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Cuando la noche de Navidad te cambia la vida

Marinella Bandini - publicado el 24/12/21

La Navidad de 1886 cambió para siempre la vida de una joven de 13 años, que luego se volvió santa: Teresa de Lisieux

Se dice que la Navidad es la época de los milagros… La Navidad de 1886 cambió para siempre la vida de una joven de 13 años, que luego se volvió santa: Teresa de Lisieux.

Ella misma cuenta que recibió en esa noche santa «la gracia de la completa conversión»: el paso de una fe infantil a una fe madura.

«La noche de mi alma»

Esto es lo que sucedió: después de la misa de la noche regresó a casa anticipando la alegría de abrir los regalos. Pero al entrar, oyó a su padre quejarse de esa tradición: «Espero que sea la última vez» y rompió en lágrimas.

Pero en ese momento algo saltó en ella: se secó las lágrimas, y corrió a abrir los regalos como la niña más feliz del mundo.

Jesús, el dulce niñito cambió la noche de mi alma en torrentes de luz.

En ese momento, Teresa reencontró el ánimo que había perdido con la muerte de su madre.

En esta noche, en la que él  se hizo débil y doliente por mi amor, me hizo a mí fuerte y valerosa.

A partir de entonces Teresa definió este episodio su  «milagro de Navidad» a partir del cual empezó la «parte más hermosa» de su vida.

El Magnificat que cambió una vida

Ese mismo día de Navidad de 1886 en el corazón de París, el Niño Jesús tocó el ánimo del joven Paul Claudel, uno de los más grandes poetas franceses.

Nacido en una familia lejana a la fe, Claudel pronto experimentó inquietud e insatisfacción por la cultura positivista en que estaba inmerso.

El 25 de diciembre de 1886 Claudel, que se definía ateo, entró en la catedral de Notre-Dame para la celebración de las Vísperas.

Con el canto del Magnificat, su vida cambió:

En un instante, mi corazón fue tocado, y yo creí: Dios existe, ¡está aquí! Es alguien, es un ser personal como yo. ¡Me ama! ¡Me llama!

Ese día se abrió para él un tiempo de reflexión, lleno de obstáculos y preguntas pero siempre de búsqueda apasionada de Dios.

Otra Navidad, la de 1890, Claudel entró nuevamente en Notre Dame para confesarse y recibir la Comunión por segunda vez.

Otras Navidades y otros milagros

Otras Navidades y otros milagros han marcado la vida  de grandes santos.

La de 1252 fue la última Navidad de santa Clara de Asís. Al estar enferma no podía participar en las celebraciones.

Pero de repente en una visión oyó los cantos y las oraciones y contempló el pesebre, uniéndose a la celebración de los frailes.

También san Bernardo de Claraval todavía niño, tuvo una visión de la Natividad de Cristo la noche de la vigilia de la Navidad.

Santa Faustina Kowalska tuvo una visión del pesebre y del Niño Jesús, la noche de la Navidad de 1937.

La vigilia de la Navidad de 1856 el beato Antoine Chevrier estaba en oración frente al pesebre cuando tuvo una revelación: decidió dedicar su vida y su ministerio sacerdotal a los pobres, haciéndose pobre él mismo. Más tarde fundó la Obra de la Providencia del Prado.

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