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El verdadero cristiano siente que debe profundizar su fe

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Shutterstock | Doidam 10

Ateneo Pontificio "Regina Apostolorum" | 27/07/21

La Facultad de Teología de la Universidad Pontificia Regina Apostolorum se pone al servicio de esta necesidad

Por P. David S. Koonce, LC , Vicerrector Académico APRA, Decano y Docente de la Facultad de Teología

La preparación sobre los contenidos de nuestra fe no puede detenerse con la confirmación. La verdadera sed de verdad y de conocimiento surge en la edad adulta: nos impone buscar, estudiar y profundizar para comprender y conocer mejor a la persona de Cristo. 

Existe la creencia común de que el estudio de la teología se dirige sólo a los clérigos o a las personas consagradas, pero pocos saben que en las últimas décadas (podríamos afirmar ya desde el Concilio Vaticano II) la Iglesia ha consolidado la identidad de los laicos en el compromiso eclesial y misionero, involucrando a hombres y mujeres en la Evangelización y la Catequesis, valorando su especificidad, y ofreciéndoles la posibilidad de una formación seria y completa, a la par de la que se ofrece a los ministros ordenados. 

En una reciente conferencia de teología en Rochester, Nueva York, a la que participé, me di cuenta de que la mayoría de los oradores eran de procedencia laica. Se percibía el deseo de muchos laicos de buscar capacitación para un auténtico liderazgo cristiano en todos los sectores de la Iglesia. 

La nueva evangelización, de hecho, requiere personas preparadas y capacitadas profesionalmente. De esta manera, nos encontramos con laicos que, ya sea por razones de interés personal, de profundización o de especialización, sienten la necesidad de estudiar la teología, optando por llevar a cabo su misión al servicio de la iglesia, de los movimientos laicales a los que pertenecen, de las instituciones religiosas, de las escuelas o a través de la escritura de libros o artículos y de la difusión de contenidos de fe mediante las redes sociales u otras plataformas digitales.

La falta de vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa en muchas diócesis es, indudablemente, un factor que incide en este cambio de tendencia, motivo por el cual la dedicación del clero a los servicios directamente pastorales, cercanos al pueblo de Dios, es total; muchos obispos y superiores religiosos se lo piensan dos veces a la hora de destinar a los sacerdotes o religiosos a la enseñanza de la teología y, por tanto, se abren nuevos espacios para los laicos.  

Como el Papa Benedicto XVI y el Papa Francisco han destacado en varias ocasiones, el principal reto al que se enfrenta un teólogo contemporáneo para responder a las preguntas existenciales de la gente es la credibilidad. Para ser creíble, hay que estar preparado: proponer de nuevo el Evangelio sin adaptarse al relativismo, pero tratando de orientar a la gente hacia un camino seguro, inmune a las ansiedades del mundo posmoderno, requiere un pequeño esfuerzo por nuestra parte.  

La evangelización, sin embargo, no puede seguir siendo un concepto abstracto. La evangelización se realiza únicamente gracias a los evangelizadores, que son ante todo personas. La persona está siempre en el centro de todo programa de formación. Esto requiere que las universidades puedan ofrecer y garantizar una oferta de formación sólida, actualizada y «artesanal», como suele recordar el Papa Francisco, que coloca al estudiante en el centro para que pueda tener un camino más personalizado, más adecuado y más proporcionado a sus talentos. Esta oferta tendrá que adaptarse año tras año a la evolución y a las necesidades de formación. A partir del próximo año, por ejemplo, hemos previsto un «rediseño» del currículo del Bachillerato trienal. Ante todo, hemos querido dar prioridad a la renovación del plan de estudios, que ya se había iniciado en los últimos años, pero que ha recibido un nuevo impulso a partir de la experiencia de la pandemia. La renovación del currículo no sólo incluye las clases tradicionales acompañadas por el estudio personal, sino que también hemos dado espacio al estudio y los ejercicios fuera del aula en pequeños grupos. Si estimulamos a los alumnos a «ponerse en juego» a través de la realización de trabajos escritos y ejercicios orales, individualmente o en grupo, incluyendo proyectos prácticos de aplicación pastoral, estarán mejor preparados para dar respuestas concretas y convincentes a los grandes interrogantes del mundo, y no quedarse en discursos lindos pero abstractos, que deslumbran la mente sin calentar el corazón.

En segundo lugar, hemos reorganizado algunas materias para reducir la repetición de contenidos, con el doble objetivo de favorecer la profundidad y evitar el desgaste de energía; por ello, el programa prevé un máximo de seis materias por semestre, una de las cuales se elegirá entre los cursos facultativos, en función de los intereses de cada uno. Además de aumentar la motivación personal para estudiar, los cursos facultativos fomentan el trabajo en equipo y la cercanía entre profesores y alumnos. 

La pandemia también ha demostrado ser una oportunidad de crecimiento para nuestra facultad: la formación a distancia, llevada a cabo en respuesta a la crisis sanitaria, ha permitido forjar relaciones con estudiantes que de otro modo nunca habrían decidido inscribirse debido a la distancia. Las nuevas formas de «presencia virtual» han involucrado a toda la comunidad académica, tanto a los estudiantes como a los profesores, ilustrando nuevas posibilidades. Al mismo tiempo, la experiencia ha hecho aún más significativo el valor único de la formación in situ, que sigue siendo peculiar, tanto por la necesidad humana de contacto físico y cercanía, como por la extraordinaria riqueza de la tradición cultural y cristiana que ofrece la ciudad de Roma.  

Estos impactantes acontecimientos de nuestro tiempo abren nuevos retos a los que nuestra facultad quiere hacer frente procurando ofrecer a quienes desean formar parte de nuestra comunidad académica un servicio cada vez más completo, flexible y actualizado.