jamás te abandonaré. Siempre cuidaré de ti».

Elizabeth Gilbert, Come, reza y ama

De la mente al corazón

Quiero cuidar mi mente para que mi corazón tenga paz. Quererme como soy, en mi pobreza para alegrarme por la vida que Dios me regala.

Sé que esos sentimientos negativos no son definitivos. No van a estar ahí siempre. Y sé que todo lo que siento va precedido por un pensamiento.

Cuando siento algo feo dentro del alma es porque hay un pensamiento feo y negativo que lo precede.

Tengo grabadas en mi interior frases destructivas que me han hecho mucho daño en mi vida. Algún día las oí, alguien me las dijo o yo mismo las repetí como un mantra en mi alma:

«No vales, no vas a triunfar, no podrás, no saldrás adelante, no haces nada bien, tu vida no merece la pena, no le aportas nada a nadie».

Se repiten una y otra vez en mi mente quitándome la ilusión y haciéndome creer que efectivamente no podré nunca mejorar, no seré mejor que antes, no logaré vencer en mis batallas.

Me hacen creer que no valgo para nada o que mi vida no es tan valiosa como la vida de otros. No quiero quedarme en esas ideas negativas, que me enferman.

Cómo dar paso a la alegría

Por eso me levanto de nuevo por la mañana y miro a Dios. Y le digo que ahí estoy yo de nuevo comenzando mi vida.

Le suplico que me arranque la tristeza que nubla mi alegría, que acabe con mis penas que son más fuertes que mis gozos, que me haga mirar todo en positivo y aceptar tanto lo bueno como lo malo con una sonrisa.

En cualquier derrota hay pequeñas victorias, en cualquier fracaso hay una nueva oportunidad para salir adelante.

Sonrío dentro de mi tristeza, me alegro sintiendo muy fuerte el desánimo y lucho, sí, como si todo pudiera volver a comenzar ahora desde cero.

Y es que es posible. Puede triunfar la alegría en mi corazón. Puedo alegrarme con la vida que tengo.

Puedo ser positivo y no siempre mirar la botella medio vacía. Veo que hago cosas bien. Disfruto del presente en lugar de querer llegar al mañana antes de tiempo.

Dejarme abrazar por Dios

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Vivo la vida ahora contemplando la belleza que Dios me regala. No todo ha salido mal, no todo está fallando en mi historia.

Dios puede hacer todas las cosas nuevas. Yo puedo inventarme un mundo mejor, real, con mis manos, con mi voz.

Puedo alejar la tristeza que me quita el ánimo. Puedo reírme de la vida y de mí mismo. Necesito quererme más cada mañana. Cuidarme más, dejar que Dios me abrace.

Saber que Él me mira siempre mucho mejor de lo que yo lo hago. Él sabe que dentro de mí hay una obra de arte escondida.

Me quiere como soy, dentro de mis límites y me lo repite mil veces para que no me olvide: – Eres el más valioso hijo de Dios

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