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‘Maixabel’ o cómo pedir la paz y la palabra

MAIXABEL

Walt Disney Studios Motion Pictu

José Luis Panero - publicado el 20/10/21

Se conmemoran 10 años del fin de ETA. La magnitud del dolor nunca puede ser la misma entre víctimas y verdugos. Una película sobre el perdón

Hoy, 20 de octubre de 2021, se conmemoran 10 años del cese definitivo del terror a manos de ETA. El asunto en torno al conflicto armado ha sido ampliamente tratado a través de la literatura y el cine, unas veces con más acierto que otras y, a veces, con fines partidistas. No es el caso que nos ocupa.

En estos momentos los cines españoles exhiben ‘Maixabel’, drama sobre el conflicto vasco, a partir del asesinato en Tolosa en el año 2000 del exgobernador civil de Guipúzcoa, Juan María Jáuregui, y centrado en las conversaciones mantenidas entre su viuda, Maixabel Lasa, una mujer comprometida políticamente, y los verdugos de su esposo, Ibon Etxezarreta Etxaniz, Luis María Carrasco Aseginolaza y Patxi Xabier Makazaga Azurmendi, tras el mencionado desarme etarra.

MAIXABEL

Exactamente, el filme -que distribuye en España Disney- narra a pies juntillas estos acontecimientos, basados en hechos reales, que Icíar Bollaín, además de dirigir, ha escrito junto a Isa Campo.

Tras conocerse los detalles del asesinato, Maixabel y su hija siguen adelante con sus vidas, rotas por el dolor.

Desde ese momento, Maixabel se convertirá en la directora de la Oficina para las Víctimas del Terrorismo del Gobierno Vasco, mientras que su hija se instalará en Huelva donde se casará y se convertirá en madre de una niña.

La magnitud del dolor nunca puede ser la misma entre víctimas y verdugos

Once años después de la muerte de su esposo, Maixabel Lasa recibe una petición insólita: uno de los asesinos ha pedido entrevistarse con ella en la cárcel de Nanclares de la Oca, en Álava, en la que cumple condena tras haber roto sus lazos con la banda terrorista. A pesar de las dudas y del inmenso dolor, Maixabel accede a encontrarse cara a cara con las personas que acabaron a sangre fría con la vida de quien había sido su compañero desde los dieciséis años.

Dura y dolorosa, y al margen de otras producciones sobre la barbarie etarra, la décima película de Bollaín va al grano desde su arranque, explica los sucesos cronológicamente sin entretenerse por el camino y, lo más importante: incide en las posibilidades de diálogo y el perdón, tratados con mesura y autenticidad, a fin de comprender a aquellos que decidían sobre la vida de otros por capricho, si bien es cierto que la magnitud del dolor nunca puede ser la misma entre víctimas y verdugos. Por muchas dosis de sufrimiento que muestren los etarras.

El asesino humanizado

El filme, en este sentido, mantiene la compostura, y dota de humanidad y sentimiento al matarife arrepentido, sobre el que planean dudas sobre su pasado y su porvenir, que tiene ciertas connotaciones, entre otros, con la confesión de Red, el personaje al que daba vida Morgan Freeman en ‘Cadena Perpetua’ (Frank Darabont, 1994).

Tal vez esta aproximación al asesino humanizado hace muchos años que no se aprecia en el cine. En todo caso, ‘Operación Ogro’ (Gillo Pontecorvo, 1979), la historia fílmica española sobre el asesinato a manos de ETA del almirante Luis Carrero Blanco, en el prólogo de los años de plomo, sirva algo de credibilidad a sus personajes. Fuera de nuestras fronteras, la película ‘El hundimiento’ (Oliver Hirschbiegel, 2004) ofrecía un Hitler naturalizado, creíble, al que dio vida el desaparecido Bruno Ganz, y que, por primera vez nada tenía que ver con la imagen que de él se nos había ofrecido a través del cine.

Volviendo a ‘Maixabel’, cuenta en su puesta en escena con una ambientación y atmósfera gélidas, muy eficaces, por cuyo resultado responden Alberto Iglesias en el apartado musical y Javier Aguirresarobe en el fotográfico.

Estructuralmente la historia tiene un muy buen acabado, goza de unos diálogos frescos y un guion que funciona -se alterna el punto de vista de Maixabel con el de los asesinos de su marido-, lo que permite seguir el drama sin mirar el reloj.

¿Cómo y quién tiene que pedir perdón?

Por su lado, Bollaín opta por la emoción a través del dolor -sin regodeos-, y de esta manera deja entrever cómo el fanatismo, sin sustento en jóvenes despersonalizados, terminaba en ETA. Y si después salías de ETA, no había nada. De ahí el torrente del sentimiento de culpa que ha inundado al etarra de un conflicto interno que solo puede responderse buscando el perdón entre las víctimas de sus asesinados. Otros conflictos dramáticos de relieve tienen que ver con quién tiene que pedir perdón: si el colectivo de ETA o de manera individual.

Y, claro, para soportar la carga intensa del tema, Bollaín ha tenido que recurrir a los mejores actores: Blanca Portillo encarna a Maixabel Lasa, con el talento y la firmeza habituales, que le permiten ser una de las mejores actrices del panorama cinematográfico actual. En el otro lado, Luis Tosar, que da vida a Ibon, el asesino arrepentido, probablemente ha realizado uno de sus trabajos más complicados y aun así sigue demostrando sus excelentes cualidades interpretativas, y cuyos duetos con Portillo resultan impagables. El resto del reparto no desentona.

Por todo ello, y por el ejercicio de empatía que busca Bollaín, Maixabel Lasa también consigue reconciliarse consigo misma. “Todo el mundo merece una segunda oportunidad”, dice ella cuando le preguntan por las razones para sentarse frente al asesino de su marido.

Sin duda ninguna, ‘Maixabel’ propone un nuevo punto de vista. Una buena propuesta donde la paz y la palabra son el mejor reclamo. Recomendable a todas luces.

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