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«Uno de cada tres adolescentes en España hace un uso ‘problemático’ de Internet y las redes sociales»

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NadyaEugene- Shutterstock

Ignasi de Bofarull - publicado el 22/11/21

Uso de la tecnología en la adolescencia: un estudio de Unicef

UNICEF España ha elaborado un estudio, Impacto de la tecnología en la adolescencia, a partir de una muestra de 50.000 estudiantes de la ESO (Educación Secundaria Obligatoria).

Los primeros datos no son una sorpresa: el 90,8% de ellos se conecta a Internet todos o casi todos los días y el resultado es inicialmente alegría, satisfacción, diversión.

Sin embargo, no todo es tan sencillo: un 42% asegura haber recibido mensajes eróticos o sexuales. Un mundo en el que también aparecen los adultos haciendo proposiciones de este tipo a algunos adolescentes (1 de cada 10).

Además, se estima que uno de cada cinco adolescentes podría estar padeciendo ciberacoso (ciberbullying en inglés). Otro asunto que preocupa son las apuestas y el juego online. Arrasan en la vida de algunos adolescentes aparatándoles de la realidad.

A estos menores la motivación de ganar dinero les atrae – el 44,3% así se expresa – y consecuentemente se lanzan de cabeza dado que el casino de los casinos ha entrado en su móvil. 

Las discusiones con los padres 

Los padres perciben esa relación constante con internet de sus hijos adolescentes (y no adolescentes), sobre todo a través de los móviles, y semanalmente saltan chispas pues hay muchas tareas escolares y en el hogar que quedan pospuestas sistemáticamente.

Pero no siempre es así pues parece que algunos padres han desistido de sus tareas ya que no monitorizan el uso de la internet/móvil por parte de sus hijos en un 70%: no les ponen límites ni normas.

Sin condenar un uso prudente de las pantallas el presidente de UNICEF España, Gustavo Suarez Pertierra sentencia que «infancia y adolescencia están demasiado expuestos a móviles, ordenadores y consolas y casi siempre sin acompañamiento».

La primera conclusión de esta autorizada afirmación señala que debe existir un aprendizaje y una estrecha supervisión del consumo adolescente de pantallas. Y que la soledad en el consumo de las pantallas es letal y condición de posibilidad de los abusos. Y en su propia habitación («6 de cada 10 adolescentes duermen con el móvil»). 

Uso problemático de internet

Este estudio de UNICEF España nos habla del «Uso problemático de internet» en coincidencia con la investigación de muchos otros países. Así lo define la ciencia: «Una persona que presenta un uso compulsivo o problemático es aquella que pasa un tiempo excesivo conectado a Internet, generalmente con fines recreativos, lo que puede llevarle a descuidar otras áreas importantes de su vida diaria, como el trabajo o los estudios, las relaciones sociales, la alimentación o el descanso».

Este es un concepto que se debe comenzar a usar con una cierta continuidad entre las familias, en la escuela, entre los iguales. Las pantallas están muy glamurizadas. La realidad de su uso, entre adolescentes, parece a menudo intrascendente. Nunca pasa nada, todo es, permítaseme la licencia, guay.

El móvil repiqueteando sin parar con sus notificaciones: ¡qué popular soy! O el jolgorio al hablar del último atracón con los últimos videojuegos: ¡que divertido! Lo que ya no es tan estupendo es comentar el último capítulo de sexting o la adicción a las apuestas online

La realidad no es tan plana ni sencilla pues una de las autoras, la psicóloga Carmen Molina, directora de Sensibilización y Políticas de Infancia de UNICEF, señala textualmente: «Uno de cada tres adolescentes en España hace un uso ‘problemático’ de Internet y de las redes sociales, ya que impacta en su bienestar, salud mental, convivencia e, incluso, en su satisfacción con la vida».

Cuando se toma la lupa científica, comienzan a aparecer la escala de grises. Entonces la imagen sofisticada y fashion de las pantallas se oscurece. Y consecuentemente se debe comenzar a hablar de fomentar una buena higiene digital, termino muy preciso también utilizado en el estudio. Porque también se pasa miedo, angustia, inseguridad y angustia.

