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Cultura e Historia
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El lado «teatral» de Juan Pablo II

BRAT NASZEGO BOGA

Schaack, Lothar | Bundesarchiv | TOR (CC BY-SA 3.0 de)

José Luis Panero - publicado el 22/10/21

Además de las aportaciones que la literatura y el cine han vertido sobre San Juan Pablo II, tal vez sean menos conocidas sus cualidades artísticas, como actor clandestino en la Polonia ocupada

El 22 de octubre, la Iglesia honra la memoria del papa polaco, cuya fecha instituyó Benedicto XVI el 1 de mayo de 2011, durante su ceremonia de beatificación.

Además de las aportaciones que la literatura y el cine han vertido sobre San Juan Pablo II, tal vez sean menos conocidas sus cualidades artísticas, desarrolladas en formato de actor y dramaturgo; lo cual tiene mucho que ver con la facilidad que tenía de dirigirse al público o de enfocar la mirada sobre la infinidad de trabajos que escribió. Tales virtudes las cultivó en la clandestinidad en su Polonia natal. 

El Pontífice confesó que en su juventud:

«estaba fascinado sobre todo por la literatura, en particular por la dramática, y por el teatro. A este último me había iniciado Mieczyslw Kotlarczyk, profesor de lengua polaca» (‘Don y misterio’, pp. 18-20). Mieczyslw era un hombre de una sola idea: el teatro. Le seducía el poder que tienen las palabras, no solo de comunicar una idea, sino de provocar una emoción […]. 

El lenguaje, según tal interpretación, cobraba vida en la intimidad creada por el que hablaba y el que escuchaba. La tarea del actor era introducir al oyente en esa intimidad, minimizándose a sí mismo hasta el punto en que la verdad de la palabra hablada llegara a trabar contacto con el oyente. Kotlarczyk quería crear un “teatro de la palabra interior” en el que trama, vestuario y otros elementos habitualmente asociados al teatro quedaran reducidos al mínimo. Lo que contaba era lo que tenía lugar en la conciencia de la audiencia, que se tornaba posible gracias a la destacada y abnegada disciplina de los actores.

Al finalizar el curso académico de 1938-1939, el primero de universidad, interpretaría el papel de Sagitario en una fábula fantástica, ‘El caballero de la luz de la luna’,producida por la compañía dramática experimental que sería conocida como ‘Estudio 39’. La obra fue representada en el patio del Collegium Maius. El actor más importante de Polonia, Juliusz Osterwa, se hallaba entre el público. Impresionado, invitó a los estudiantes actores a su casa y les propuso seguir en contacto.

(Weigel, pp. 69-70)

Esta visión del teatro, del poder transformador de la cultura, fue para Juan Pablo II un punto de encuentro y diálogo con artistas e intelectuales. Y de ahí su ‘Carta a los artistas’, (4-IV-1999).

No en vano, como ya hemos apuntado, también escribió tres grandes títulos: ‘El taller del orfebre’ (1960), ‘Esplendor de paternidad’ y ‘Hermano de nuestro Dios’ (1981).

‘Hermano de nuestro Dios’

‘Brat Naszego Boga’, en español ‘Hermano de Nuestro Dios’, fue publicada por Karol Wojtyla en 1979 y el cineasta polaco, Krzysztof Zanussi, la llevó al cine en 1997. 

El director de cine nació en Varsovia en junio de 1939. Realizó estudios en el área de las Ciencias en la Universidad de Varsovia; en el campo de la Filosofía, en la Facultad de Filosofía de Cracovia; en Cine, en la Escuela Superior de Cine de Lodz. Ya en la década de 1960 se revela como un realizador singular, considerado como uno de los más eminentes de Polonia.

El Maestro Zanussi fue también un protagonista de las transformaciones sucesivas de su país hacia la democracia. Zanussi es también un hombre de Iglesia. Fue siempre amigo personal de Su Santidad Juan Pablo II, con quien compartió pupitre.

En relación con la figura de Juan Pablo II, en el año 1981 Krzysztof Zanussi realizó su biografía fílmica, ‘De un país lejano’. Zanussi presentó ‘Hermano de Nuestro Dios’ en el Festival de Venecia el año de su estreno, y explicó que conoció al Pontífice “a comienzos de los años sesenta, cuando estudiaba filosofía en la Universidad de Cracovia.

