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¿Por qué pensamos que un empresario sólo quiere ganar dinero?

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Inma Álvarez - publicado el 09/06/21

¿Qué motiva a un emprendedor a fundar una empresa, o a un trabajador para seguir en su puesto? ¿Sólo el dinero? Las motivaciones humanas son mucho más complejas - y apasionantes - y conocerlas bien es la clave de la dirección de una empresa

Manuel Guillén es presidente del Instituto para la Ética en la Comunicación y las Organizaciones, una institución que se dedica a fomentar que las empresas se dirijan de una forma humanista, que sitúe a las personas en el centro de su actividad. El IECO está afiliado la Universidad de Valencia (España), colabora con la Universidad de Harvard, y es miembro fundador de la International Humanistic Management Association.

Recientemente ha publicado un libro, Motivación en las Organizaciones y Sentido del Trabajo (primero en inglés, y hace pocas semanas en español) que quiere convertirse en un básico de la ética del management. Hablamos con él:

– ¿Por qué es necesario hablar sobre  empresas y motivación?

Hay varias razones: La primera, por razones prácticas: entender la motivación es clave para dirigir personas. Como doy clases de dirección de empresas, el tema de la motivación es una de las bases del liderazgo, por lo que siempre está presente en las escuelas de negocios. Si no sabes lo que mueve a las personas, es muy difícil dirigirlas.

Todo empieza por conocerse uno mismo y nuestras propias motivaciones, esto es básico para dirigir nuestro propio comportamiento. Solo entonces podremos dirigir el comportamiento de los demás. Es algo que siempre se ha dicho en el ámbito de la filosofía.

Otra razón es que para conocer las motivaciones de los demás, es necesario preguntarles. Si no preguntas no conoces. Puedes indagar, suponer, pero no conoces. Y para conocer hay que saber hacer las preguntas adecuadas. Y esto supone conocer las posibilidades, y el problema es que hasta ahora las posibilidades que se nos enseñaban eran muy limitadas.

Hay una tercera razón, que es de sentido común. La motivación es objeto de estudio desde que empezó la filosofía en la Antigua Grecia. Aristóteles habla de ello en su Ética a Nicómaco. Lamentablemente, hemos olvidado muchos de los hallazgos de la filosofía clásica en este campo, y hay mucho que cambiar en cómo enseñamos a nuestros líderes.

– ¿Qué es lo que hoy motiva a un trabajador? ¿Ha cambiado la motivación interna de las personas?

Existe una generalización negativa en la sociedad sobre las motivaciones del empresario. Hace años participé en una encuesta entre estudiantes de la Universidad de Valencia, y señalaban de si mismos motivaciones como crear trabajo, razones trascendentes y positivas, mientras que cuando se les preguntaba por las motivaciones de los empresarios que un día les habrían de contratar, señalaban motivaciones como ganar dinero, hacerse ricos… les veían como egoístas.

Hay otra investigación de un profesor amigo de Sevilla que muestra que los estudiantes de las Facultades de Economía de España llegan a la Universidad con motivaciones muy trascendentes, de servicio y de ayuda, y se van con motivaciones tremendamente egoístas, precisamente porque les enseñamos el Homo aeconomicus y les transformamos.

Por otro lado, las motivaciones de los trabajadores son muy distintas, dependiendo del tipo de trabajo y del sector. Pero hay muchos estudios que muestran que lo que mueve a alrededor del 80% de los trabajadores es solamente el salario, y que alrededor del 20% de ellos odia su trabajo. Esta es una realidad mundial, se repite más o menos en cada país.

El resto se reparte entre los que ven el trabajo como una oportunidad de crecer y hacer carrera, y unos pocos que lo perciben como una vocación.

Sin embargo pienso, sobre las motivaciones del empresario que tan negativas parecen, que hay mucha más vocación, más deseo de contribuir a crear lo que necesita la sociedad, de lo que parece. Estamos potenciando una visión negativa que tiene que cambiar.

– ¿Qué crees que debe cambiar en la forma como educamos a los futuros líderes?

Hace falta una educación humana más completa, en las universidades, en las escuelas de negocios, en los colegios. Necesitamos una formación humanística y no solo técnica. En el IECO formamos parte del IHMA (International Humanistic Management Association), y somos socios fundadores del Consorcio Internacional de Centros de Dirección de Empresas Humanista.

Estamos convencidos de que el modo en que se enseña en estos momentos Dirección de Empresas es meramente técnico, economicista y mecanicista. Pedimos un cambio a una formación más humanista, interdisciplinar, imparcial e integral. A la hora de enseñar a futuros líderes, nos hemos olvidado de la filosofía, de las ciencias humanas, incluso de la teología.

Ahora mismo, a causa de esa visión tan materialista, tan academicista, estamos perdiendo la visión de la persona en su conjunto. Nos quedamos solo en la parte animal. La formación que estamos dando en las universidades, de fondo, dan una visión materialista, egoísta y cerrada a la trascendencia. En realidad, una lógica del miedo a perder las cosas que podemos ganar.

En mi libro, hablo de pasar de la lógica del miedo a la lógica del amor: Amar el trabajo, amar el servicio, amar a los demás. El amor humano es lo que está en la base de las motivaciones humanas, pero ¡de eso no habla nadie!

– ¿No contradice esto el espíritu del capitalismo, para el que la motivación es simplemente hacerse rico?

