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Toño Mauri: “Yo estoy vivo gracias a Dios”

TOÑO MAURI

Instagram-@antonio.mauri

Jesús V. Picón - publicado el 27/05/21

El famoso actor mexicano Toño Mauri concedió a Aleteia una entrevista, en exclusiva, donde expresa cómo ha sido su proceso de estar en coma a punto de perder la vida por el COVID-19 y recobrar la salud y la vida gracias a un milagro de Dios

El actor es recordado por su participación en varias telenovelas y en el grupo musical Fresas con Crema. Conocerás a un ser humano que lleva más de 29 años casado, un hombre que cree en el poder de los sacramentos.

Toño Mauri, gracias por concedernos esta entrevista. Para iniciar, ¿puedes contarnos un poco de ti? ¿Quién eres? ¿Dónde naces? ¿Y qué talentos Dios te ha dado?

Vengo de una familia cubana, mis padres son cubanos. Por situaciones adversas tuvieron que salir de Cuba y llegaron a México. Ahí nací yo y mis dos hermanas. El origen de mis abuelos es español. México obviamente es mi país, mi patria, mi tierra; pero mi sangre es española-cubana-mexicana, y quién sabe en qué más vaya a acabar, porque las generaciones se van entrelazando.

Una de mis hermanas, Graciela, que es la que sigue después de mí, fue la primera que incursionó en cosas de la televisión a raíz de un concurso, y salió como la niña que estaban buscando para hacer la primera telenovela infantil, que se llamó “Mundo de juguete”; y ella nos fue jalando, nos involucramos todos en ese mundo y, poco a poco, cada uno empezó a tomar su camino.

Graciela tenía 6 años cuando empezó a hacer la novela, y yo tenía 8. La novela duró 3 años. Crecimos ahí, en los foros y en ese mundo de la televisión, y nos enamoramos de ello desde chiquitos; las puertas se fueron abriendo y nosotros recibimos bendiciones en todo eso, a raíz del trabajo.

Luego vino la oportunidad de estudiar dentro de la empresa que se llama Televisa, en una escuela de actuación que acababa de abrir con la intención de crear alumnos que el día de mañana fueran actores que trabajaran para Televisa.

Cuando entré yo tenía como 14 o 15 años. Para entonces Graciela ya había hecho otra novela, así que seguíamos ahí, en el camino; y, dentro de la escuela de actuación, vino una convocatoria para crear un grupo musical y un programa de televisión que se llamaba “Fresas con Crema”; hubo audiciones para gente que venía de fuera y también para los que estábamos en el centro de capacitación.

Me dijeron que había que cantar y bailar, cosas que entonces yo todavía no dominaba, pero para eso estaba la escuela, para enseñarnos.

Al principio fuimos un grupo muy grande y se fue depurando: llegamos a ser 24, luego 12 y acabamos siendo 7. La intención y el nombre eran para un programa de televisión, pero terminó siendo un grupo musical porque era la época de los grupos, de “Menudo” y miles de otros grupos. “Fresas con Crema” compartía producción con “Timbiriche” y con “Flans”, así que muchas de las cosas las hacíamos juntos.

Ahí empezó prácticamente mi carrera, en los años ochenta. Empecé cantando porque eran grupos musicales que no tocaban instrumentos; y era la época del playback: todos hacían playback porque la tecnología no te permitía cosas en vivo como ahora; así que, sin ser algo informal, era menos complicado que hoy en día. Nuestro grupo no era malo, sino simplemente era como muchos grupos; pero empezó a tener su aceptación, empezamos a crecer, empezó la gente a oírlo e hicimos 5 discos. Yo estaba instalado en el confort del grupo musical porque viajabas, cantabas en muchos lugares; yo estaba muy a gusto.

Estando en el grupo, ya al final del último disco, me preguntaron si quería ser actor, si había pensado en la posibilidad de actuar. Dije que sí, porque la verdad es que yo había entrado a la escuela de televisión con la intención de actuar. Me llamaron para que fuera a audicionar, a hacer el casting de una telenovela que estaba buscando jóvenes.

Participé en dicha telenovela con Pedro Fernández, Adela Noriega y Victoria Ruffo. Fue mi primera telenovela, se llamaba “Juana Iris”. Después participé en otra, “Simplemente María”, donde mi papel era de mayor compromiso, pues era el del hijo de María, así que para mí era muy importante.

