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Espiritualidad
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Por qué me dejo la piel en un lugar del que me iré

Carlos Padilla Esteban - publicado el 23/11/21

¿Cuál es mi sitio? ¿Para qué he venido? Dios tiene todas las respuestas a las preguntas sobre mí

Tengo un lugar en el mundo que habito. Una tierra santa que es mía y en ella echo raíces. Un hogar, un oasis, un mar propio, una barca, una casa, un corazón, un espacio sagrado, un paisaje, un camino.

Tengo una tierra con sus montañas, sus árboles y jardines, sus ríos y sus tormentas, su calor y su viento.

Un espacio con su gente que es mi gente. Diferente y tan igual. Los mismos miedos, las mismas alegrías. Corazones grandes y nobles.

Miradas llenas de esperanza, a veces de incertidumbre. Voces altas o silenciosas, tranquilas o agitadas, malsonantes o educadas.

Manos ágiles o torpes, rápidas o lentas, manos que abrazan y sostienen o dejan abandonado el amor.

Es ese lugar allí donde me muevo y entrego, donde soy feliz viviendo la vida que Dios me regala, en presente siempre.

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Aquí, ahora, yo

Pothos

Un lugar y un tiempo preciso es el que habito. Este tiempo concreto que es el ahora que se desliza entre mis dedos dejando su huella.

Hago memoria de mi historia, esos días pasados llenos de recuerdos que me configuran. La historia que me ha hecho ser quien soy, ni más ni menos.

Tengo una misión y una forma concreta de hacer las cosas que es la mía, mi manera de enfrentar el mundo, de mirar la vida, de oler, de escuchar y de tocar.

Sé que nadie más podrá imitarme, o emularme, son distintos, yo soy distinto. Es mi manera única y valiosa, la que puso Dios al crearme.

Son mis gestos y son mis palabras. Son mis pasos sobre la playa dejando sus huellas efímeras, hasta la siguiente marea.

Es mi música que resuena en el tiempo aun sin estar ya presente. Esa música que resonó en mi alma, entonando melodías nuevas, por Dios inspiradas.

No me importa tanto irme de cualquier sitio, aunque duele dejar, y llevarme atado a la piel lo vivido.

Me importa más llegar y comenzar de nuevo mi camino, tejiendo nuevas historias, nuevos sueños.

Dios viene

Tengo claro que estando en un lugar, en mi sitio, allí donde Dios me quiere y me habita, estaré ausente de otras tierras y de otros tiempos.

Es lo que tiene vivir sólo una vida y no miles como a veces deseo, para estar en más lugares y amar con más amplitud, sin límites.

Valoro hoy esas raíces que son mías, aprecio como niño mis hojas y mis frutos. Siento la cercanía de Dios vaya donde vaya, nunca me alejo, Él me sigue.

A veces pensé que era yo quien lo seguía, vana ilusión de principiante. Es Él quien no cesa de acariciar mis pasos y sostener mis miedos.

Son sus manos en las mías las que siento. Y es su voz en mi voz la que vibra.

No pesa la soledad cuando huelo su piel, su mismo abrazo, ese de siempre que me contuvo un día y me sanó más tarde.

No me deja perderme, aunque yo lo intente, así soy de necio.

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¿Para qué estoy aquí?

THOUGHTFUL

Hoy valoro mi lugar, allí donde me encuentro. Valoro el instante que vivo, este momento.

Mi misión comienza allí donde me encuentro. Lo que me preocupa es encontrar mi sitio, más que tener un día que dejarlo, y perderlo.

Me interesa más buscar para qué he venido, algo que justifique mis miedos y todas mis penas.

Como san Bernardo, que después de encontrar su propio lugar, su propia manera, en momentos de dudas se preguntaba: «Bernardo, ¿a qué viniste?».

Su pregunta resuena dentro de mí cuando pierdo el pie y dudo.

Y resuena con fuerza en mi interior mi misión concreta en esos momentos en los que la duda pesa y siento que no estoy en el lugar correcto, o en el momento exacto.

Mi sitio está en Dios

NEWBORN WITH MOTHER,

¿Cómo sabré que mis pasos pisan la tierra de Dios allí donde hoy me hallo? Con paciencia elijo las próximas pisadas. No desconfío, porque sé que me ama aquel que me persigue.

Mi misión es ser yo mismo, dejando que brote de muy dentro toda la vida que me habita. Sin contener el llanto, sin apagar la risa, sin detener las palabras que quieren dar la vida.

No temo yo el fracaso que tanto teme el mundo. Ni la difamación, ni el olvido, ni el insulto.

Nada podrá quitarme la paz que me levanta. Ni alejar de mí ese abrazo que me hace ser yo mismo.

Nadie podrá alejar de mi centro a aquel que así me ama, como nadie me ha amado. Y me enseña la forma de querer a quien quiero.

Con toda el alma, sin guardarme nada. Amando los lugares que habita hoy mi alma, la tierra que hoy piso, el aire que respiro, los olores, las voces, los abrazos, los llantos.

Todo forma parte del mismo sueño que hoy vivo. Sin miedo a que el mañana lleve lejos mis pasos. Lo que hoy vivo es eterno, así me lo ha dicho Dios, muy quedo en el oído.

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