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El milagro para declarar santo a Foucauld confirma su estilo

EAST NEWS

Vanderlei de Lima - publicado el 08/07/21

El hecho extraordinario para la canonización de Carlos de Foucauld refleja su carisma, ya que tuvo lugar a favor de un no cristiano que se considera “sin fe”

La pronta recuperación, sin secuelas, del joven Charle, quien, desde una altura de 16 metros, cayó sobre un banco de madera y tuvo su cuerpo atravesado por un trozo de este banco, fue el milagro que confirmó la santidad de Charles de Foucauld.

Un milagro muy al estilo de Foucauld, porque se realizó en un no creyente, y este santo se consideraba hermano de todos.

El accidente sucedió el 30 de noviembre de 2016, víspera del centenario de la muerte de Carlos de Foucauld.

Charle, un joven carpintero de 21 años que se autodenomina “sin fe”, trabajaba en la restauración de los monumentos históricos de la capilla del Colegio San Luis, en Saumur.

Se encontraba, como de costumbre, sobre un andamio en la bóveda del templo, y de repente, hacia las 16.30 horas, perdió el equilibrio y cayó de un altura de 16 metros.

Se estrelló contra un banco de madera de la iglesia. El golpe fue tan fuerte, que un enorme trozo de madera de ese banco atravesó por completo su cuerpo justo debajo de su corazón.

Una escena dantesca

Según Religión en Libertad, “todos los expertos coincidían en que la caída desde esa altura contra un banco que le atravesó debería haber sido mortal por necesidad debido a un fallo de los órganos internos».

«Sin embargo, la escena dejó una imagen más impactante aún pues Charle se levantó con el enorme trozo de madera atravesando por completo su cuerpo.

Aún más, este joven anduvo 50 metros hasta poder encontrar al personal de la escuela de secundaria y pedirles ayuda».

Los testigos, aturdidos, llamaron a Urgencias. Un helicóptero medicalizado llegó hasta la escuela, pero era imposible trasladar al joven debido al enorme trozo de madera que atravesaba su cuerpo».

Una ambulancia adecuada lo trasladó al hospital.

Su jefe recurrió a Carlos de Foucauld

El propietario de la empresa constructora para la que trabaja Charle, François Asselin, se encontraba en ese momento en París.

Pensó que solo quedaba rezar. Y pidió la intercesión del entonces beato Carlos de Foucauld para que, a pesar de la extrema gravedad del caso, se pudiera salvar la vida de su trabajador sin secuelas.

François también invitó a rezar a la Fraternidad de María Inmaculada Reina y a su parroquia de Saumur, que precisamente lleva el nombre de Carlos de Foucauld.

Al día siguiente, fiesta de Carlos de Foucauld, la madre de Charle contó a Asselin que su hijo ¡estaba vivo! y que inexplicablemente para los médicos la cirugía para extraer el enorme trozo de madera había sido un éxito.

Ningún órgano resultó afectado ni por la gran caída ni por el trozo de madera. Milagrosamente el joven se recuperó por completo y volvió al andamio a trabajar.

Reconocimiento oficial

Sin embargo, faltaba la palabra de la Iglesia, que es muy estricta para reconocer milagros.

Los trámites que involucran a médicos y autoridades eclesiásticas son minuciosos y, por tanto, lentos.

Sin embargo, con el permiso de Charle, se inició el trámite. Se contactó con el obispo de Tamanrasset, donde murió Charles de Foucauld y la información fue transmitida al postulador de la causa.

El obispo de Angers, monseñor Delmas, inició una investigación diocesana antes de que el caso fuera enviado a Roma en 2019.

Y el 26 de mayo de 2021, el papa Francisco reconoció como un milagro este hecho extraordinario atribuido a la intercesión de Carlos de Foucauld.

Un milagro muy al estilo del santo

CHARLES DE FOUCAULD
Charles de Foucauld avec des esclaves qu’il a rachetés.

Pues bien, el milagro de la canonización de Foucauld confirma su carisma, ya que tuvo lugar a favor de un no cristiano que se considera “sin fe”.

