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¿El miedo te paraliza? Estas palabras de Jesús pueden cambiarlo todo

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Luchadora entrenando para un combate.

Carlos Padilla Esteban - publicado el 23/05/22

El Espíritu Santo vendrá sobre mí y calmará todos mis miedos para que no me acobarde ni me turbe

Pienso que ese Dios al que amo y que me ama es el que conduce mi vida. Esa sensación es la que me calma. La Biblia dice:

«¡Dios nos tenga piedad y nos bendiga, su rostro haga brillar sobre nosotros! Para que se conozcan en la tierra tus caminos, tu salvación entre todas las naciones.

Alégrense y exulten las gentes, pues tú juzgas al mundo con justicia, con equidad juzgas a los pueblos, y a las gentes en la tierra gobiernas.

¡Dios nos bendiga, y teman ante él todos los confines de la tierra!».

Esa confianza es la que me construye y me da la paz que necesito. Lo que desea Jesús es que no viva con miedo y angustia. Hoy me dice:

No se turbe vuestro corazón ni se acobarde

Pero mi corazón se turba muy a menudo. Los plazos se cumplen, la incertidumbre me acompaña todos los días, la sensación de impotencia se apodera de mí.

El Espíritu Santo vendrá

Quisiera vivir confiado en esa mano que me guía y tranquiliza. El Espíritu Santo vendrá sobre mí y calmará todos mis miedos para que no me acobarde ni me turbe.

Para que no tema dar la vida. Para que no me dé miedo amar y vincularme. Porque sólo el que echa raíces tendrá vida.

Necesito raíces profundas en la tierra y ramas largas que lleguen al cielo. Amar duele. Con temor lo digo siempre y recuerdo las palabras de C.S. Lewis:

«Ame cualquier cosa, y posiblemente le quebrantarán y hasta le romperán el corazón Si quiere asegurarse de mantenerlo intacto, no debe darlo a nadie, ni siquiera a un animalito».

John Eldredge,Salvaje de corazón: Descubramos el secreto del alma masculina

El que no quiere sufrir que no ame. Pero tampoco vivirá.

El poderoso fuego del amor

Y Jesús me dice que amándole a Él voy a vivir para siempre y el fuego de su amor calmará todos mis temores y me hará capaz de dar la vida y entregarme por entero.

Y me da esa paz que sólo Dios sabe dar, no el hombre que da paz imponiendo la guerra. O consigue la paz sometiendo al que se rebela, una paz impuesta por la fuerza.

Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo.

Una paz que se hace fuerte en lo hondo de mi corazón, que me quita los miedos y pacifica mis rabias y rencores.

Una paz que me lleva al encuentro de mi hermano. Esa paz es la que pido.

Y que yo sepa sembrarla a mi alrededor, con palabras, con gestos de amor y con muchos silencios llenos de respeto, nunca de indiferencia.

Ven, Espíritu

Pido en estos últimos días de Pascua que el Espíritu Santo venga sobre mí. Ya sólo quedan dos semanas para caminar por esta Pascua llenos de confianza.

Me da paz esa presencia del Espíritu que me llena de luz y alegría. No tengo miedo y confío. Me enseñará todo lo que no he aprendido. Grabará en mi corazón lo que he olvidado.

Ojalá pudiera tener el Evangelio tatuado en el alma. Vivir de acuerdo con todo lo que Jesús hizo, dijo y calló en la tierra.

No fue sólo un hombre bueno. Ni sólo hizo el bien por sus hermanos. No sólo se entregó en silencio y mansedumbre hasta dar la vida por los suyos.

Su enseñanza es más amplia. Su corazón es un corazón apasionado.

Jesús invita a luchar

Jesús no me enseñó el camino de la comodidad. No me dijo que me resignara.

Me invitó a luchar contra la injusticia y con el mal con todas mis armas, venciera o perdiera en la lucha. Comenta Teddy Roosevelt:

«Quien en el mejor de los casos conoce al final el triunfo del gran logro, y en el peor, si fracasa, al menos lo hace mientras se arriesga grandemente; por eso su lugar nunca estará con aquellas almas frías y tímidas que nunca han conocido ni la derrota ni el triunfo».

John Eldredge, Salvaje de corazón: Descubramos el secreto del alma masculina

Que no me arrepienta nunca de no haber hecho algo. De no haberlo intentado. El que no se arriesga no gana, no fracasa. El que no lucha y se esfuerza no estará feliz con su vida nunca.

No puedo vivir en la tibieza, en la comodidad, en la seguridad. No es la vida de mi corazón que tiene algo de salvaje, algo apasionado que Dios sembró.

Él me hizo así, conquistador, luchador. No me hizo pusilánime y conservador. Quiso que amara y me esforzara por dar la vida.

No le parecía justo que me dedicara a cuidarme conservando esos talentos que Él había puesto en mis manos.

Prefiere Dios mi pasión a mi dulzura tibia. Prefiere que luche antes que permanezca dormido, protegido. Así es mi Dios.

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