Conocí a Carla, el amor de mi vida

En el ínter de estar en “Fresas con Crema” y pasar a la actuación fue cuando conocí a Carla, que ahora es mi esposa; cuando yo empecé con las telenovelas ya había formalizado con Carla nuestro noviazgo, que duró 4 años. Nos casamos el 22 de febrero de 1992.

Llevamos 29 años casados; era y es la mujer de mi vida. De ahí vino la familia, con el gusto de crecer. Mi hija Carlita nació en el 96, y mi hijo Antonio en el 98.

Hacia Miami

Carlita tenía 4 años y Tonito tenía 2 cuando surge la oportunidad de ir a Miami a hacer una telenovela, cosa que me entusiasmó y a mi esposa también, y esto implicaba obviamente un cambio de vida, por lo menos el tiempo que durara la novela. Así que vinimos a Miami a hacer esa telenovela y nos gustó muchísimo la experiencia; luego vino otra telenovela así que nos pudimos quedar más tiempo; y luego otra más, así que en total ya habían pasado 6 años de novelas, y esto nos implicaba ya una forma de vida; nos adaptamos bien a Miami, los niños ya estaban en la escuela, y fueron surgiendo otras cosas de trabajo aquí en Estados Unidos, en Miami.

Las cosas se fueron dando una con otra. Fuimos dejando de hacer telenovelas y empezamos a incursionar en otro tipo de negocios: creamos una cadena de lugares para niños, luego puse una agencia de management con un socio, y representábamos a compañeros míos actores. Fueron los procesos que me fueron llevando hasta el día de hoy. Llevamos casi 17 años viviendo aquí.

Todo iba muy bien hasta que surgió lo que daría un giro totalmente en esta experiencia.

«Siempre hemos estado apegados a Dios»

¿Tienes afinidad con alguna religión y, si es así, dónde surge tu fe en Dios? ¿Cómo fue ese caminar también paralelo en tu vida?

Desde pequeño mis padres me inculcaron mi religión, la religión católica. Desde chiquito sentía una cosa especial cuando pensaba en Dios o veía imágenes; sentía una gran atracción.

Vas creciendo y vas asimilando tu fe. Como con cualquier persona, suceden cosas que van reafirmando tu fe. En el caso de mi familia, considero que siempre hemos sido buenos católicos, pues aunque no siempre viviéramos la constancia de las misas, siempre hemos estado apegados a Dios.

«Mi esposa y yo le pedíamos a la Virgen tener hijos»

Pero fueron sucediendo cosas en las que Dios se hacía presente, donde muestra que está contigo. Y dentro de nuestra fe y nuestras creencias nació Carlita, Carla Teresa, mi hija, y tuvimos la oportunidad de invitar a un sacerdote italiano al que le tomamos mucho cariño porque en el proceso de que naciera Carlita hubo muchas situaciones de salud, sobre todo conmigo, porque tenía una complicación para que pudiéramos tener hijos. Esto me llevó a que me hicieran una operación para buscar la posibilidad de estar bien, y así fue. Desde ese momento empezó una comunicación más directa y estrecha con Dios. Carla mi esposa y yo le pedíamos muchísimo a la Virgen, con toda esa ilusión y con todo ese amor que sentías que había alrededor.

Entonces, en uno de los viajes que hicimos a Roma, hicimos contacto con este padre, y se volvió alguien muy íntimo, muy personal para nosotros. Al nacer Carlita quisimos invitar al sacerdote, el padre Florián, a que viniera a bautizarla. Dijo que sí y nos empezamos a poner de acuerdo.

Y un día nos llama por teléfono y nos dice: “Miren, no hay mayor satisfacción que la que me han dado ustedes para que yo lo haga; pero quiero decirles que se ha abierto un sorteo en Roma, en la Ciudad del Vaticano, para los niños para que puedan ser bautizados por el Santo Padre”, es decir, por el Papa Juan Pablo II.

También nos dijo que no había que crearnos falsas expectativas, pues era algo que se hacía todos los años, una vez al año, y que como era un sorteo, los que lo ganaban eran los que podían tener esta experiencia.

Enviamos los papeles que se requerían, y esperamos la respuesta. Llegó por medio de fax, teníamos el aparato en la habitación de mi esposa y mía. El mensaje tenía el escudo del Vaticano, pero el texto estaba en italiano. Sin embargo, decía “Carla Teresa”, que es el nombre de mi hija, y el nombre de nosotros.