Desgraciadamente el espíritu del capitalismo se ha interpretado hoy de un modo muy estrecho, reduciendo todo a las leyes del mercado. Se han mercantilizado las relaciones humanas, culturales, sociales, interpersonales… hemos convertido en contractual hasta la concepción y la finalización de la vida. Todo se valora en función del coste-beneficio.

Lo que hay detrás de esto es una visión negativa y reduccionista del ser humano. El capitalismo que nos están enseñando muestra que el hombre solo quiere recibir y lograr, y además sólo bienes materiales útiles.

Hemos olvidado que lo que motiva principalmente al ser humano es amar y querer el bien. Necesitamos desenmascarar la visión pesimista, deshumanizada del ser humano que se nos está transmitiendo. Si lo que nos motiva es el bien, necesitamos repensar lo que es el bien, los bienes humanos, que no pueden ser sólo materiales.

Es verdad que vamos a trabajar cada día para ganar dinero. Pero es una verdad a medias. También amamos lo que hacemos, y amamos a la sociedad para quien lo hacemos.

– Mucha gente diría que esta manera de pensar es utópica y alejada de la realidad, que no sirve para ganar dinero. ¿Hay algún fundamento racional para pensar que si cambiáramos la manera mercantilista de pensar, nos iría bien económicamente?

Me gusta la pregunta. Como he dicho, la visión del capitalismo de que el hombre trabaja para ganar dinero es verdad, pero una verdad a medias, y por tanto una mentira.

La buena noticia es que al ser una verdad a medias, no hay que renunciar a ella, sino completarla. Se trata de humanizar y devolver el alma a los modelos con los que vivimos. Hemos convertido todo en un mercado, y esto hay que corregirlo: a la lógica de la transacción y del deber hay que añadir una tercera, la lógica del don, para que el modelo funcione.

Hay gente que cuando me escucha, pregunta: ¿pero cómo vas a meter la lógica del amor en una empresa? Pues porque la mayor parte de las transacciones no se hacen con vending-machine, sino con personas, que volverán si las tratas bien. Por mucha tecnología que haya, las relaciones son siempre interpersonales, y eso no va a cambiar.

La cultura empresarial tiene que cambiar, y el enfoque humanista es una clave para hacerlo. Hay que repensar el propio concepto de management, qué es dirigir, que es una organización humana. ¡Porque hoy solo estamos enseñando que es un mecanismo para hacer dinero!

Hay que repensar qué es dirigir personas, qué es el liderazgo, y por supuesto, qué es la motivación. Es oportuno empezar por la motivación: cuál es el bien que estamos buscando en nuestro trabajo, el sentido de lo que hacemos. Y en la cultura empresarial, es encontrar el «alma», el ADN, la esencia de esa empresa.

La idea central de mi libro es que la motivación de nuestro trabajo no es algo que nos tenga que dar el jefe. Ni tampoco por la cultura de la organización. Creo que es muy importante cambiar el chip: la motivación la elegimos libremente nosotros. La palmadita en la espalda o el aumento de sueldo pueden reafirmar, pero no son la motivación. Al final, la motivación la decido yo.

Pero el modelo mecanicista que nos están enseñando en las escuelas de negocio presupone que todo es acción-reacción, yo te doy – tú me sigues, zanahoria y palo. Es una visión de la psicología muy trasnochada. Cuando abres la visión a la ética y a la trascendencia, te das cuenta de que nos hemos olvidado de la libertad.

Dos personas pueden ver el mismo trabajo de maneras muy distintas: como puro modo de ganarse la vida, como parte de una carrera hacia el éxito, como una vocación profesional o incluso como una vocación espiritual.

Por eso la motivación es el alma de todo, de la vida y del trabajo. Y no es algo que se nos dé desde fuera. Es algo que está dentro de cada uno de nosotros. Por eso es tan importante volver a pensar sobre ella.

Un punto clave para resolver el dilema del equilibrio entre trabajo y vida personal, lo tiene que resolver cada uno según sus motivaciones: Yo soy quien decido los bienes que busco.

– Sí, pero según los datos más recientes, el 80% de los trabajadores afirma que está en su puesto de trabajo solo para ganar dinero. ¿Estamos en una sociedad que no es libre, en una sociedad decepcionada?

Decepcionada y esclavizada sin ser consciente. Así es. Vive por impulsos y está siendo gobernada por impulsos. El problema es que lo que ese 80% refleja es que vivimos en la esquizofrenia: Durante cinco días a la semana estamos trabajando para ganar dinero con la idea de que seremos felices en el fin de semana.

Tenemos una doble vida, pero tenemos la posibilidad de acabar con ella: las motivaciones que nos guían el fin de semana deberían guiarnos todos los días. Pasar de la visión de «trabajo para ganar dinero» a la visión de «trabajo para ganar dinero, para ser feliz, para ayudar a los demás, para realizarme, para ser santo».

La clave para salir de esa falta de libertad e inmadurez en la que vivimos es pararse a pensar y decidir qué es lo que nos motiva y elegir libremente lo que nos mueve a vivir. Hasta que no aprendamos a vivir apasionadamente en nuestro trabajo y en el mundo, viviremos huyendo hacia el fin de semana.

Lo que se está enseñando ahora sobre motivaciones en nuestras escuelas de negocios es: 1. sé un egoísta; 2. sé un soberbio. Punto. El mapa de motivaciones que yo presento en el libro viene con una aplicación que te permite «encontrarte» en ese mapa y decidir adónde quieres moverte. Nos jugamos muchísimo con ello.

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