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¿Conocer el futuro mejoraría las cosas?

magic pictures | Shutterstock

Carlos Padilla Esteban - publicado el 20/05/21

La clave no es cuándo va a suceder lo que deseo, tampoco es cómo, más bien es en quién confío

Hay un deseo escondido en el corazón del hombre. Es la necesidad de saber qué va a pasar mañana.

Quiero tener claro los pasos que voy a dar y ver si van en la dirección correcta. Quiero conocer mi destino, la suerte que correré.

No le tengo miedo a la vida. Puede ser ingrata mi suerte, pero si sé lo que viene por delante, estaré preparado para enfrentarlo. Si lo ignoro corro peligro de vivir con miedo.

Deseo conocer el destino, el futuro, lo que viene por delante. Me asusta esa duda de lo posible, de lo probable, de lo incierto.

Los discípulos quieren saber y le preguntan a Jesús:

«Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?».

Hechos 1, 6-11

Quieren saber si es ahora el momento de la victoria final y ellos van a ser parte de ese triunfo.

Me inquieta poder conocer lo que viene, lo que va a suceder. Echar las cartas, consultar mi suerte, buscar de alguna forma una imagen que me revele cómo me encontraré yo dentro de unos años, o unos meses. Saber si lo que ahora emprendo saldrá bien.

Conocer el futuro, ¿mejor o peor?

Es la incógnita con la que todo hombre vive. ¿Es tan malo no saber? ¿Es tan dolorosa la incertidumbre? Y si conociera mi futuro, ¿eso no condicionaría los pasos que doy?

En una película una mujer sabe por un profeta que no va a volver a tener más hijos. Se queda embarazada, pero cree más al profeta y no se cuida. Al final pierde el hijo. ¿Fue porque era su destino o porque ella no creyó que pudiera volver a ser madre?

Si me dicen que voy a fracasar en lo que emprendo, ¿no dejaré de luchar con todas mis fuerzas sabiendo lo que va a ocurrir?

Y si al final fracaso, ¿habrá sido porque estaba escrito o porque yo dejé de luchar desanimado por la profecía?

Yo puedo ser el creador de mi futuro. Puedo marcar lo que va a ocurrir. Si pienso que voy a perder, puedo hacerlo realidad con mi actitud.

Entonces, ¿me convendría saber lo que va a ser de mí? Creo que no me ayudaría en nada.

Saber el futuro no me daría paz. Muy al contrario. Me desanimaría en la vida y haría que no luchara por aquello en lo que creo.

El misterio impulsa

NATURE

La actitud es una parte fundamental de mi vida. Mi motivación, mis ganas de luchar, mi espíritu competitivo.

Si lo pierdo me iré muriendo poco a poco. Saber el futuro, el final de mi camino, no me ayuda.

Es cierto que si supiera que todo va a salir bien viviría sin temor. No me angustiaría como lo hago tantas veces al mirar el futuro incierto.

Pero no es esa la forma. Saber el futuro exacto nunca va a ocurrir. Me lo recuerda Jesús:

«No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha establecido con su autoridad».

Confiar en Dios da paz

Pero yo ya sé, en el fondo de mi alma, que todo va a salir bien.

Quizás no como yo ahora lo imagino. Tal vez no de la misma forma, o por el mismo camino.

Pero sé que el amor de Dios no me va a dejar nunca y va a sostener mis pasos pase lo que pase. Eso me da paz.

El futuro siempre permanecerá oculto detrás de las nubes, oculto en la niebla. No me angustia no saberlo. Entrego mi vida en las manos de Dios y confío.

Todo va a salir bien, Dios me lo ha dicho.

Yo hago historia (de la mano de Dios)

PAINTED ROCK

Hace poco Marcos Abollado comentaba en una charla:

«¿Es posible cambiar el futuro? Hace falta cierta valentía y alguien que empuje».

El futuro seguro que lo puedo cambiar, no está escrito, no hay un destino inamovible.

Creo que voy labrando mi historia, mi presente, mi vida, de la mano de Dios. Puedo cambiarla, mejorarla, hacerla más honda, más de Dios. Me gusta pensar así.

Puedo cambiar mi presente y hacerlo mejor. Pero no quiero vivir con angustia pensando en todo lo que puede ocurrir.

La precaridad de la pandemia

Tal vez la pandemia ha acentuado la sensación de precariedad. Todo se tambalea y está en duda. Escribe Mauricio López Oropeza:

«Lo esencial en este tiempo de pandemia, con miras al mañana que habrá de llegar, es definir cómo y desde qué fuerza interna y externa mayor a nosotros mismos vamos a afrontar estos meses y años por venir; y dilucidar cuál será la actitud determinante con la que nos hemos de conducir como hijos e hijas de este tiempo con respecto de nosotros, los otros, y sobre qué sentido de misterio mayor que nos trasciende hemos de sostener nuestro camino».

La actitud con la que enfrento cada día es la que me salva o condena. La alegría llena de esperanza, o la tristeza desesperanzada.

La mirada positiva que construye nuevas casas con los cimientos caídos. O la mirada llena de rencor que permanece paralizada mientras todo se derrumba.

Todo va a salir bien, es lo que escucho en mi corazón. No sé ni cuándo ni cómo, pero me lo creo.

Construir o dejar caer la ruina

BUILD

Confío en el amor de Dios que es el que tiene mi vida en sus manos.

No hay una fuerza irracional que conduce este mundo. Ni hay un mal que decide lo que me va a suceder mañana.

Yo soy libre de temores y angustias cuando creo que todo es posible si me dejo hacer por Dios.

Me pongo manos a la obra y vivo el presente como el mayor regalo de Dios. Puedo construir mi futuro o dejar que se derrumbe sin hacer nada positivo.

Quiero ser constructivo. Me lleno de esperanza y dejo mis miedos a un lado.

La pregunta no es cuándo va a suceder lo que deseo. Tampoco es cómo. No me interesan esos caminos ocultos que Dios tiene para salvar mi vida.

Él sabe más, lo conoce todo. Y mi vida está en sus manos, no en las de los hombres con sus decisiones arbitrarias y antojadizas.

A veces me parece que estoy perdido. Pero es mentira. Confío en sus tiempos que no son los míos. En sus caminos que no se parecen necesariamente a los que yo sigo.

Pero creo que al final, no sé muy bien cómo, todo va a salir bien.

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