La responsabilidad de las escuelas que forman a las familias

Y de las familias que informan a las escuelas y toman las riendas digitales en el hogar. Formación, cautela, seguridad. ¡Acabemos con el mito de que todo, y digo todo, lo que tiene que ver con las pantallas es indiscutiblemente moderno, es progreso, es futuro!

Cuidado, ¿podríamos caer en el papanatismo digital? En el mundo digital hay progreso y delito, posibilidades y excesos; futuro y desesperación por las ganancias. Un hecho palpable es que las escuelas están fascinadas con el uso educativo de las tecnologías digitales.

Y a veces, señalan las escuelas, la tableta y el móvil son siempre ventanas abiertas al mundo, instrumentos para el conocimiento, puertas para la exploración. Nadie rechaza el uso educativo de las tecnologías digitales en la escuela y el en hogar si son manejadas de un modo, y no me ahorro el superlativo, prudentísimo.

Pero no se las puede sacralizar. Hay vida más allá de las pantallas. Como apunta el estudio,  ha llegado la hora de la contundencia pues el interés superior del menor, sus derechos, su salud en sentido fuerte, está en juego. Qué propone el estudio:

  1. La necesidad de que las familias cuenten con herramientas y apoyo para poder ejercer su labor educativa y de acompañamiento.
  2. Promover la importancia del sistema educativo como ámbito clave para adquirir las pautas y herramientas necesarias para manejarse en Internet.
  3. Que los propios adolescentes reciban la información necesaria tanto para poder comprender los riesgos como para poder denunciar situaciones de abuso.
  4. Contar con políticas más contundentes por parte de las instituciones para la protección de niños y su imagen en la red.
  5. La industria tecnológica tiene que garantizar la protección de los adolescentes a través de, por ejemplo, recomendaciones claras de uso y privacidad.

Un programa ambicioso que puede quedar en agua de borrajas sino se legisla seriamente y se sanciona penalmente. Y es que la industria del ocio digital no se va a autorregular. Se necesita una nueva legislación democrática también para canalizar estas directrices.

Los padres son la mayor influencia

Con el siguiente hashtag como insignia, #SuMayorInfluencer, la campaña elaborada por la agencia de marketing digital Chocolate, quiere «derribar miedos e inspirar cambios a través de la idea de que, al igual que en otros ámbitos, en el entorno digital los padres y madres son la mayor influencia para sus hijos».

Creo en esta campaña, pero creo aún más aún en convertir la lectura y la escritura digital en una asignatura transversal en la escuela y facultades relacionadas con estos temas. De la misma manera que hay que saber escribir y leer en castellano, catalán, gallego e inglés, es preciso saber leer y escribir en el mundo digital.

Con criterio, sabiduría, con habilidades de autorregulación (los usuarios), con gramática parada (para no ser engañados) y con respeto por los derechos de todos empezando por los propios. 

Unanimidad internacional ante los riegos de internet

¿Ya nos hemos despertado de un inocente sueño de credulidad ante todo lo digital? La digitalización tiene su vertiente positiva si contribuye también a la ciencia, la economía y el bienestar.

Si solo sirve para crear oligopolios intocables y para ahorrarse puestos de trabajo también nos exigirá a todos pensar a fondo a dónde vamos. Pero la industria digital del ocio tiene ya sus puntos negros identificados.

Ya sabemos quién es Zuckeberg (Facebook, WhatsApp, Instagram) y cuáles son sus objetivos y sobre todo sus omisiones. Conocemos la adicción a los videojuegos y a las apuestas online.

Hemos visto innumerables veces sufrir a estudiantes e hijos de un modo indecible ante el ciberacoso (ciberbullying en inglés) o el sexting. Pasos contundentes.

En esta dirección me gustaría dar a conocer la existencia de una iniciativa norteamericana que está empezando a ser consultada por el

Congreso
de los Estados Unidos: estamos hablando del  Center for Humane Technology y su líder Tristan Harris.

Necesitamos conocer los argumentos de líderes como él a partir, por ejemplo, del docudrama The Social Dilema (El dilema de las redes) producido por Netflix. Y leyes que entren en el currículum y en los hogares para concienciar que tan importante como la salud física es la salud mental.

Hay que humanizar la tecnología y consumirla sabiamente sin perderse lo mejor de la vida: las personas en vivo y en directo.

Tags:
adolescenciaeducación digitalfamiliainternetredes sociales
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