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Gana la indulgencia plenaria en el Año Jubilar del Santo Cáliz

Ma. Paola Daud

María José García Crespo - publicado el 18/09/21

Se celebra en Valencia hasta el 28 de octubre

La Santa Sede concedió a la Archidiócesis de Valencia (España) el Año Jubilar del Santo Cáliz en el año 2014. Se trata de una iniciativa con la que se quiere promover el culto eucarístico en la Diócesis de Valencia y también en cuantas personas se acerquen a contemplar y venerar la reliquia en este Año Jubilar quinquenal.
Para ganar la indulgencia plenaria se tienen que cumplir los requisitos de:

  • Peregrinar al templo jubilar.
  • Tener la disposición interior de un desapego total del pecado, incluso venial.
  • Recibir el sacramento de la confesión, 20 días antes o 20 días después.
  • Comulgar, como demostración de un renovado compromiso con Jesús y preferentemente en Misa.
  • Recitar el Credo.
  • Orar por las intenciones del Papa. Rezando el Padre Nuestro y una invocación mariana.

La tradición de la Iglesia, desde los primeros cristianos, nos cuenta que el Santo Cáliz de Valencia es la misma copa que empleó el Señor en la Última Cena. Las investigaciones realizadas por el profesor Beltrán en los años 60 y los más recientes del profesor Songel, apoyan, precisamente, lo que afirma la tradición.

El Cáliz fue llevado a Roma por San Pedro y los Papas posteriores lo conservaron hasta San Sixto II.

El Santo Cáliz se encuentra en Valencia desde 1437. Se considera, por reseñas científicas, arqueológicas y documentales, así como por la tradición de la Iglesia, como el vaso que utilizó Jesucristo en la Última Cena.

Catedral de Valencia y su tesoro (Galería)

Actualmente forma parte del tesoro de la Catedral de Valencia (España), junto a uno de los trozos más grandes de la Cruz de Cristo y la Santa Espina donada por el rey Luis IX de Francia, que la envió en 1256 al rey Jaime I de Valencia, precisamente para dar prestigio a la nueva Catedral que estaba en proyecto en Valencia.

La ciudad ha atraído a peregrinos y entusiastas de la historia de este objeto sagrado, venerado en la Catedral de Valencia. Ha sido empleado por dos papas en la celebración de la Eucaristía. Primero fue San Juan Pablo II, en su viaje apostólico de 1982 a Valencia. “Fue el primer Papa (de la modernidad) en celebrar la misa con el Cáliz de la Última Cena”, como explica el presidente del Centro Español de Sindonología, Jorge Manuel Rodríguez Almenar.

Cuando Benedicto XVI viajó a Valencia en 2006, con motivo de la Jornada Mundial de las Familias, también lo empleó en la Eucaristía, aunque al principio no se sintió digno de ello y dijo “no osaré”.

El Cáliz de la Pasión

En esta ocasión, la celebración del Año Santo Eucarístico lleva por lema el “Cáliz de la Pasión”.

El Sr. Cardenal Arzobispo de Valencia, D. Antonio Cañizares, ha destacado la “íntima relación entre la Pasión de Cristo y la Eucaristía. En cada Misa se conmemora la Pasión del Señor, su muerte y resurrección. Jesús se hace presente en medio de la Iglesia y nos anticipa la gloria eterna.”

Durante la cena de la Pascua, los judíos realizaban varias bendiciones. Para ellas se preparaba vino rebajado con agua, ya que hasta los más pequeños bebían en ella. Esta copa, tallada en piedra preciosa o semipreciosa, eran de considerable valor. Pasaban de padres a hijos de generación en generación, y se conservaba como un tesoro.

La bendición de la Redención, -tercera copa-, se toma después de la cena. En ella se recuerda el derramamiento de la sangre del cordero que identificó los hogares de los israelitas ante al paso del ángel exterminador en Egipto.

En la Última Cena, Jesús realiza esta bendición y constituye la eucaristía con las palabras que ya conocemos: “Tomad y bebed todos de Él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre que será derramada por vosotros y por muchos para la redención de los pecados. Haced esto en conmemoración mía.”