¿Por qué subrayarlo? Porque Charles de Foucauld se destacó en dos puntos principales: ser un hermano universal y valorar siempre la posibilidad de estar en tierras de misión, especialmente entre los musulmanes.

Sí, es él mismo quien, en Bênni Abbês, escribe sobre cómo se siente como hermano universal:

“Quiero acostumbrar a todos los habitantes, cristianos, musulmanes, judíos e idólatras, a que me perciban como su hermano, como un hermano universal. Empezaron a llamar [la casa de Charles de Foucauld -n.d.r.] ‘la fraternidad’ (khauja, en árabe) y esto me hace muy feliz ”.

Jean-François Six. Charles de Foucauld: el hermano pequeño de Jesús. São Paulo: Paulinas, 2008, pág.66

Amor a los dominados y a los que dominan

Curiosamente, el amor de Foucauld no es exclusivo, ya que ama a los soldados franceses que dominan la región y también a los nativos locales que son dominados.

Si excluyera a uno de los dos grupos, su amor universal se convertiría en mera hipocresía o lucha de clases marxista.

Y esto es lo que, años después, la Hermanita Magdalena de Jesús, una de sus grandes seguidoras y fundadora de las Hermanitas de Jesús, diría en varios de sus escritos:

“Me encantaría amar a todos los seres humanos del mundo. Me gustaría poner una chispa de amor en cada rincón del mundo”.

Hermanita Annie de Jesús. Hermanita Magdalena de Jesús: la experiencia desde Belén hasta los confines del mundo. São Paulo: Cidade Nova, 2012, p. 51

De ahí una consecuencia práctica para las hermanitas y para cada uno de nosotros:

“Hay un obstáculo que hay que sortear: el de dar todo nuestro amor a los pequeños, a los pobres, a los oprimidos, y tener una mirada dura e indiferente hacia los grandes y ricos. En Marruecos, si tu amor está destinado a los marroquíes, sin saber que algunos franceses están sufriendo junto a ellos, tu amor será parcial e incompleto […]. Es difícil tener un corazón abierto a todos los seres humanos. Ya no tienes derecho a excluir ni a una sola persona, de lo contrario tu amor se destruye en su fundamento de universalidad y el mal penetra en tus corazones. Él lo destruirá todo”.

ibid., P. 97; cf. p. 141

Preocupado por los musulmanes

Respecto a los musulmanes, el ermitaño -confirmando, una vez más, su deseo de fraternidad universal, sin renunciar a la fe católica- dice:

“Voy al sur de la provincia de Orán, a la frontera marroquí, a una de las guarniciones de mujeres francesas sin sacerdote, viviendo allí como monje, silencioso y apartado del mundo exterior, sin título de párroco o capellán; como monje, en oración y administrando los sacramentos.

El objetivo es doble: primero, evitar que nuestros soldados mueran sin los sacramentos, en aquellos lugares donde la fiebre mata a muchos y donde no hay un sacerdote cerca.

En segundo lugar, sobre todo, hacer el mayor bien posible a la población musulmana tan numerosa y tan abandonada, llevándoles a Jesús en la Eucaristía, así como María fue una bendición para Juan Bautista, llevándole a Jesús”.

Charles de Foucauld: el hermano pequeño de Jesús, p. 62-63

La Hermanita Magdalena de Jesús, cinco años después de la muerte de Foucauld, también quiso partir hacia la tierra del Islam (cf. Hermanita Magdalena de Jesús: la experiencia de Belén…, p. 19).

Su deseo se hizo realidad en 1939, cuando, con otra hermanita, logró llegar al Sahara “con ropas similares a las de las mujeres árabes, en las que colocaron el corazón y la cruz del padre de Foucauld, queriendo demostrar que estaban simplemente para amar”(ídem, p. 29). Para ella, la caridad está por encima de todas las reglas (cf. ibidem, p. 37).

Aquí está la verdadera hermandad universal (que es católica, de kat’holon, ya que abarca todo el universo) confirmada en el milagro de Dios, por intercesión de Charles de Foucauld, a favor de Charle, el joven gravemente herido, pero que se recuperó rápidamente y sin ninguna secuela.

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