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¿Qué hace el Vaticano en las Naciones Unidas?

El arzobispo Gabriele Caccia entrega el premio "Path to peace" al secretario general de la ONU, António Guterres.

Fundación Path to peace

El arzobispo Gabriele Caccia entrega el premio "Path to peace" al secretario general de la ONU, António Guterres.

Jesus Colina - Miriam Díez Bosch - publicado el 11/12/21

Entrevista con el arzobispo Gabriele Giordano Caccia, observador permanente de la Santa Sede ante la ONU.

¿Qué hace la Santa Sede en las Naciones Unidas? La presencia del Vaticano como miembro observador permanente en esta institución permite al Papa dar voz a los dramas y preocupaciones de millones de personas. De otro modo, muchas de estas instancias habrían quedado sumidas en el olvido.

Así lo expresa en esta entrevista el arzobispo Gabriele Giordano Caccia, observador permanente de la Santa Sede en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York.

Nacido en Milán, de niño no podía imaginar un destino como éste: llevar la voz del Papa a la asamblea de las naciones. 

En calidad de observador permanente en las Naciones Unidas, la Santa Sede tiene derecho a voz, pero no a voto ante esta asamblea. Por una parte, puede hacer que resuene la voz de los valores cristianos ante los representantes de los países; por otra, no participa en votaciones, que podrían llevarle inevitablemente a asumir un papel estrictamente político. 

Estas son las confidencias que ha querido compartir con Aleteia este nuncio apostólico, que anteriormente ha servido a Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco en la Secretaría de Estado del Vaticano, así como nuncio apostólico en El Líbano y Filipinas. 

–¿Cómo se vive y se comunica la alegría del Evangelio en las Naciones Unidas?

–Arzobispo Gabriele  Caccia: A las Naciones Unidas llegan los dramas y los grandes problemas del mundo actual, pero también las aspiraciones más profundas de la humanidad. En el diálogo y el respeto, en la comprensión y la escucha, se abre el camino para compartir la buena noticia de la cercanía de Dios y la solidaridad fraterna, que puede animar una profunda amistad social para afrontar los retos globales.

En el diálogo y el respeto, en la comprensión y la escucha, se abre el camino para compartir la buena noticia de la cercanía de Dios y la solidaridad fraterna

–La misión del representante papal en las Naciones Unidas: ¿promover la agenda del Papa en un entorno que no siempre lo acepta?

–Arzobispo Gabriele  Caccia: La misión de la Iglesia encuentra la misma aceptación o rechazo que el propio Señor experimentó y de la que habló a sus discípulos. En realidad hay mucho respeto y atención por las posiciones de la Iglesia y del Santo Padre, sobre todo porque se apoyan en el trabajo silencioso y concreto de las muchas realidades eclesiales arraigadas  en todo el mundo, y en particular en los países más pobres, donde buscan aliviar el sufrimiento y las heridas de la humanidad, así como alentar la esperanza y el compromiso por un mundo más justo, fraterno y también reconciliado.

–¿Cómo es posible  ser arzobispo y diplomático sin dificultades?

–Arzobispo Gabriele  Caccia: No se trata de no tener dificultades, sino de intentar hacer lo correcto, asumiendo posiblemente las consecuencias que puedan surgir, pero con un enfoque que busca crear «puentes» y no «diafragmas», respetando siempre la libertad y la responsabilidad de cada persona.

Crear «puentes» y no «diafragmas», respetando siempre la libertad y la responsabilidad de cada persona.

–El Papa parece tener una agenda centrada en la migración y las personas vulnerables, el cuidado de la naturaleza, la paz y el desarme. ¿Es esto así, o son los medios de comunicación los que amplifican estos temas?

–Arzobispo Gabriele  Caccia: La agenda del Santo Padre es mucho más amplia, pero ciertamente se dan coincidencias e interacción recíproca con muchos de los temas que las Naciones Unidas promueven en diferentes circunstancias, ya sea con la presentación de cuestiones pendientes de larga data o ya sea con muevos desafíos ligados a la evolución de la sociedad.

–¿Qué es lo que más aprecian de la Santa Sede los países con los que dialoga? 

–Arzobispo Gabriele  Caccia: Habría que plantearles la cuestión, pero creo que hay probablemente dos aspectos que suscitan respeto y consideración: la perspectiva universal inherente a la «catolicidad» y la libertad de no estar atado a ningún «grupo», por intereses económicos, militares, geopolíticos, sino anclado en valores profundamente humanos, fundados en la dimensión trascendente de la persona y, por tanto, capaces de dirigirse a todos y a todas las dimensiones del ser humano.

–La  Santa Sede ha concedido la edición de este año del premio Path to Peace al secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres. ¿Qué se ha querido subrayar con esta iniciativa?

–Arzobispo Gabriele Caccia: El premio, que se suspendió el año pasado a causa del Covid, pretendía conmemorar el 75º aniversario de la fundación de las Naciones Unidas, reafirmando el papel decisivo que esta organización desempeña para la paz, el desarrollo, los derechos humanos y la legalidad en el mundo actual. 

El premio al secretario general consolida una tradición, ya que el primero se concedió en 1993 al entonces secretario general, Boutros Ghali, y luego, en 2000, a Kofi Annan. 

Tampoco debemos olvidar la significativa audiencia del Papa Francisco con el Secretario General António Guterres en el Vaticano y su inédito pero importante mensaje conjunto con vistas a las celebraciones del 75º aniversario de la Organización, que tuvo lugar justo antes de Navidad, el 20 de diciembre de 2019.

–Cuando era niño, ¿se imaginaba que un día se encontraría en una sede tan influyente como ésta, en Nueva York, defendiendo los valores del Evangelio?

–Arzobispo Gabriele Caccia: Ciertamente no. Ni de niño, y mucho menos de adulto. Básicamente, he confiado mi vida al Señor y es Él quien me envía donde quiere, a través del discernimiento de la Iglesia.

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