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¿Es lo mismo una religiosa y una monja? La respuesta puede sorprenderte

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Matilde Latorre - publicado el 12/05/22

Términos, en ocasiones mal utilizados, nos permiten descubrir el papel protagonista de las mujeres en la Iglesia, primeras testigos de la Resurrección de Cristo

¿Cuál es la diferencia entre una “monja” y una “religiosa”? ¿Son lo mismo que una “consagrada”? La respuesta a esta pregunta es mucho más trascendente de lo que podría parecer; pues permite descubrir la contribución decisiva a la que está llamada la mujer en la Iglesia, según las diferentes vocaciones de entrega a Dios.

En el lenguaje común se usan indistintamente cuatro términos: “monja”, “hermana”, “religiosa” y consagrada. Descubramos las diferencias.

1Monja

Resumiendo, una “monja” es una mujer que ha sentido la llamada a consagrar totalmente su vida a Dios en una abadía, monasterio o convento, en la vida contemplativa.

Emite (como las religiosas) los votos de pobreza, castidad y obediencia, pero, además, busca diariamente a Dios en una vida de comunidad que podría definirse, en cierto sentido, como alejada del mundo. 

Su vida está dedicada sobre todo a la oración y al trabajo, como es el caso de los monjes de los monasterios.  Estas mujeres viven su consagración a Dios en monasterios o conventos “de clausura”, es decir, en los  que no pueden convivir con otras personas. 

En el espacio de clausura, reservado a las monjas, solo pueden entrar  sacerdotes, personal médico y otros trabajadores necesarios para el mantenimiento del monasterio o convento. 

Las monjas solo abandonan la clausura para asuntos médicos o para actividades relacionadas con el monasterio.

Esta vida de consagración a Dios en un monasterio solo puede entenderse a la luz de la fe: estas mujeres entregan su vida a Dios en la clausura para poner las intenciones de la humanidad ante Dios. 

Esto explica el motivo por el cual la patrona de las misiones es santa Teresita del Niño Jesús, la joven monja de Lisieux, cuya irradiación llega hoy a todo el mundo, a pesar de que falleció a los 24 años en el convento de monjas carmelitas del que nunca salió en el norte de Francia.

Algunas de las órdenes de monjas más extendidas por el mundo son las agustinas, carmelitas, benedictinas, cistercienses, clarisas, o dominicas.

2Religiosa

Todas las monjas son religiosas, pero no todas las religiosas son monjas. Monjas y religiosas están unidas por los tres votos que hacen ante Dios y la Iglesia: pobreza, castidad y obediencia. Ahora bien, las religiosas que no son monjas no viven en la clausura de su monasterio.

Las religiosas viven su misión de anuncio de Jesús entre sus  hermanos  y hermanas.   En el lenguaje común de la Iglesia se dice que llevan una vida “activa”, en contraposición de las monjas, cuya vida es “contemplativa”.

Además de vivir diariamente una intensa vida de  oración, una religiosa entrega su vida a los demás en diferentes ámbitos, como pueden ser el de la salud, la educación, el trabajo social, la asistencia espiritual, la obra misionera, la evangelización en medios de  comunicación, el cuidado de las personas mayores, de huérfanos, etc.

Una religiosa pertenece a una congregación religiosa, una familia espiritual constituida por mujeres, como ella, que atienden uno o varios de estos sectores, según el carisma (o espíritu) de la fundadora de la congregación. 

Algunas de las congregaciones de  religiosas de vida activa más conocidas son las hermanitas de los pobres, carmelitas misioneras, franciscanas misioneras, franciscanas de diferentes carismas, las Hijas de San Pablo (o paulinas), Hijas de Jesús, Hijas de María Auxiliadora. 

3Hermana

El concepto de “hermana” es más amplio, no es técnico. En general, en la iglesia se aplica familiarmente a las mujeres que han consagrado su vida a Dios y que no son superioras de una comunidad, en cuyo caso suelen ser llamadas “madre”. 

Alguien más rigorista podría argumentar largo y tendido sobre la diferencia entre las dos, pero la mayoría de las hermanas se refieren a sí mismas como “monjas”; y la mayoría de las monjas se llaman “hermanas” entre ellas. Así que, aunque hay diferencias, a la mayoría de las religiosas no les importa el término.

Muchas mujeres consagradas en congregaciones y órdenes religiosas tienen todavía hoy la costumbre de asumir un nuevo nombre el día en el que profesan los votos de pobreza, castidad y obediencia o en el que entran a formar parte de la comunidad religiosa.

