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El deseo de vivir: así lo encuentran Samuel y otros en la Biblia

Nadino | Shutterstock

Luisa Restrepo - publicado el 11/01/22

Mirando a jóvenes y ancianos que han perdido el entusiasmo por la vida, surge la pregunta: ¿cuál es la motivación que nos permite seguir?

Nuestra vida continúa si tenemos una motivación. Cuanto más fuerte sea esta motivación, más capaces seremos de afrontar incluso los obstáculos que inevitablemente encontramos en nuestro camino.

Lo pensé mirando a los ancianos que, en ocasiones cuando se sienten abandonados o descuidados, pierden todo el entusiasmo por la vida y se dejan morir.

Pero también pensaba en los más jóvenes que ya no tienen deseos porque básicamente están satisfechos.

Por eso me gusta pensar en Samuel, un joven que no se conforma:

“En aquellos días, Samuel estaba acostado en el templo del Señor, donde estaba el arca de Dios.

El Señor llamó a Samuel, y él respondió: «Aquí estoy». Fue corriendo a donde estaba Elí y le dijo: – «Aquí estoy; vengo porque me has llamado». Respondió Elí: – «No te he llamado; vuelve a acostarte». Samuel volvió a acostarse.

Volvió a llamar el Señor a Samuel. Él se levantó y fue a donde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy; vengo porque me has llamado». Respondió Elí: «No te he llamado, hijo mío; vuelve a acostarte». 

Aún no conocía Samuel al Señor, pues no le había sido revelada la palabra del Señor. 

Por tercera vez llamó el Señor a Samuel, y él se fue a donde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy; vengo porque me has llamado».

El comprendió que era el Señor quien llamaba al muchacho, y dijo a Samuel: «Anda, acuéstate; y si te llama alguien, responde: «Habla, Señor, que tu siervo te escucha»».

Samuel fue y se acostó en su sitio. El Señor se presentó y le llamó como antes: «¡Samuel, Samuel!» Él respondió: «Habla, Señor, que tu siervo te escucha».

Samuel crecía, y el Señor estaba con él; ninguna de sus palabras dejó de cumplirse”.

Samuel 3, 3b-10-19

Despierta

Al inicio, aún no es capaz de reconocer la invitación que el Señor le dirige. Sin embargo, esa voz que lo llama por su nombre lo lleva a incomodarse, a despertar del sueño, lo empuja a preguntar.

A través del profeta Elí, Dios encuentra la manera de llegar a su corazón. Todo gracias a su disponibilidad e inquietud: «no dejó que una sola palabra quedara vacía» (1 Sam 3,19).

A veces, en cambio, preferimos quedarnos dormidos. Somos perezosos incluso en la vida del Espíritu, preferimos no ser molestados.

Pero de esta manera perdemos la posibilidad de ser tocados por la gracia de Dios que nos pone en camino y nos cambia el corazón.

Levántate y ponte en camino

La actitud de Samuel nos muestra que quien está atento es un buscador.

Si te dejas incomodar, si estás buscando algo, es porque lo echas de menos, porque lo necesitas.

Incluso si aún no sabes exactamente qué es, puedes responder y ponerte en actitud de escucha.

Sin embargo, si no nos levantamos, si no nos ponemos en marcha, las palabras que escuchemos quedarán vacías.

Un encuentro que cambia

El encuentro con el Señor cambia. Samuel se quedó con Él y abrió su vida a para que la voluntad de Dios se cumpliera en su vida.

Luego serán dos personajes del Nuevo Testamento, que, abiertos a la gracia, seguirán la misma dirección: María de Nazaret contestando al ángel «hágase en mi según tu palabra» (Lc 1,38) y Pablo, con su disponibilidad total a Cristo: «¿qué tengo que hacer?» (Hch 22,10).

Que en este nuevo año que comienza, de todos ellos aprendamos la escucha, el ponernos en marcha y la actitud de aconsejar a los demás cuando lo necesitan.

Nunca sabemos cuándo puede ser eficaz nuestra palabra o nuestro ejemplo. Elí supo recomendar a Samuel el camino bueno.

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