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G.K. Chesterton nos dice por qué ser padres es tan cansado

EXHAUSTED

Shutterstock | antoniodiaz

Michael Rennier - publicado el 31/08/21

Hay una razón por la cual ser padre es tan cansado, y está directamente relacionada con por qué es tan satisfactorio

Cada mañana cuando me voy a trabajar, mis dos hijos están en la cocina haciéndose cómicamente unos enormes pancakes. Mi esposa les enseñó en un desesperado intento por mantener su apetito bajo control sin despertarla antes del amanecer para cocinarles montones de comida.

Un nivel particular de destrucción

Cuando vuelvo a casa para comer, la cocina gotea con charcos de leche y todas las encimeras están cubiertas de harina. Los utensilios están sucios y se encuentran desparramados caóticamente junto a los tenedores cuyos mangos están pegajosos por la miel. De alguna manera, la mantequilla tiene la hendidura perfecta del pulgar de un niño.

Eventualmente, en algún momento a media tarde, mi sufrida esposa se apartará de las tareas de la educación en casa para arrear a los niños y que limpien su desorden. Admito que, de vez en cuando, tengo un arrebato cuando entro por la puerta y veo la cocina. El otro día, mi esposa, sabiendo que la casa había ascendido a un nivel particular de destrucción, me dijo cuando entré por la puerta: «Lo siento, iba a prepararte el almuerzo, pero luego pasé toda la mañana gritándoles a los niños sobre lo que habían hecho en el armario». La miré con simpatía. Nunca pregunté qué horrores infligieron en el armario.

Mi trabajo y vocación

A lo largo de los años, ha quedado muy claro lo difícil que es pelear con nuestros seis hijos todo el día y proporcionarles todo lo que necesitan. Para mí, no es tan malo. En el peor de los casos, rápidamente almuerzo en una cocina desordenada y vuelvo a trabajar en mi pacífica y silenciosa oficina. Mientras tanto, mi esposa limpia la cocina, hace una lista de la compra, le enseña al niño pequeño a usar el baño, dirige un laboratorio de biología y arregla el lavaplatos.

De lo que me he dado cuenta es que, aunque las tareas de mi trabajo y vocación como sacerdote (soy un ex sacerdote anglicano; ahora un sacerdote católico diocesano) son interesantes y satisfactorias, tienen un alcance más estrecho que mi vocación como esposo y padre de familia (y mucho más limitado que la vocación de madre de mi esposa). Mi entrenamiento y educación se enfocaron en una tarea específica: pastorear una Iglesia. Habiendo aprendido idiomas antiguos, el arte de la retórica, habilidades de gestión y técnicas básicas de asesoramiento, estoy bien adaptado a aspectos de mi «trabajo diario». Sin embargo, si tuviera que empezar a cambiar repentinamente las transmisiones en los automóviles, criar ganado o dar consejos de inversión, estaría completamente desprovisto.

Amo ser papá

Amo ser papá, pero estaría mintiendo si dijera que soy muy entusiasta con cada aspecto de ello en cada momento del día – o que no es agotador. Hay días en que Papi necesita salir a correr solo o cerrar la puerta de la habitación y ver un partido de fútbol solo durante algunos minutos.

A menudo me he preguntado por qué ser padre es tan agotador. ¿Por qué mi esposa tiene una mirada atormentada algunas noches cuando vuelvo a casa? La opinión popular podría pensar que ser padre, especialmente si uno de los cónyuges es un padre que se queda en casa, es agotador porque es menos satisfactorio que una carrera fuera del hogar. En última instancia, es agotador porque carece de importancia.

Presentar el mundo

Recentemente, sin embargo, estaba leyendo What’s Wrong With the World, una colección de ensayos de G.K. Chesterton en los que dice que si piensas de esta manera sobre la crianza, lo has entendido al revés.

Chesterton, quien nunca tuvo hijos propios, dice que se compadece de los padres por la inmensidad de la tarea. «Los bebés no necesitan que se les enseñe un oficio», escribe, «sino que se les presente un mundo».

En otras palabras, un padre no está simplemente entrenando a su hijo para su futura carrera. No, un padre le está mostrando a su hijo cómo vivir su vida, ojalá con gran alegría y felicidad.

Amplitud de virtudes

La gran amplitud de virtudes, conocimiento y habilidades que se requieren es abrumadora: biología marina, física, óptica, filosofía, teología, deportes, cocina, moral, modales, higiene, amabilidad, paciencia, sabiduría, prudencia, etc. Pero luego Chesterton señala el meollo del asunto, como suele hacer: los padres, escribe, están “encerrados en una casa con un ser humano en un momento en el que él hace todas las preguntas que hay, y algunas que no hay «. Los padres entenderán bien de lo que está hablando … el flujo constante de preguntas, la curiosidad, la forma en que estiran las alas para volar, sus intentos de abordar tareas para las que no están cualificados en absoluto: es como tratar de criar un torbellino o una estampida de caballos.

Pasar todo el día con los niños no es ni monótono ni aburrido. Todo lo contrario, es casi demasiado emocionante, porque nunca se sabe qué hay a la vuelta de la esquina. Los niños galopan frenéticamente para ver qué hay en el horizonte, qué susurro secreto o indicio de lo divino podría estar esperando allí. Treparán cualquier árbol o escalarán cualquier roca y tratarán de tocar el sol. Pasar el día con estos pequeños es más enriquecedor que cualquier cosa que pudiera lograr en la oficina. Siempre están superando sus límites y, al hacerlo, a menudo superan los míos. Chesterton escribe: «Puedo imaginar cómo esto puede agotar la mente».

Explorando un mundo nuevo

Si eres padre, lo eres todo para alguien y es una sensación laboriosa porque la vocación es enorme. Las veces que me canso ocurren solo cuando he perdido esta perspectiva, cuando mi visión se reduce a la cocina desordenada untada con mantequilla de cacahuate o al aburrimiento de jugar otra ronda de Go Fish.

Pero es cuando recuerdo lo formativo que es para mis hijos y cómo están explorando un mundo nuevo, previamente oculto, que me revitalizo. Lo veo desde su punto de vista y de repente empujar a mi hija en el columpio se convierte en los 10 minutos más importantes de mi día. Si mis brazos no se cansan, tal vez pueda empujarla hasta el cielo.

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crianzaeducaciónG.K. Chesteronpadres-hijos
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