Por la diferencia de horario, era la madrugada para nosotros, así que desperté a Carla, y como ella habla un poco de italiano porque tiene familiares italianos, me dijo: “Está aceptada. ¡La aceptaron para el bautizo!”. Yo casi no lo podía creer, porque solamente son 12 bebés. La ceremonia se hace en la Capilla Sixtina, y es un evento muy especial porque es el día en que se recuerda el Bautismo de Jesús.

El simple hecho de pensar que Dios la haya elegido, para nosotros era un acontecimiento gigantesco. Además fue el último año en que Juan Pablo II impartía el Bautismo porque su salud venía deteriorándose. Hasta ese año él mismo aún bautizó a los niños, nos dio la Comunión a nosotros, y toda la liturgia la presidió el Papa. Los años posteriores, al decaer su salud, solamente estaba presente.

Ese acontecimiento en especial nos marcó mucho a mi esposa y a mí, y también a nuestras familias y amigos; incluso a México porque fue la primera niña mexicana que bautizaba el Papa. Y un Papa maravilloso, Juan Pablo II, y Dios nos dio ese regalo.

Desde allí yo sabía que Carlita va a tener su misión, porque Dios elige a quien quiere. Carlita está consciente de eso, ella está muy cerca de Dios, y a raíz de lo que pasó todavía más. Y todo esto te viene reafirmando tu fe, te va haciendo fuerte. En estos 29 años de matrimonio Dios ha estado presente en nuestra casa y ha hecho que la familia esté unida.

Tuvimos la oportunidad de estar varias veces en Medjugorje, un lugar maravilloso, y ahí fue donde mi hija conoció a quien ahora es su esposo y ahí se comprometieron. Todo viene caminando, caminando, caminando; y de pronto te das cuenta de que todo se junta, que todo tiene una razón de ser. Lo vas viendo y vas entendiendo cosas. Así nos ha pasado hasta el día de hoy.

Y ahora hemos tenido una prueba importante de fe y de fuerza, que solamente Dios te la da. Todo ha sido una experiencia maravillosa; yo me encomendé a Él y le dije: “Señor, si es tu voluntad que yo tenga que irme por esto que estoy pasando ahora, yo lo acepto; y te agradezco por una vida maravillosa que me has dado, con seres maravillosos, con ángeles siempre rodeándome”.

Y pasó este acontecimiento y, gracias a Dios y a su voluntad y enorme amor es que estoy aquí. Porque fueron tantas cosas que solamente Dios puede, nadie más puede. La medicina llega hasta un punto importante, pero la última decisión la toma Dios.
Cuando yo lo sentí, cuando yo vi cómo funcionó todo, cómo fue, cómo fluyó, no te queda ninguna duda. Sentir la presencia de Dios en los momentos más duros, donde Él te dice “Aquí estoy contigo”, te fortalece.

Estoy pleno de Dios, pleno de mi fe; estoy convencido de lo grande y maravilloso que es Dios, de ese cariño con el que nos quiere y nos cuida. Y convencido también de que Dios no castiga y que no nos puso estas enfermedades para castigarnos ni mucho menos, sino, al contrario, para sacarnos de esos problemas que se nos presentan todos los días. Y que Él está ahí y que solamente hay que abrirle el corazón y decirle: “Jesús, entra, entra aquí; yo me consagro a Ti; yo te doy todo el poder de que ejerzas en mí tu voluntad”.

No son sólo palabras, es de verdad. Yo lo viví, y la prueba está aquí, que hoy estoy vivo gracias a Dios. Cuando la medicina dice “hasta aquí llegamos, lo demás ya no depende de nosotros”, es cuando dices “¡Uauh! ¡Gracias, Señor!”.

Y le agradezco muchos a Dios que me dé la oportunidad de transmitir este testimonio, de compartirlo con gente a la que a lo mejor le puede servir conocerlo, le puede ayudar en algo, evitar cosas que se pueden evitar. Pero yo estoy muy feliz de que me haya elegido a mí y que me deje estar vivo disfrutando todavía las cosas que me rodean: mi familia, mis hijos, la vida.

Todo santo tiene un pasado, un presente y un futuro. ¿Toño Mauri ha experimentado una conversión? A lo largo de tu carrera no ha habido noticias de ti con respecto a excesos.¿Pero en tu carrera o en tu vida hubo algún momento en que dijeras “¡Hasta aquí, Señor! Voy a cambiar”? Te lo pregunto porque evidentemente Dios da señales de que eres un bendecido. ¿Simplemente puede decirse que tu vida ha sido un camino de Dios, incluso en el medio artístico, que es tan difícil, o que has experimentado quizá algún momento de conversión?

