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Rescata al niño que vive en ti

LUMEZIA - Shutterstock

Carlos Padilla Esteban - publicado el 19/05/21

Permítele sentir, reír, saltar y lanzarse al vacío esperando que su padre lo abrace para siempre

Hay en mi alma algo de niño que me lleva a querer jugar con la vida. Un deseo innato de sentirme hijo.

Una fascinación compulsiva por el presente, en la que retengo con mis manos cada hora, cada momento, cada mirada.

Siento en mi interior una sonrisa ancha que estalla en carcajadas. Hay en mi alma un niño escondido, retenido, que no quiere hacerse mayor.

Desea sostener la luna entre las manos y confía en llegar al sol cerrando los ojos para no deslumbrarse. Atrapa los sueños que brotan en el inconsciente. Y los aprieta deseando que se hagan realidad.

Libre y feliz

Me gusta ese niño libre que llevo dentro porque no entiende de cadenas, no conoce la prudencia e ignora las obligaciones.

Huye de normas escritas que le tensionan y constriñen. Y le gusta lo imprevisible, eso que no se puede prever.

Se deshace en risas por los caminos por cualquier motivo pequeño que alegra su corazón inquieto.

Vive corriendo detrás de las hojas del otoño que cabalgan por las calles. No duda en cargar piedras que parecen demasiado pesadas para sus pocas fuerzas.

Valiente y auténtico

AMAZEMENT

Me alegra ese niño escondido que se sube valiente a la barca sin temer rumbos desconocidos.

Ese niño que espeta la verdad a la cara, sin tenerle miedo a la respuesta de quien le escucha.

Me conmueve ese niño que grita feliz cuando está contento. Y se enoja con rabia cuando le contradicen.

Me gustan sus lágrimas en las emociones, cuando algo toca las fibras más hondas de su ser.

Me quedo con sus abrazos llenos de furia, intentando contener la fuerza de las olas del mar.

Lleno de confianza

FATHER, DAUGHTER

Ese niño que llevo dentro retiene lo que posee para no perder lo que más ama.

Y se lanza al vacío en un vuelo eterno esperando ser contenido por unas manos poderosas que sean su hogar para siempre.

Ese niño sueña con sorpresas inmensas que superen sus expectativas y deseos. Le gustan las alegrías compartidas y de todo es capaz de hacer una fiesta.

Ese niño se entristece con las penas propias y ajenas. Hace suyo el dolor del que sufre y se estremece con la injusticia que observa.

Se apasiona con los juegos más tontos, queriendo competir hasta el final. Lucha hasta el extremo con una intensidad que me conmueve y agota al mismo tiempo.

Este niño mío que llevo dentro ama lo cotidiano como lo más sagrado y sé que le gusta la vida sencilla, esa que es de andar por casa, construyendo pequeños sueños día a día.

Le gusta reír con chistes tontos y vivir sin temer el futuro incierto que tiene por delante.

A veces lo reprimo

CISZA

Me gusta la mirada de ese niño travieso que se esconde dentro de mi alma. A veces lo intento reprimir para ser prudente y no decir nada inconveniente. Para respetar las normas y obedecer los deseos de los que me rodean.

Por eso me veo de pronto silenciando sus risas que pueden salirse de tono tan sólo por querer guardar las apariencias.

Evito sus carreras molestas para que parezca que ese niño es tranquilo, está educado y vive en paz dentro de mi pecho.

Pero no puedo matarlo, iría contra mí mismo. Sería como descabezar mis sueños y matar mis emociones.

Me niego a vivir sin luz, sin paz. No quiero que se duerma ese niño que llevo oculto dentro del alma, atrapado en mi ropaje, desdibujado en mis formas, esas que me revisten para parecer quien no soy, pretendiendo estar a la altura.

Quiero dejar volar al niño que a veces acallo. A ese niño luchador y soñador. A ese niño alegre y persuasivo.

Lo dejo salir porque busca las estrellas cada noche y recorre el cielo hasta el sol cada mañana. Me gusta la mirada de mi niño, su actitud tan libre. Leía el otro día:

«Es sorprendente la facilidad que tienen los niños para adoptar a los desconocidos. Saben aprovechar lo mejor de cada uno. Así es mucho más fácil ser feliz».

Amelia Noguera, Escrita en tu nombre

Un niño acogedor

CHILD, HUG, DAD

Mi niño interior acoge a todos en su alma. Los llama hermanos, amigos, padres o hijos. Los sostiene en su mirada. Los retiene en su corazón sencillo.

Me gusta esa mirada que no pone barreras, más bien tiende puentes. Me gusta la felicidad de mi niño que a veces mis razones sensatas intentan matar.

No quiero que su felicidad se me ahogue en la garganta. Ni que su alegría se tiña de mi prudencia y sensatez.

No quiero que su libertad se ate en mis cadenas. Esas que me hacen esclavo de mis propias normas y mandamientos.

Libéralo

Quiero que florezca en mi alma ese corazón alegre de niño audaz que no le tiene miedo a la vida y se arriesga por los caminos sin poner excusas, ni buscar razones para dar la vuelta.

No quiero matar ese niño interior que grita dentro de mí. Recuerdo las palabras del padre José Kentenich:

«Si nunca he sido niño, si, por tanto, el amor filial nunca se despertó en mí, ¿acaso podrán imaginárselo…?».

King, Herbert. King Nº 2 El Poder del Amor

Quiero ser niño. No me conformo con no serlo. Beso mi historia sagrada y le pido a Dios que me ayude cada día a rescatar el niño herido que habita en mi interior.

Ese que se esconde para no ser herido de nuevo. Ese que anhela un padre bueno que lo abrace y le dé confianza.

Quiero que mi niño se sienta hijo otra vez, o por vez primera. Me adentro en mi interior para soltar sus cadenas y dejar que corra a sus anchas por mi vida, sin miedo.

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espiritualidadfelicidadinfancialibertad
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