La frase del Canon Romano dice: “Tomó este Cáliz glorioso”, hoc praeclarum calicem. No dice “Tomó el Cáliz” sino “Tomó este cáliz”, ya que la copa que tenía San Pedro en sus manos, era el mismo que tuvo Nuestro Señor en sus santas y venerables manos. Es una expresión admirativa que empleó la Iglesia de los primeros cristianos, la Iglesia de Roma, hasta el Papa San Dámaso en el siglo V.

Cómo llegó el Santo Cáliz a Valencia

Con la persecución del emperador Valeriano, San Sixto II lo confía a su diácono San Lorenzo, español, que lo custodia hasta Huesca (España) en el siglo III.

Las vicisitudes y sucesivos traslados del Santo Cáliz son consecuencia del devenir de la historia. La invasión musulmana de la península Ibérica, comenzó en el año 713. Por este motivo, el Cáliz de la Pasión se ocultó en el Pirineo, pasando por Yebra, Siresa, Santa María de Sasabe (hoy San Adrián), Bailio y arribó, finalmente, al monasterio de san Juan de la Peña (Huesca), como menciona un documento del año 1071.

En 1399, la copa se entregó a Martín el Humano, Rey de la Corona de Aragón para guárdalo en el palacio real de Zaragoza y, posteriormente, a Barcelona.

Hacia 1424, el Rey Alfonso V el Magnánimo llevó el relicario real al palacio de Valencia. Con la marcha del rey a Nápoles, se entregó, con las demás reliquias de Alfonso V, a la Catedral de Valencia en el año 1437, como recoge el archivo de la Catedral.

Desde entonces, el pueblo de Dios lo ha conservado y venerado. En el siglo XVIII comenzó a contener la forma consagrada en el “monumento” del Jueves Santo. En 1916 fue instalado en la antigua Sala Capitular de la Catedral de Valencia, habilitada como Capilla del Santo Cáliz.

La sala Capitular fue el lugar donde el Rey tomaba las decisiones. Con el pasar de los años, esta sala se unió a la Catedral y el Santo Cáliz fue ubicado en la zona donde anteriormente se encontraba la silla real, es decir, en el lugar más importante de esta regia sala.

Cómo sabemos que se trata del Santo Cáliz

Las personas que se acercan por primera vez al Santo Cáliz piensan que es excesivamente lujosa como para haber estado en la última cena. En realidad, el Santo Cáliz es la parte superior o copa. El resto de partes se añadieron posteriormente para identificarlo como el Cáliz de Cristo.

En 1960, Antonio Beltrán, catedrático de la Universidad de Valencia, publicó los resultados de su investigación arqueológica en un estudio extraordinariamente importante con el título “El Santo Cáliz de la Catedral de Valencia”. En 1984 publicó una segunda edición corregida y aumentada.

Es importante destacar el perfil ideológico del profesor Beltrán, que lo alejan de cualquier interés personal en designar el Santo Cáliz de Valencia como el empleado por Jesucristo.

La llamada del prelado le sorprendió, porque él había estado en la cárcel durante la Guerra Civil Española (1936-39), no era una persona piadosa y rechazó la invitación porque no hablaba de algo que no conocía.

El arzobispo de Valencia, don Marcelino Olaechea, le propuso investigar el Santo Cáliz hasta en tres ocasiones a don Antonio Beltrán, que era entonces Catedrático de Arqueología de la Universidad de Valencia.

Finalmente, el arzobispo le convenció asegurándole que él mismo no creía que fuese el Santo Cáliz; que podría desmontarlo para que la investigación fuese rigurosa; y si, finalmente, el estudio concluía que no se trataba del Santo Cáliz de Cristo, sería el propio arzobispo quien diese a conocer la noticia.

Entonces el profesor aceptó el reto, impresionado por el talante intelectual del arzobispo.

Este profesor es el único que ha podido desmontar el Santo Cáliz, que tiene tres estructuras:
Copa superior
La unión con asas
La base o pie

La copa superior es la parte principal. Es una copa de piedra a modo de tazón sin asas tallada en ágata o cornalina, murrina, es decir, pulida con mirra, procedente de un taller oriental, helenístico-romano, que puede datarse entre el siglo IV antes de Cristo y el siglo I después de Cristo.