Sí, desde luego, y han sido muchos momentos. Como tú bien dices, esta carrera es bellísima, pero también tiene sus cosas. Tiene sus excesos, y tiene sus momentos en donde pierdes un tiempo que es muy valioso en relación con Dios, porque lo vas dejando de lado, lo vas abandonando, le vas perdiendo la constancia; porque el día a día te lleva a un evento, a las filmaciones, a una rutina. Pero en realidad a cualquier persona le pasa lo mismo cuando entras en una rutina y no te das cuenta.

Muchas veces no es que te olvides de Dios, pero ya no lo tienes tan presente o tan constante. Y, tristemente, cuando vienen situaciones tan fuertes es cuando lo buscamos otra vez; pero con esa inmensa misericordia que tiene Dios se apiada de nosotros, y con ese mismo amor volvemos a retomar el camino. Y Dios se hace presente, Dios te toma de la mano.

Yo, en el momento más duro de mi experiencia que he pasado ahora, le pedí que me tomara de la mano, que no me soltara, que me acompañara. Fue el momento más difícil y yo sentí su mano. Sentir la mano de Dios es incomparable e inconfundible, porque ese momento sentí una paz… No tuve más temor, sentí que todo estaba bien, y esa sensación de dormir la recuerdo como si fuera la mejor noche de mi vida, y fue una noche que duró casi 4 meses.

El sentir la presencia de Dios es un regalo. Él se hace presente en todos, pero pasa que no nos damos cuenta, que estamos distraídos viendo la televisión u otras cosas, y nos perdemos los momentos donde Dios se hace presente y te dice “aquí estoy”.
Te tienes que ir abriendo, ir abriendo el corazón. Tienes que ir abriendo las puertas para que Él entre. Porque Él está ahí, está esperando el momento en que tú lo llames. Así lo viví.

Dios se manifiesta de muchas maneras; pero tenemos que estar conscientes y al pendiente para ver cuáles son esas manifestaciones porque cada vez que nosotros pedimos con el corazón Dios nos escucha y nos ayuda.

Después de lo que he vivido, siento un gran agradecimiento antes que nada, y siento que yo soy importante para Dios. Me siento correspondido y Él conmigo, porque ahora yo estoy muy comprometido pero, más que todo, muy fortalecido; y muy emocionado, muy entusiasmado de estar consciente de que yo tengo una misión, y Dios por eso me dio la oportunidad de estar aquí. Esa misión, siento yo, debe ser basada en la experiencia que he vivido y que ha sido muy fuerte. Y que todo esto sirva de testimonio para la vida de otras personas.

Ahora no sólo soy yo, ahora están mis hijos con la misma fuerza y la misma convicción, la misma conversión. Ha sido una conversión total de mis hijos, de mi esposa, que de por si Dios siempre ha estado presente, pero esto ha sido muy fuerte, un estar en comunicación cercana con Dios.

Antes de que empezara todo, y cuando con la pandemia estábamos en casa sin salir, todos los días escuchábamos la Misa y rezábamos; o sea, teníamos una rutina en Dios muy bonita. Y cuando todo pasó, me di cuenta de que eso fue la preparación para estar fuertes en la lucha, en la batalla que nos tocaba lidiar. Porque en ellos recayó mucho peso con las noticias. Cuando le hablaban a mi esposa le decían que yo no iba a pasar la noche, eso sucedió tres veces cuando estuve en coma. Noticias muy duras ante las cuales sacas el valor de todo lo que te ha dado el Señor para poder afrontarlo. Mis hijos, mi esposa… A todos nos tocó vivir eso; a mis hermanas, a mi madre, ¡el dolor!

Siempre pensé en la Virgen en el momento tan duro y tan triste de ver a su Hijo en la cruz desangrándose, lleno de heridas, muriendo. Para una madre eso debe ser lo más duro, lo más difícil en la vida. Pienso y pensaba en Ella, y pensaba en mi madre, que no me podía ver y que nada más podía hablar conmigo por teléfono, lo duro que es afrontar estas cosas. Pero, en medio de todo esto, encontrar la paz que Dios te da para que tú puedas seguir adelante y tu familia también pueda seguir adelante. Veo la fortaleza que el Señor puso en mis hijos, que puso en Carla para poder afrontarlo y para poder tomar las decisiones correctas.

