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El arzobispo apoyó al que me hizo daño. Testimonio del abusado por el sacerdote

Shutterstock / MarinaP

Katolicka Agencja Informacyjna - publicado el 24/09/21

“Mi abusador tenía derecho a tener abogados defensores, a poder leer el expediente del caso y a participar activamente en el juicio. Y yo sólo tuve derecho a contar lo que me pasó”, dice el hombre. El juicio canónico penal en este caso duró 17 largos años.

La larga duración de los juicios eclesiásticos por abuso sexual cometidos por clérigos, la falta de información sobre su curso y la necesidad de otorgar a las víctimas la condición de parte, y no solo de testigo en los procesos canónicos, fueron resaltadas por las víctimas de abuso sexual. Sus testimonios fueron escuchados durante las Vísperas por los participantes de la conferencia de cuatro días sobre la protección de los menores en las Iglesias de Europa Central y Oriental, que comenzó el 19 de septiembre en Varsovia.

El objetivo del encuentro internacional bajo el lema «Nuestra misión común de proteger a los hijos de Dios» es permitir el intercambio de experiencias, buenas prácticas y el inicio de acciones conjuntas de las Iglesias de esta parte del continente en el campo de la prevención del abuso sexual de menores. Es también un intento de mirar las dificultades específicas para abordar este fenómeno en la Iglesia y las sociedades de la región.

El arzobispo apoyó al abusador

El franciscano polaco P. Tarsycjusz Krasucki habló sobre el abuso sexual que experimentó por parte del P. Andrzej Dymer. Acusó al actual arzobispo de Szczecin, Andrzej Dziega, de «apoyar intensamente durante muchos años» a quien abusaba de él, «confiándole tareas de responsabilidad en nombre de la arquidiócesis».

Mencionó su calvario como testigo en el juicio canónico. Reveló que dio su testimonio como víctima de abuso sexual en 2004. Luego se hizo el silencio. Completo silencio. Hice consultas, pero no recibí ninguna información sobre el curso del juicio – se lamentó el monje.

«Hoy estoy dando testimonio aquí como persona perjudicada. Por el contrario, en el juicio canónico, yo solo fui testigo, porque la ley de la Iglesia todavía no puede otorgar a una persona abusada sexualmente un estatus especial en el proceso. Mi abusador tenía derecho a tener abogados defensores, a leer el expediente del caso y a participar activamente en el juicio. Como testigo, yo solo tenía derecho a contar lo que me pasó. Solo después de la intervención de las autoridades de mi orden, muchos años después de que comenzara el juicio, se me permitió buscar el apoyo de un abogado. Claramente obtuve este privilegio como clérigo. Además, estaba avergonzado delante de otras personas perjudicadas, porque ellos y ellas siguen siendo sólo testigos, no parte en los juicios» dijo el P. Krasucki.

El juicio más largo de la Iglesia

«Cuando cumplí 45 años, me di cuenta de que la gran mayoría de mi vida se vio ensombrecida por este caso. He vivido con este estigma durante casi 30 años. Durante casi dos decenas de años hubo más y más interrogatorios, convocatorias, reuniones, exámenes, juicios, y cada hecho de éstos era una humillación más para mí», confesó el franciscano.

Hasta que Zbigniew Nosowski de «Więź» «encontró y reveló la parte resolutiva de la sentencia dictada en primera instancia en 2008″.

«Resultó que el tribunal de Szczecin declaró culpable al acusado, aunque solo recibió sanciones simbólicas. También resultó que el P. Dymer apeló la sentencia y la Congregación para la Doctrina de la Fe confió el juicio en la segunda instancia a la Arquidiócesis de Gdańsk. Desafortunadamente, el arzobispo de Gdańsk, Sławoj Leszek Głódź, durante más de 9 años ni siquiera inició este procedimiento. Solo cinco días después de la publicación del primer informe del editor Nosowski, donde estos hechos fueron revelados al público, el tribunal eclesiástico de Gdańsk concluyó el proceso probatorio en el juicio de segunda instancia.

Tres meses después, mi rostro y mi historia aparecieron en el reportaje televisivo de Sebastian Wasilewski bajo el título «El juicio más largo de la Iglesia». Me sorprendió que un reportero de una televisión laica comenzara su película con mi lectura de la visión larga de Santa Faustina Kowalska sobre Jesús dejando las órdenes religiosas y las iglesias. Justo antes de la publicación de este informe, el arzobispo Dzieg cesó al p. Dymer de las funciones realizadas. Unos días después el P. Dymer falleció. Al día siguiente de su muerte resultó que cinco días antes se había dictado la sentencia definitiva en su caso.