Estas características le hacen perfectamente compatible con una copa de bendición de las que empleaban en Jerusalén para la celebración de la Pascua en el primer siglo de nuestra era.

La arqueología refuerza lo que la tradición afirma

El eje de unión y las asas son una joya de la orfebrería de la tardía edad media europea, una obra de gran delicadeza, una pieza de museo. Los monjes de San Juan de la Peña (Huesca), debieron traer orfebres europeos porque ellos no podían realizar una obra de tanta perfección y belleza, y si invirtieron tantos esfuerzos era porque sabían que se trataba de la copa de la Última Cena.

El catedrático de diseño de la Universitat Politècnica de València (UPV) Gabriel Songel ha realizado una investigación que ha revelado la prueba documental histórica sobre el Santo Cáliz.

Se trata de un enigma formado por letras encontrado en el manuscrito del siglo XI “El Relicario de San Juan de la Peña”. De este modo, este nuevo descubrimiento adelanta más de 300 años la primera referencia al grial valenciano. Este documento contiene el acróstico, cuyas iniciales claves en los bloques del texto entrelazadas dan como resultado ‘Calis Lapis Exilis Domini’ (Cáliz de piedra preciosa del Señor), explica el catedrático.

Songel señala que lo que cuenta la tradición de la Iglesia es la tradición oral es concurrente en su en su investigación y que éstos «hacen ver que la tradición relata cosas relacionadas con la verdad» y con la creencia de que la copa valenciano sea el cáliz que utilizó Jesucristo en la Última Cena.

Entre sus descubrimientos, el profesor Songel apunta también «la coincidencia de la moneda acuñada por el rey aragonés Sancho Ramírez con la estructura del cáliz.»

Además, usa «el salmo del tronco de Jesé haciendo referencia a la venida de un Mesías y de una nueva dinastía. Las asas de la copa son la curva de la planta del tronco.”

(Imagen de UPV TV) Coincidencia de la retícula de la moneda del rey Sancho IV con la construcción del Cáliz que revela una relación de reinado con símbolo de poder


(Imagen UPV TV) Patrón del criterio constructivo del orfebre

Según publica la Universidad Politécnica de Valencia, en su estudio, Songel descubrió el esquema geométrico por deducción y semejanza con las composiciones de las marcas de los reyes de la época medieval, y los laberintos visuales de hoy en día. Ocultaban la identidad de los escritores o de la persona que los autores o de quien pedía la reproducción.

Otro de los hallazgos más sorprendentes es que la retícula – regla invisible para el espectador, pero visible para quien diseña- que organiza los bloques de texto contiene con total precisión el diseño del Santo Cáliz, tal y como lo vemos en la actualidad. «Esta circunstancia corroboraría que el cáliz ya se había compuesto sobre la copa original en el siglo XI», señala el investigador valenciano.
El catedrático apunta que el autor de los ideogramas -signo que representa una idea- que dejó dibujados en sus escritos, combina letras para demostrar la divinidad de la santísima Trinidad «con una clara semejanza formal y conceptual con las inscripciones de la base del Cáliz».
La parte de abajo, pie o naveta, cuenta el profesor Beltrán que, seguramente, se trataba de otro recipiente que alguien habría unido a la copa para realzarla.

(Imagen de UPV TV) Transcripción de la marca de la base del Santo Cáliz

La inscripción en la base del Cáliz siempre se ha interpretado que está en árabe cúfico, de modo que significa ‘la resplandeciente’. Pero la aplicación de un patrón de diseño circular llevó a Songel a pensar que se trata de escritura especular, es decir, con efecto espejo. De esta forma, descubrió que la imagen inversa se transcribe en hebreo como ‘Yaveh Joshua’. O lo que es lo mismo, ‘Jesús es Dios’.

Songel recoge en su investigación “El cáliz revelado” que el autor de la inscripción conocía el hebreo y el árabe y tuvo acceso a San Juan de la Peña. Todo ello apunta a la figura de Pedro Alfonso de Huesca, (S. XII) antiguo rabino de la ciudad y judío converso apadrinado por Pedro I y Alfonso el batallador, hijos de Sancho Ramírez.

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