Estoy convencido de que estamos en una lucha entre el mal y el bien, y que tenemos que estar fuertes para luchar, y esa fuerza nos la da Dios; estando con Dios estamos totalmente protegidos.

Esta experiencia me ha hecho ver las cosas de un color distinto. Ante las cosas que ahora veo digo: “Lo que me hubiera perdido si ya me hubiera ido”. Si la voluntad de Dios hubiera sido que me fuera, ya no hubiera podido ver el momento en que se casó mi hija, que para mí era una ilusión gigantesca entregarla en la iglesia; y Dios me lo concedió, se lo había pedido siempre con todo mi corazón.

Le dije: “Dios mío, si tu voluntad es que yo me vaya, adelante; pero Tú que puedes ver mi alma y que puedes ver mi corazón sabes el tremendo gusto que me daría poder entregar a Carlita el día de su boda”. Era una de mis metas, y Dios estuvo ahí y me lo cumplió; fue hace unos días y se pudo realizar tal como lo soñé.
Y todo lo que había sido tristeza se convirtió en alegría. Le doy ahora el valor a muchas otras cosas que antes las dábamos por hechas. Ahora sé lo que significa respirar, lo que significa caminar, lo que significa ver u oír.

¿Ya pudiste volver a comulgar? ¿Qué significa para ti la Eucaristía?

Para mí es el momento más sagrado, más de unión con Dios; esa Comunión es el momento en que tú recibes a Jesús, a Dios. A Jesús que siempre está, pero es el momento donde Él te da la oportunidad de sentirlo, de sentir que está dentro de ti por medio de la Comunión.
Y, sobre todo, son momentos que anhelaba, yo quería comulgar.

Al principio era muy difícil, cuando por las pandemias las iglesias cerraban; pero nunca faltó la oportunidad, no siempre pero sí en ocasiones, de poder comulgar, ya fuera aquí en la casa, o íbamos a algún lugar donde se pudiera; buscábamos la manera. Es lo que nos alimentaba, la Comunión es el alimento del alma, es lo que realmente nos une con Dios.

Para mí era muy importante. Y en el proceso tuve la oportunidad de que sacerdotes me diera los santos óleos varias veces, sacerdotes muy especiales que Dios puso, porque cada uno tenía una historia de cómo llegaba ese día conmigo; y me podía confesar y recibía la Comunión. Era también una liberación de muchas cosas que se van quedando pendientes, pero nunca deberías dejar nada pendiente, y si Dios da la oportunidad de que te pongas al día, de que estés bien con Dios, en gracia, es por algo, porque hay que hacerlo.

Entonces sí tuve oportunidades para ir sacando todo esto, recibiendo a Jesús, y yo con una paz infinita. Cada vez que yo podía comulgar me daba una fuerza increíble, increíble; y lo mismo le ocurría a mi familia, a mis hijos, a mi esposa Carla.

La Comunión es ese punto maravilloso donde converge todo: fe, esperanza, amor; lo que es Dios.

Pareciera que este virus del covid-19 a algunos los destroza, y a otros no. ¿Cuál es tu opinión al respecto? Porque no sólo al ser humano le está pasando, sino a los países, a las familias. Hay quienes no tienen síntomas. ¿En tu caso qué crees que pasó? Porque te veíamos sano, atlético. ¿Por qué crees que en algunos se ensaña este virus?

No tengo la respuesta de esto, pero sí te puedo decir una cosa: que este virus y el hecho de que haya personas a las que nos da tan fuerte no es, como dije antes, por algo que Dios haya hecho o haya ocasionado.

Yo creo que estamos viviendo unos tiempos muy difíciles, unos tiempos donde vemos un mundo verdaderamente mal: un mundo de excesos, un mundo de ignorancia, un mundo de deterioro, un mundo que nosotros mismos estamos destruyendo.

Yo veo al mundo, no a un país, no a una familia. Pero al mismo tiempo creo que Dios elige a las personas que tenemos esa gracia de poder ser parte de su proyecto, parte de sus cosas, porque Dios estuvo presente para salvarme; Él no iba a ocasionarme esto para salvarme, sino que ya que yo tenía el virus, Él se hizo presente y me salvó.

Yo veo un virus agresivísimo, y veo mucho, mucho, mucho del mal que está luchando por su propósito; pero también veo la fuerza de Dios, que no la puede vencer nadie.

