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¿En qué se parecen la Navidad cristiana y Saturnalia?

Enrique Anrubia - publicado el 19/12/21

Prácticamente en nada. Los cristianos no van solo a celebrar el cumpleaños de su Dios, van a celebrar el cumpleaños de todo el mundo

No hace mucho se me ocurrió ingenuamente preguntar a mis alumnos si alguien sabía qué se iba a celebrar realmente en Navidad. Una alumna, casi o más ingenua que mi pregunta, contestó: “Saturnalia”. Sin duda, no sabía lo que decía aun diciéndolo y aun creyendo que sabía lo que decía.

Y no lo sabía porque si le llego a repreguntar pidiéndole que me explicase mínimamente los ritos, fechas y siglos en que se celebraban los rituales a favor de Saturno, quizás ni me los sabría decir. Posiblemente ni quién era Saturno en la jerarquía de los dioses romanos. 

No lo sabía porque quizás no sabría que eran originariamente del 17 al 19 de diciembre, y sólo dos siglos después recayeron y se ampliaron al 23. No lo sabía porque igual ni sabría de qué era dios Saturno, cuál era su homólogo griego y qué relación tenía Saturno con los otros dioses.

No sabía lo que decía porque resulta cuanto menos extraño que una chica del siglo XXI celebre una festividad agraria del imperio romano, cuya religión era una versión infrecuente de la religión griega y que además simbolizaba lo que más odian aquellos que odian la Navidad Cristiana: la religión de imperio colonialista invasor.

Y no lo sabía porque para celebrar algo hay que celebrarlo en grupo y no veo a nadie en nuestra sociedad vestirse de romano y hacer lo que aquellos romanos hacían en su época (ritos que además fueron cambiando). 

Pero, sobre todo y más que nada, no sabía lo que decía porque ni siquiera sabía que los primeros que sabían lo de Saturnalia eran los propios cristianos que decidieron por muchas razones situar en esa fecha el nacimiento de su Dios hecho hombre. Hay mucha osadía e ignorancia unida, y esa alumna, ingenua y, quizás algo mal pensada contra el cristianismo, solo era un ejemplo más. 

Lo que sí le dije es esto: Los primeros estudiosos seculares de la religión, antropólogos, ateos y de pensamiento de izquierda, explicaron muy claramente dos ideas que a veces se les olvida a mucha gente de la sociedad del bienestar occidental. L

a primera es que la base primaria de toda cultura es religiosa. Desde el inicio del homo sapiens, no hay cultura sin hecho religioso.

La segunda, es que las culturas se formatean tomando préstamos culturales de otras religiones (lo llamaron “inculturación”) tal y como una mezquita se puede construir sobre una iglesia cristiana o al revés. Eso hicieron los romanos con los griegos o los musulmanes con Santa Sofía. Es habitual y bien conocido. Tanto se cansaron de decirlo que hoy casi nadie lo sabe. 

Nosotros también asumimos costumbres de otras culturas, el caso más conocido y que los sociólogos dicen que ha sido el más rápido, le dije a mi alumna, es curiosamente el Black Friday (porque decir Viernes Negro, queda poco comercial).

A esta alumna le hubiese bastado leer el Jesús de Nazaret de un tal Joseph Ratzinger para entender que los cristianos ya sabíamos lo de Saturnalia y otras muchísimas inculturaciones. En el texto original (a la alumna le habría bastado leer las primeras páginas de los evangelios: esos textos que muchos creen saber lo que dicen sin haberlos hojeado siquiera) no aparece una fecha.

Pero más allá de saber si esa alumna se viste de romana, da regalos a desconocidos o le obliga al rey o a los ricos aristócratas a servirla (asumiendo que ella tuviese el estatuto de esclava romana y de que la esclavitud siguiera vigente), más allá de saber si alguien ha visto eso en una sociedad contemporánea, más allá incluso de si los cristianos (desde los primeros a los actuales) ya lo sabían y estuviesen cristianizando una costumbre pagana, más allá de eso y aun con eso, la pregunta que le lancé sigue en pie: ¿Qué se iba a celebrar realmente en Navidad? Porque si realmente solo es una versión matizada de una costumbre romana, o si solo es un envoltorio distinto para taparla, no es de suyo muy interesante.