Tenía mucho interés en la creación artística, y eso es lo que nos unía. Más adelante, quise rodar una película con unos monjes en Cracovia, y ellos me dieron su permiso, pero también necesitaba la intervención del Obispo, al que luego Dios nombró Papa”. Zanussi, en Venecia, fue galardonado con el premio ‘Robert Bresson’ por “involucrarse en la búsqueda del significado espiritual de la vida”.

En honor de Adam Chmielowski

Sobre la decisión de llevar la obra del Papa al cine, Zanussi explicó que “al principio un colega hizo una adaptación del guion para llevarlo al cine, pero no coincidía del todo con las intenciones del autor, ya que hacía los momentos biográficos demasiado explícitos. Él quería una obra más modesta y fiel a su texto original. Con esta segunda adaptación tuvimos la aceptación del autor”.

Asimismo, el cineasta describió las “coincidencias biográficas” entre el protagonista y el autor de la obra; y afirmó que “en primer lugar los dos sacrificaron su arte y el amor humano por la entrega a Dios y a los demás.

Tanto el pintor -protagonista de la obra- como el Papa denuncian las injusticias del sistema social con diferencias abismales entre pobres y ricos, pero la solución que plantean no es la revolución, sino la caridad como el bien hacia todos los individuos y la solidaridad como compromiso personal. El autor hizo su particular homenaje al escritor y monje, Adam Chmielowski (1845-1916), que en 1989 Juan Pablo II canonizó”.

Zanussi recordó al joven Wojtyla como un “gran actor, dramaturgo y poeta”, y añadió que el principal mensaje que trasmite la obra es que “entre la justicia y la misericordia, lo primero es el amor. Es un diálogo entre el concepto marxista y el cristiano, que se identifica con la víctima sufriente. Esta obra es el germen del pensamiento personalista del Papa, que luego desarrolló ampliamente en sus encíclicas y escritos”.

Descartar la «tentación» marxista

Fue un intento de dar respuesta a la secularización de Europa desde una nueva cultura y experiencia del trabajo como lugar de realización de lo humano y cristiano, y que le han acompañado durante su pontificado: la cuestión social -que no es otra que la cuestión humana-, el discurso sobre la justicia, el personalismo, las actitudes políticas… acompañados de una hondura en la reflexión que asombran en un autor tan joven.

Al ver la película -continuó el director-, “el Papa fue muy cuidadoso con sus críticas, para que no se confunda su opinión personal con su enseñanza como Romano Pontífice”.

Solamente hizo un comentario público: “Después de medio siglo, desde que escribí la obra, he puesto una cara muy concreta al Santo, que es el personaje principal. Así que al cabo de una hora y media de la proyección, no podía ponerle otra que la del actor”.

El artista, tras ser herido en una pierna durante la guerra de insurrección de 1863 por la independencia de Polonia, estudió pintura en Munich. Más tarde regresó a Cracovia donde se afirmó en la pintura pero un día, cuando vio un andrajoso dormitorio de mendigos, su corazón quedó sobrecogido.

Dejó el cuadro en el que trabajaba y se echó a las calles de Cracovia a pedir limosna para las personas que no tenían techo. Pronto se convirtió en una de ellas y se hizo religioso, tomando el nombre de Alberto. Escogió el amor al prójimo, descartando la “tentación” de la revolución marxista.

‘Hermano de nuestro Dios’ forma parte de un género teatral particular, de tipo rapsódico, donde prima la palabra sobre la reconstrucción escénica, que no busca el realismo de los diálogos sino que es esencialmente declamatorio, conceptual y enfático en la confrontación dialéctica de personajes antitéticos.

«No tengan miedo»

Se podría discutir su calidad cinematográfica, pero Zanussi ha dado cuerpo e imagen a una obra que después de verse exige mucho más ser leída.

En 1948, cuando se escribió la pieza teatral, la situación política de Polonia propiciaba que el marxismo gozara de gran actualidad en pleno debate político y cultural sobre el liberalismo y la revolución proletaria.