Tristemente se han ido gentes a las que queremos mucho, y ya están en la Gloria con Dios, mientras otros tendrán sus consecuencias. Pero, a nivel mundial, creo que lo que estamos viviendo hoy es el reflejo de lo que nosotros mismos hemos creado; hemos acabado con muchas cosas que no se hicieron para eso, y en lugar de disfrutarlas y aprovecharlas las hemos mal usado, malgastado. Yo creo que eso ha sido parte de llegar a una cosa como la que está pasando hoy en día; una pandemia, un nivel tan grande de alcance de esto.

Es una lucha constante entre el bien y el mal. Y, siendo del ejército de Dios, como yo me considero, estoy muy orgulloso y muy agradecido con Dios de que me haya elegido para ser uno de sus guerreros. Estoy súper contento, súper comprometido y súper entusiasmado de poder hacer lo que el Señor decidió para mí.

¿Y qué opinas de que algunos países no estén recibiendo o teniendo las vacunas por equis circunstancia para su población, mientras que hay otros países, como Estados Unidos, que han sido bendecidos de manera que su proceso de vacunación va muy avanzado? ¿Cuál es tu opinión sobre México, en donde desafortunadamente mucha gente todavía no tiene acceso a la vacuna?

Mi opinión muy personal es que es un tema que requiere la prioridad ante cualquier otra cosa. Con una sola vida que se pueda salvar, ya sea por una vacuna o por un tratamiento, o por lo que sea, cumpliría con el objetivo de cualquier país, de cualquier líder. Yo creo que hay que ponerle atención, porque siempre hay maneras de buscar una solución.

Yo que lo veo aquí en Estados Unidos, y que veo cómo funciona, creo que cada país debe tener esa fuerza. Efectivamente, se requieren las vacunas para poder ir disminuyendo la probabilidad de que siga creciendo el virus, o que vaya a mutar en otros virus.

Pero yo creo que también depende mucho de nosotros, como ciudadanos, de tomar conciencia de que si no están las vacunas, por lo menos nos debemos un modo de vivir protegiéndonos, cuidándonos, cuidando a los demás. Porque si no contamos con las vacunas no quiere decir que por eso nos vaya a dar; al contrario, hasta vacunados tenemos que seguir cuidándonos.

Lo que yo veo tristemente en México es que la gente no lo ha tomado con la medida que se debe de tomar; veo a la gente en la calle sin el cubrebocas, veo juntándose a todo el mundo en lugares, en restaurantes. Me da un poco de tristeza y de impotencia, porque depende de nosotros. Depende también de nosotros el hecho de ajustarnos a las circunstancias, buscar la manera de hacerlo. Si no hay vacunas, bueno, hagamos caso de lo que tenemos que hacer para tratar de que haya menos riesgo.

Espero que México pronto resuelva este tema. Porque aquí la respuesta es que la vacuna efectivamente ha reducido mucho los contagios, a raíz de que la gente se ha vacunado.

Quiere decir que está funcionando. Y, si ésa es la solución, pues hay que hacerla; en el momento en que se tenga la oportunidad, pensar en eso. Porque hay gente que no quiere vacunarse, y está en su derecho; pero hay que pensar, como yo que ya viví esta experiencia, que si te puedes evitar esto, pues hay que agotar cualquier posibilidad antes de caer en una situación así, porque es muy duro.

¿Estás listo para que, el día y el momento en que Dios te llame, estés presente ante Él?¿Tienes menos pendientes que antes de tu contagio?

Sí, definitivamente. Todo este tiempo me ha servido para eso, para estar en gracia con Él. Lo hemos hablado en familia, somos muy bendecidos por Dios todos los años que hemos vivido, las experiencias que hemos tenido han sido maravillosas. Y el día que Dios nos llame, no sólo a mí sino a cualquiera de nosotros, sabemos que hay un Dios que nos está esperando y que hay una vida después de ésta. Tenemos la ilusión de que nos volveremos a encontrar; y como sé que así es, estoy muy motivado, muy agradecido con Dios.

Hoy vivo como quien dice “al día”; planeo, pero pensando que hoy es el momento, y el momento lo disfruto con todas mis ganas, con todas mis fuerzas; cada minuto, cada segundo. Son de las cosas que cambié en mi vida. El pasado ya pasó, el presente es hoy, y del futuro sólo Dios sabe lo que nos tiene a cada uno.

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