Me parece que los cristianos quisieron darle una fecha concreta a aquello que era algo más que un simple rito sobre la recogida de la siembra.

Muchos dioses tenían fechas y rituales en sus calendarios. Pero los cristianos quisieron darle algo especial y muy humano su Dios: una fecha de cumpleaños. Algo que ningún dios romano tenía, algo muy humano y que ni en broma ni ingenuamente se le parece a los ritos de Saturno. Ni los tapa, ni los asume, ni se les asemeja.

Ni siquiera los regalos de los magos de Oriente (que por ser de Oriente no eran romanos) o las ofrendas de los pastores, tenían relación alguna con los regalos de Saturnalia. Los cristianos empezaron a regalar por cosas distintas. 

Me parece que en ese cúmulo de despropósitos, ignorancias académicas teñidas de falsa sabiduría, osadías de quien se cree falsamente sabio, ocultan a ojos del propio cristiano lo novedoso de la propia Navidad. Y esa novedad es un misterio para el propio cristiano: Dios se hace un niño y nace de un vientre humano y vive las vivencias de todo humano como humano. Los lloros de hambre o frío de ese niño no son maravillosos, sino tan humanos como los de cualquier otro niño. 

Cuesta de verdad creer, si uno se detiene un momento a meditarlo, que ese Niño es Dios. El esfuerzo de creerlo es el mismo asombro de que lo sea. Dios hecho niño es algo impensable por increíble, y solo creíble porque es real. Es algo así como aquella historia que es tan increíble que solo puede ser verdad o no puede serlo de ninguna de las maneras: no hay medias tintas. O es real o no es nada: no puede ser a medias.

Pero si es real no deja de ser increíblemente real. No es que esté más allá de toda lógica o razón, sino que la razón y la inteligencia (lo que los cristianos llamaban “corazón”) se amplían al darnos cuenta que es posible lo que creíamos que no. Porque Dios encarnado en Niño va a hacer algo aún más impensable, y que, a aquella alumna mía ni se le pasaría por la cabeza. Por eso ni siquiera la Navidad cristiana “incultura” algo de otra cultura (romana, griega o mesopotámica).

Los cristianos no van solo a celebrar el cumpleaños de su Dios, van a celebrar el cumpleaños de todo el mundo (de todo el mundo de Dios, se podría decir). Porque la encarnación de Dios va a verse con la posibilidad de que todo el mundo puede encarnarse y unirse en ese Dios. Es exactamente eso lo que los cristianos dicen cuando hablan de estar llamados a ser otro Cristo. Esa segunda encarnación es tan increíble como la primera. Y porque la primera entonces la segunda. Maravillarse del nacimiento de Dios es maravillarse del nacimiento de Dios en cada uno de nosotros

Resulta pues, y esto tan milagroso como lo primero, que esa encarnación de Dios llama a sus seguidores por el nombre de ese niño: cristianos. Los cristianos están llamados a ser una segunda encarnación de Dios, a ser ese Niño, a vivir en una Navidad permanente y a ver la vida como un regalo y un nacimiento. La Navidad no se agota para los cristianos el 25 de diciembre, sino que sigue en la celebración de cada nacimiento (el nuestro incluido) al que asistimos: Cristo nace y renace, para los cristianos, en cada vida. Vidas tan concretas y particulares y reales como la de ese Niño. Y es por eso y quizás, por lo que siglos después la tradición cristiana quiso darle una fecha donde celebrar ese cumpleaños, y posteriormente San Francisco recrearlo bajo la forma teatral de un Belén. 

Quizás los judíos no le daban mucha importancia a la fecha concreta del nacimiento porque no se cuenta en los textos (no así, por ejemplo, a la presentación en el templo). Pero los cristianos entendieron posteriormente que en ese día había comparecido algo nuevo que refundaba qué significaba nacer y encarnarse.

Los cristianos le dieron a Dios una fecha, porque Dios era uno de ellos. Más: eso mismo es lo que hizo que entendieran que ahora ellos continuaban en sus carnes aquella maravillosa y sorprendente Encarnación. Somos, con nuestros cumpleaños, la segunda (aunque más una continuación) de la Encarnación de ese Niño Dios de nombre Jesús, apodado el Cristo.

Si eso es una variación cultural de los Saturnalia, que vengan y me lo expliquen de nuevo.

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