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Carta a una mujer que lloraba en la misa del Día de la Madre

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Hay mujeres que lloran ante Dios porque no pueden ser madres.

Theresa Civantos Barber - publicado el 24/05/22

"Me acabo de enterar la semana pasada de que nunca podré tener hijos”

No te vi cuando entré por primera vez en la iglesia. 

Mi hijo en edad preescolar necesitaba usar el baño justo cuando mi familia entraba a misa, así que me deslicé a nuestro banco unos minutos tarde.

Luego estaba ocupada acomodando al niño y pasándole el bebé a mi esposo. 

Fue hasta bien entrada la primera lectura cuando me di cuenta de que estabas sentada al final de nuestro banco. 

Eras una mujer hermosa, elegantemente vestida, más o menos de la misma edad que yo. Y vi una lágrima corriendo por tu mejilla.

Mi corazón se compadeció de ti inmediatamente. Pero no sabía qué hacer. No podía empezar a hablar contigo en medio de la misa.

Así que saqué un pañuelo de mi bolsa de pañales y te lo di. 

Tomaste el pañuelo, me miraste y susurraste: «Gracias». Parecía que tal vez te sentiste un poco mejor por un momento.

Luego comenzó la homilía. El sacerdote, Dios bendiga su corazón, pasó los 15 minutos completos hablando de la belleza de la maternidad. Sobre que la maternidad es un regalo. Y qué benditas son las madres. 

Y cuanto más hablaba, más llorabas.

En este punto, estaba casi a punto de empezar a llorar. Tu dolor estaba claramente relacionado con el tema del Día de la Madre.

Luego, al final de la misa, el sacerdote pidió a todas las madres que se pusieran de pie para una bendición especial.

Eso fue más de lo que podías soportar. Te sentaste a mi lado y sollozaste como si tu corazón fuera a romperse. 

Me sentí angustiada deseando que hubiera algo que pudiera hacer o decir para ayudar. Todo lo que podía hacer era orar para que Dios estuviera contigo.

Después de misa, me incliné y susurré: “No sé qué está pasando, pero aguanta. Estoy rezando por ti.»

La noticia que le había partido el alma

Dijiste: “Gracias. Me acabo de enterar la semana pasada de que nunca podré tener hijos”.

“Oh, lo siento mucho,” dije. Había tan poco que podía decir para expresar cuánto me dolía el corazón por ti…

“Tus hijos son muy lindos”, dijiste, señalando a los cuatro pequeños que se apiñaban detrás de mí. «Feliz día de la madre.» 

Luego te alejaste, todavía llorando.

Han pasado semanas desde el Día de la Madre, pero no he dejado de pensar en ti. 

Tal vez fuiste a misa ese día para encontrar consuelo en tu dolor. Qué mal que la Misa del Día de la Madre te duela tanto

Desearía poder sentarme contigo en tu sufrimiento y tomar tu mano y ser tu amiga. Como no puedo, estoy orando por ti, y por todas aquellas que como tú anhelan tener hijos.

Nunca olvidaré haberte conocido. Y no puedo dejar de esperar que mis pensamientos sobre nuestro encuentro puedan inspirar algo para enriquecer el Día de la Madre.

Tal vez la Misa del Día de la Madre podría incluir una oración sincera por quienes experimentan infertilidad, han perdido hijos o anhelan el matrimonio y la maternidad.

Quizás la bendición especial podría incluir a todas las mujeres, ya que todas compartimos el llamado de la maternidad espiritual.

Tal vez las parroquias podrían ofrecer flores en una mesa en el vestíbulo para que las mujeres las lleven a la salida si así lo desean, dejándoselas a ellas.

Probablemente nunca te vuelva a ver, ya que nos conocimos mientras yo estaba de viaje, en una iglesia lejos de mi casa. Pero conocerte cambió mi vida. 

Espero y rezo para que de alguna manera, encuentres algo que llene ese anhelo en tu corazón. Pase lo que pase, oro para que Dios te bendiga.

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