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El Papa Francisco a 12 presos: «Jesús lava los pies a quien lo traiciona»

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© Vatican Media

Ary Waldir Ramos Díaz - publicado el 14/04/22

Jueves Santo. Coena Domini. El Papa ha regresado al Vaticano después de su visita en el Centro Penitenciario de Civitavecchia.

12 presos fueron los protagonistas del lavado de pies que el Papa Francisco realizó esta tarde, 14 de abril de 2022, de forma privada.

Francisco presidió el tradicional rito del Jueves Santo en el Centro Penitenciario de Civitavecchia, Lacio, que se encuentra a 67 kilómetros de distancia del Vaticano.

El Papa ha iniciado el rito a las 16:00 hora de Roma y salió de la cárcel tres horas después de su llegada. Informó el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Matteo Bruni. El Vaticano ha facilitado algunas imágenes significativas de la visita privada. El Papa que sufre de un dolor a la rodilla derecha que se agacha para cumplir el gesto.

En la homilía, habló del lavatorio de los pies. Algo que parece «una cosa extraña» en este mundo: «Jesús lavando los pies del traidor, del que le vende«.

«Y ahora, intentaré hacer lo mismo que hizo Jesús: lavar los pies. Lo hago de corazón porque los sacerdotes debemos ser los primeros en servir a los demás, no en aprovecharnos de otros. El clericalismo a veces nos lleva por este camino. Pero debemos servir. Este es un signo, también un signo de amor para estos hermanos y hermanas y para todos los que estáis aquí; un signo que significa: «Yo no juzgo a nadie». Intento servir a todo el mundo».

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El Papa Francisco añadió: «Jesús nos enseña esto, sencillamente: hay que lavarse los pies unos a otros […] uno sirve al otro, sin interés: qué hermoso sería si fuera posible hacer esto todos los días y a todas las personas.» Servir -continuó el Papa- es que Jesús le diga «amigo» al traidor, esperándolo hasta el final, perdonando todo: «¡Dios perdona todo y Dios siempre perdona! Somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón«. Cada uno de nosotros -dijo el Papa- tiene algo que ha estado en su corazón durante mucho tiempo, pero pide perdón a Jesús». Y recordó: «Hay un Señor que juzga, pero es un juicio extraño: el Señor juzga y perdona». Y concluyó exhortando a seguir, con «el deseo de servir y perdonarse».

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Francisco repitió el gesto de Jesús durante la Última Cena tras la homilía, cuando el Señor lavó los pies de sus discípulos.

El Papa realizó el gesto hacia 12 presos, hombres y mujeres, entre los que se encontraban personas de diferentes edades y nacionalidades.

Al final, el director de la prisión dio las gracias al Papa y le ofreció una estampa del antiguo puerto de Civitavecchia. Además le regaló algunos productos de la huerta cultivados por los internos y algunos trabajos realizados por el personal y los reclusos.

También el Papa saludó brevemente a unas cincuenta personas que representaban a los reclusos, funcionarios y personal de la prisión. Antes de la noche regresó a la Casa Santa Marta.

El gesto y el agradecimiento

Con el gesto del lavatorio de los pies en la cárcel  de Civitavecchia, un lugar simbólico de la fragilidad humana, el Papa transmitió el mensaje de «cercanía y esperanza» a los reclusos.

Un gesto dirigido a las personas que, por el error cometido, encarnan la debilidad y la fugacidad de la existencia humana. 

El sacerdote Raffaele Grimaldi, Inspector de los capellanes de las prisiones de Italia, manifestó su agradecimiento al Papa; especialmente por haber elegido, una vez más, una periferia existencial.

Desde el inicio de su pontificado, el Papa ha celebrado la misa del Jueves Santo fuera del Vaticano, visitando cárceles o centros para refugiados. El año pasado celebró el evento con el cardenal Angelo Becciu, en el apartamento privado del cardenal italiano. 

Grimaldi comentó el gesto del lavatorio de los pies; evoca, cada vez, esa posibilidad de experimentar el abrazo de Dios Padre hacia sus hijos encarcelados.

Asimismo, recuerda a todos que Dios Padre, al hacerse prisionero del amor, no niega «el derecho a la esperanza, el derecho a recomenzar”.

«No son los sanos los que necesitan al médico, sino los enfermos», cita el Evangelio padre Grimaldi.

«El lavatorio de los pies no es un rito» que se repite monótonamente, «sino que es un acto de gran humildad». 

«Hoy estarás conmigo en el Paraíso».

A pesar del cansancio físico y de los sufrimientos interiores, el Papa no se cansa de recorrer caminos polvorientos «para ir a buscar lo que se ha perdido».

El Papa no se avergüenza de ensuciarse las manos para lavar los pies de los muchos Judas condenados por la justicia humana, pero salvados por la Misericordia de Dios, comentó el sacerdote que acompañó al Pontífice.

Así, comentó el gesto el supervisor de los capellanes de las prisiones de Italia. El Cristo sufriente «no vino por los justos sino por los pecadores».

La visita del Papa a la cárcel de Civitavecchia ha sido un bálsamo de consuelo para la Iglesia. De esta manera, el Papa ha podido enjugar las muchas lágrimas de la soledad humana; un modo de abrir a la confianza y a la esperanza los corazones sufrientes de los encarcelados.

Se trató de un recordatorio de que nadie puede quedar solo en un mar tempestuoso. Y es precisamente desde la colina del Calvario donde Cristo crucificado lanza un reto de Esperanza al buen ladrón: «Hoy estarás conmigo en el Paraíso».

Antes de Francisco, el Papa Juan Pablo II realizó una visita pastoral al establecimiento penitenciario de Civitavecchia el 19 de marzo de 1987.

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