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El testimonio de la huida de Mariupol: Eran enterrados como gatos o perros…

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AP/Associated Press/East News

Mariupol

Alvaro Real - publicado el 06/04/22

"Las personas muertas por las bombas yacían en las calles. Mariupol es un cementerio, una tumba junto a la tumba, en las calles, en los patios… "

María logró escapar de Mariupol a Leópolis. La edición polaca de Aleteia ha podido entrevistarla desde la casa religiosa de los Salesianos, donde se ha refugiado: «Nadie sabrá nunca exactamente cuántas personas murieron».

María cuenta cómo fue el comienzo de la guerra: «Cortaron la calefacción, luego el agua y la luz, y luego el gas. Nos privaron de cualquier comunicación».

En su relato muestra que la temperatura era de -8 grados y que sobrevivían encendiendo «fuego sobre las piedras para calentarnos y cocinar cualquier cosa».

«No había agua, ni pan, nada, al menos en el barrio donde yo vivía. Íbamos al río a sacar agua del retrete y traíamos agua potable del pozo que está al lado de la iglesia. Todo esto sucedió durante el bombardeo, pero no teníamos otra opción».

Lo explica María que se conmueve al recordar lo que vio: «Las personas muertas por las bombas yacían en las calles».

«Fueron enterrados como gatos o perros… donde pudieron», afirma María que denomina a su ciudad como un «cementerio»: «una tumba junto a una tumba, en las calles, en los patios traseros…».

El miedo de los bombardeos

María explica que los bombardeos fueron día y noche: «Todo cayó sobre nuestras cabezas».

«Al principio del bombardeo nos escondíamos en nuestros departamentos, en las esquinas, en el ascensor, algunos en el sótano, pero no estaban adaptados para refugiarse en ellos, porque si la casa se derrumbaba, nadie podría salir«.

El pánico se apoderó de ellos: «el estallido de una bomba hizo explotar la puerta de nuestros vecinos».

Cuenta, con dolor, algunas de las imágenes vividas. Como la de la familia de un amigo. Intentó salir para ir a casa de sus suegros. Todo ocurrió cuando salían: «Mientras daban unos pasos, cayó una bomba». Cinco personas murieron, incluido un niño de 2 años y medio.

El miedo era tal que no sabían qué hacer. A veces era mejor salir que quedarse en casa. María lo cuenta aún impresionada.

Su vecino trabajaba en emergencias.

«Conducía «bajo las bombas» todos los días y no le pasaba nada. Un día, cuando se intensificaron los bombardeos, se quedó en casa y, bajo el efecto de un fuerte estallido de bomba, murió en su apartamento, aplastado por el techo del edificio».

Otros ejemplos:

«El hijo de nuestro vecino y su esposa fueron a la escuela a cargar el teléfono, y una bomba cayó en la escuela durante ese tiempo. Él perdió los dedos de las manos y los pies. Ella murió».

María decidió escapar y lo consiguió

Se arriesgó y bajó a un sótano. Allí los soldados ucranianos les avisaron. Tenían dos opciones: huir o morir bajo los escombros. Tenían razón. Menos mal que salieron. Al día siguiente bombardearon todo el edificio.

«Cuando salimos del sótano, eran las 5 de la mañana y corríamos en medio del fuego. Las casas estaban en llamas y la gente gritaba: «¡Ayúdanos, ayúdanos!» . La situación era dramática. Escaparon 15 o 20 personas. Los más mayores no podían correr y tuvieron que regresar. Entre los que escapan, caían y se levantaban llevando lo que podían con ellos».

María no puedo llevarse nada. Todo quedó en el apartamento (sus recuerdos, las fotos de sus seres queridos, todo…).

Corrió hacia el centro de la ciudad. De ahí hacia la zona del mar y allí, donde no había bombardeo esperaron 24 horas hasta que un autobús las llevó al puerto del Mar de Azov.

De allí salieron a Zaporizhia. Fueron recogidos en un jardín de infancia. Nunca sabrá agradecer tanta ayuda:

«Allí nos recibieron muy calurosamente, nos alimentaron con mucho amor y nos dieron ropa».

Tras pasar por Vinnitsa, viajaron a Leópolis. 10 días de huída en un viaje normalmente dura 8 horas.

«Actualmente, Mariupol, la ciudad de los héroes, se llama la ciudad de los muertos. Nos gustaría seguir viviendo en nuestra ciudad con nuestros seres queridos, pero ahora, aunque es una ciudad de héroes, allí no hay nada».

Reflexión ante el dolor

Tras su periplo, realiza algunas reflexiones aún con el dolor en su alma:

«No puedo odiar a Rusia (crecí allí, trabajé allí, mis familiares están allí) ni a Putin. Odio su poder: ¡es como Napoleón! Me sorprende que en 8 años nadie haya podido encontrar la manera de cambiarlo. Estoy avergonzada de esta situación, estoy preocupada por mis familiares que viven en Rusia, ¿qué les pasará?».

Sus últimas reflexiones son de respeto, perdón y reconciliación:

«No debe haber guerra en ninguna nación . Debemos mostrarnos respeto, amabilidad, no importa si es un ruso o un ucraniano, un polaco o un alemán…».

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