La devoción a Nuestra Señora del Rosario comenzó con su aparición a santo Domingo de Guzmán, en 1208. Desde entonces, los frailes dominicos han sido los principales encargados de dar a conocer esta imagen; pero sobre todo, de comunicar el encargo de la Virgen: rezar el rosario y difundirlo por el mundo para la conversión de los pecadores.
La mayoría de las pinturas de la Virgen del Rosario vieron la luz gracias a los frailes dominicos. Fueron ellos quienes, a lo largo de los siglos, encargaron a los grandes pintores las representaciones de María ofreciendo el rosario a santo Domingo, fundador de la Orden de Predicadores.
Según la leyenda, este último habría tenido una aparición de la Virgen dándole el rosario y pidiéndole que lo rezara.
Estos grandes artistas que respondieron a las órdenes de los dominicos abordaron el tema de la Virgen del Rosario de diversas formas. Así, además de los cuadros en los que aparece el monje dominico vestido de blanco y negro, también podemos ver a santa Catalina de Siena, el Papa Julio II o María Magdalena… Pero siempre encontramos a María en la plaza central.