En la obra, Lenin dice a los mendigos: “No tengáis miedo” -palabras con las que más tarde el Papa comenzaría su Pontificado-, mientras les anima a buscar su redención en las estructuras políticas instando al protagonista y a los pobres a manifestar su ira interior, signo de la opresión, para hacer una revolución llevada a cabo por los dirigentes.

Frente a la concepción marxista de la pobreza como un castigo del que hay que liberarse, que no acompaña al pobre ni se identifica con él, que no tiene autoridad moral para proponerles la salvación presente, la misma realidad de los mendigos de Cracovia obliga al afamado pintor, después ‘Hermano’ Alberto, a hacerse ‘uno’ con ellos, a hacerse ‘uno’ con el Pobre, como única respuesta que satisface la necesidad de liberación que todos claman.

La pregunta sobre la fecundidad de su tarea, la tensión entre la violencia de la revolución y el aburguesamiento de los liberales, los hombres encuentran respuesta en el amor del nuevo Alberto: una vida sencilla, entregada hasta la extenuación, donde se evidencia que las estructuras políticas no redimen el corazón del hombre, sino el amor, que es responsabilidad de todos.

Que el horizonte de debate sea el marxismo imperante en la acción política de media Europa y reinante en muchas cátedras universitarias de aquella época no le quita nada de actualidad.

La película

La modalidad dialéctica de aquella época era el marxismo, un cierto tipo de mentalidad liberal en lo político y socialdemócrata en lo cultural (un cierto laicismo radical más o menos atemperado en las formas según unos lugares u otros de Europa).

Pero el nexo común con aquella época es el de la dialéctica idealista que genera abstracción (con su consecuente e inevitable instrumentalización de lo humano) y desplazamiento hacia el futuro propio de toda utopía. La cuestión candente entonces, como hoy, es la respuesta al presente.

¿Existe una presencia que salva las distancias, cura la ira y toda forma de resentimiento y convierte en bendición lo que los demás consideran maldición y pretexto para el reproche incesante, la incriminación y la violencia? ¿Existe alguien de quien poder fiarse o estamos condenados a fórmulas que nos atan inexorablemente al “más de lo mismo”?

Sólo la identificación de la propia vida con Cristo convierte a cada uno en instrumento que abraza la realidad y alcanza su potencia vencedora. Sí, la promesa de Cristo no defrauda, tiene en cuenta lo que no cuenta para el mundo, para “confundir” a lo que cuenta…

En esta película artística, joya de humanidad sobre un horizonte que va creciendo, salimos ganando todos al palpar la pregunta, la promesa, la esperanza de una posibilidad abierta y total de que la fuente del amor siga salvando, rescatando y restaurando la pobreza que todos compartimos a través de la carne de los santos.

Otros títulos de cine representativos

La vida y obra de este Papa de tan largo e intenso Pontificado ha dado lugar también a varias películas en el cine. Además del documental ‘Liberando un continente, Juan Pablo II y la revolución de la libertad’, gestionado por Goya Producciones, el filme que directamente muestra a Wojtyla en toda su dimensión es ‘Karol’ (2005).

Por otro lado, indirectamente se le hace referencia en ‘Popieluszko’ (2009). El documental ‘Wojtyla. La investigación’ -distribuido en España por European Dreams Factory- fue dirigido por el escritor José María Zavala.

Y es que nos hallamos ante una fecha histórica con muchos afluentes. El 2 de abril se cumplieron 16 años de su ausencia. El 13 de mayo del año pasado -uno de sus primeros intentos de asesinato-, por ejemplo, la distribuidora de cine Diamond Films anunciaba el estreno en salas comerciales de la aventura ‘Fátima. La película’ el 16 de octubre, fecha del todo propicia, ya que ese día, de 1978, Karol Woltyla era proclamado Pontífice.

Literatura reciente

La editorial ‘Encuentro’ ha lanzado una serie de volúmenes sobre el Papa polaco, entre los que destacan ‘Historia de mi vida’y ‘Los jóvenes y el amor’. 

Sirvan estas pinceladas sobre San Juan Pablo II para recordarlo, ahora y siempre, en toda su grandeza desde su absoluta humildad.

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