Hasta ahora, sin embargo, el contenido de esta sentencia sólo es conocido por un puñado de personas. Por supuesto, no estoy en este grupo. A los ojos de la Iglesia, un testigo ni siquiera merece información sobre la sentencia final. Escribí sobre este asunto al nuevo metropolitano de Gdańsk y al metropolitano de Szczecin. Respondieron que la decisión de revelar el veredicto debe tomarse en el Vaticano. Y el Vaticano está lejos … «- dijo el P. Krasucki.

Hubo sentencia, pero no se pronunció

Calculó que han pasado casi 29 años desde cuando se produjo el abuso. “Desde el comienzo de los intentos de esclarecimiento del caso habían pasado 26 años. El juicio penal canónico duró 17 años. Han pasado más de seis meses desde la sentencia canónica final sobre mi abusador. Hubo sentencia, pero no se pronunció. Hasta ahora, la Iglesia aún sigue sin confirmar oficialmente ni mi daño ni la culpa de mi abusador. Durante todos estos años, tres obispos estuvieron en funciones en Szczecin. Ninguno de ellos se había reunido conmigo jamás«.

«Hoy hablo de esta experiencia durante una conferencia internacional organizada por la Comisión Pontificia para la Protección de los Menores. Entiendo que esta invitación es un reconocimiento no oficial de la verdad sobre el daño que sufrí. Pero ¿no puede mi Iglesia, nuestra Iglesia, la Iglesia de Jesucristo, decir clara y públicamente qué sentencia se dictó en el juicio canónico más largo de la Iglesia? Si somos incapaces de reconocer y decir oficialmente la verdad en tales asuntos, ¿cómo vamos a proclamar de manera confiable a Jesús, quien es el Camino, la Verdad y la Vida?», el monje preguntó retóricamente.

Admitió que “muchas cosas han cambiado en la Iglesia, pero en repetidas ocasiones declaró que poner a los perjudicados en primer lugar todavía se hace solo verbalmente, no en términos reales. Y, sin embargo, no puede existir un bien verdadero en una Iglesia donde hay mentiras y criminales escondidos, donde se deja de lado a las personas abusadas. Nuestro Dios, en quien creemos, fue herido en estas personas, subrayó el franciscano.

Testimonio de una mujer abusada por un sacerdote

En el segundo testimonio, una mujer de un país de Europa Central y Oriental que no quiso revelar su nombre habló del abuso sexual que experimentó cuando era una niña de seis o siete años por parte de un joven y carismático sacerdote de su parroquia. a veces en presencia de sus abuelos.

Estaba avergonzada de los manoseos que estaba experimentando y, al mismo tiempo, temía que alguien se enterara y la culpara por ello. Se sintió una víctima la mayor parte de su vida, sufría de depresión. Su matrimonio no fue feliz y terminó en divorcio.

Después del nacimiento de su hija, cayó en depresión posparto. Temiendo no poder protegerla, así como nadie la había protegido a ella misma, no permitió que nadie cuidara de sus hijos por mucho tiempo, ni siquiera la familia más cercana. Supervisaba cada reunión con un adulto y preguntaba a sus hijos si alguien los había tocado de manera inapropiada.

Depresión, ansiedad y pánico

Le costaba estar en presencia de hombres mayores que tenían alguna autoridad: su jefe, el maestro, el médico… No le gustaba que la tocaran ni la apretaran. Al mismo tiempo, no sabía decir «no» a la gente, en detrimento de ella misma, especialmente «en las relaciones románticas», en la creencia de que alguien tenía derecho a su cuerpo.

Estuvo ausente durante las relaciones sexuales. Asimismo, (aún), durante situaciones estresantes, su cerebro «se apaga», es incapaz de pensar, su cuerpo se enfría y no puede moverse. Está abrumada por el miedo y el pánico. Muchos años de terapia la ayudaron a superar algunos de estos síntomas.

Actualmente no pertenece a ninguna religión. Cree que los humanos son solo humanos, «perfectamente imperfectos». Encontró su propio camino hacia Dios y la espiritualidad sin la mediación de otro ser humano. Considera la religión como una tradición.

Ella también admitió que el proceso de investigación en la iglesia lleva mucho tiempo, y no saber si «la iglesia me va a creer o no puede ser perturbador». “A veces me frustra la sensación de que esto nunca va a terminar, nunca habrá una sentencia. Estoy en el limbo. Intento no pensar demasiado en ello, ya que me siento impotente ante todo este proceso. Sigo diciéndome a mí misma que hice todo lo que estaba en mi poder para tratar de detenerlo, para que no lastimara a más niños, enfatizó.

KAI/ks [KAI / Fr.]

Tags:
abusos sexualesiglesia catolicajuiciotestimonio
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