En muchos casos se  les suele llamar “sor María”, “sor Clara”…  El término “sor” procede de la contracción de la palabra latina “soror”, que quiere decir “hermana”; y que se aplica tanto a monjas como a religiosas en general. 

Una aspirante es alguien que vive durante un tiempo con una comunidad para ver si se siente atraída por esa vida y cómoda con esa comunidad, además de para que la comunidad la evalúe también. Algunos lugares llaman a esta etapa “pre-postulantado”.

Otros términos  complicados

Si bien los términos pueden cambiar, en las órdenes y congregaciones religiosas se atribuye un término a los diferentes pasos que da una mujer que decide consagrarse a Dios.

El primer paso es el de postulante. Se trata de una mujer que quiere consagrarse a Dios y queya se ha mudado formalmente a la comunidad y vive en ella, aunque continúa en una fase de “interrogación”, un periodo de intensa meditación para definir su vocación.

Según la comunidad, el postulantado dura de seis meses a un año, y durante ese tiempo es posible que se la llame “hermana”, o no. Este hecho y el que la postulante lleve o no algún tipo de uniforme o respete un simple código de vestimenta depende de cada comunidad.

Una novicia (del latín novicius, nuevo o reciente) es una postulante que ha sido recibida formalmente dentro de la comunidad. Podría decirse que es una principiante.

El noviciado —normalmente (pero no siempre) de dos años— da comienzo a un periodo de intensa formación y estudio, de una profunda experiencia de la oración que irá acompañada de una formación tanto canónica como apostólica.

Si la comunidad lleva hábito y adopta nombre de religión (algunas hacen las dos cosas, otras ninguna; y algunas comunidades lo dejan a elección personal de la hermana o monja). Todo suele suceder (aunque no siempre) a la entrada en el noviciado, y la hermana asumiría el velo blanco.

Algunas comunidades permitirán el cambio de nombre al empezar el noviciado, pero retrasan el hábito hasta profesar los primeros votos, o viceversa.

Puesto que el noviciado aún se considera parte de una fase de discernimiento en la vocación, la novicia es libre de abandonar la comunidad en cualquier momento (y, claro está, también se le puede aconsejar que abandone  la vida religiosa por considerar que no es apta para ella).

Los primeros votos se realizan cuando la novicia ha completado el noviciado, ha solicitado admisión formal a los votos y los miembros de votos perpetuos; y la dirección de la comunidad han discernido en ella una vocación auténtica para su orden o congregación.

La novicia realiza unos votos “simples”, que son vinculantes por la ley canónica durante un periodo de tiempo específico; normalmente de tres a cinco años, a veces más.

Se la considera ahora una miembro de “profesión temporal” en la comunidad y puede trabajar en un apostolado y firmar usando la abreviatura correspondiente a su comunidad.

La profesión temporal aún es un periodo de discernimiento, así que una religiosa todavía puede solicitar la separación; pero como los votos son canónicos, requiere un proceso más formal.

Los votos finales (o perpetuos; en el monacato se denomina “profesión solemne” se realizan cuando la religiosa profesa sus votos de por vida como miembro de la comunidad.

En la mayoría de los casos, firma su declaración de votos en el altar y lo muestra ante los presentes. Se trata, por tanto, de votos canónicos, reconocidos oficialmente por la Iglesia.

En este momento ya es una religiosa de votos perpetuos, en cierto sentido, ya es una “profesional” de la vida religiosa. Y como en cualquier profesión, la formación es continua y dura toda la vida.

Vocación de la mujer

Estos términos, más o menos familiares, esconden, sin embargo, algo poco comprendido: el papel protagonista de la mujer en la Iglesia. 

Los Evangelios dejan muy claro que las mujeres fueron las primeras testigos de la Resurrección de Jesús.  Las mujeres que seguían a Jesús fueron las primeras que acudieron a su tumba y las que después anunciarían por el mundo su Evangelio. 

La historia de la Iglesia durante más de veinte siglos no puede entenderse sin el papel protagonista de estas mujeres.

Cuando hablamos de “monjas”, “religiosas”, “laicas consagradas”, “vírgenes consagradas”, o de “hermanas”, en general, no estamos haciendo otra cosa que describir diferentes caminos de vida con los que mujeres de todos los continentes siguen totalmente a Dios  y entregan su vida por la humanidad. 

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