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Marca personal humilde para la profesional católica

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Irina Bg - Shutterstock

María José García Crespo - publicado el 17/05/21

El prestigio del que un cristiano goza en su desempeño profesional puede ser un medio de apostolado

Ser católica, asumiendo la virtud de la humildad puede parecer contrario a lo que nos enseñan como mujeres profesionales: «empodérate, promociónate, comparte tus logros, lleva las riendas de tu proyecto profesional».

Sabemos que desarrollar una marca personal es importante. Ayuda a que otros vean nuestros verdaderos talentos, por lo que es más probable que nos seleccionen para puestos o responsabilidades, interesantes, y nos ayuda a diferenciarnos de los demás. 

¿Qué puede hacer la profesional católica cuando quiere promocionarse como empleada o como empresaria? No hay nada malo en triunfar en los negocios, pero a veces cuesta dilucidar dónde está la línea entre la marca personal y la vanidad.

Ayudar a los demás

Dorie Clark, estratega de marketing y profesora de la Escuela de Negocios Fuqua de la Universidad de Duke, afirma que «muchas mujeres pueden sentirse incómodas al hablar de sus logros y promocionarse a sí mismas. Pero hay otras formas de mostrar sus áreas de especialización al crear una marca personal»

Compartir los conocimientos y habilidades es una forma de cultivar la marca personal y, si es genuina, también es una forma de ayudar a los demás.

Pero la marca personal presenta algunos desafíos específicos para las mujeres profesionales. ¿Qué piensas cuando otros trabajan su marca personal y se autopromocionan? ¿Te estás quedando atrás? En los negocios, parecer buen profesional es tan importante como serlo. ¿Cómo pueden las mujeres católicas afrontar este reto? 

“Es posible reconocer el talento y ser humilde”

El síndrome del impostor es uno de los obstáculos presente, mayoritariamente, en mujeres. Sienten que sus logros no son válidos o que han tenido éxito por suerte o por la ayuda de otros. Se sienten impostoras cuando otras personas las consideran exitosas.

Además de ser incómodo o inductor de ansiedad, el síndrome del impostor puede impedir la marca personal y, por lo tanto, el avance profesional.

Como católicas, tenemos un recordatorio importante que podemos usar para luchar contra nuestro síndrome de la impostora: sabernos hijas de Dios, saber que tenemos una gran dignidad y valor. 

Esto nos ayuda a desarrollar nuestra confianza como persona y profesional. Cuando ya no nos sintamos como una impostora, podemos abrazar nuestra marca y mostrársela al mundo.

Rectitud de intención

No son lo mismo la autopromoción orgullosa y la marca personal. Si compartes tus logros con tu jefe, tus compañeros de trabajo o tus clientes porque quieres que ellos piensen que eres mejor que otras personas, es un error.

Pero si lo haces porque necesitas ganar dinero, construir tu carrera o quieres que celebren tus éxitos contigo, lo puedes hacer de forma humilde. 

La humildad se manifestará en tus acciones y palabras, y ayudará a que la marca personal no solo se refiera a lo que puedes hacer, sino también a lo que eres.

“No se trata de una competición, sino de crecer en la carrera profesional de forma auténtica y respetable”.

El branding personal tiene algunos desafíos específicos para las profesionales femeninas. Las investigaciones han demostrado repetidamente que las mujeres están sometidas a un fenómeno producido por los prejuicios y estereotipos.

Dorie Clarck cuenta en la Harvard Business Review“que las mujeres de alto rendimiento experimentan una reacción social porque su propio éxito —y específicamente los comportamientos que crearon ese éxito— viola nuestras expectativas sobre cómo se supone que deben comportarse las mujeres. Se espera que las mujeres sean agradables, cálidas, amigables y cuidadoras”. 

Pero cuando se trata de que tomen decisiones difíciles o se promuevan a sí mismas, a menudo son penalizadas cuando ese mismo comportamiento se vería como positivo en un hombre.

Todos podemos pensar en ejemplos de mujeres que han sido criticadas públicamente por ser «demasiado duras o agresivas».

Entonces, ante este panorama ¿cómo puedes, como mujer, desarrollar una marca personal robusta? Aquí hay tres estrategias que los expertos señalan para ayudarte a que tus talentos sean reconocidos.

1.- Según Clark, puedes trabajar tu red de contactos (networking) tanto dentro como fuera de tu organización, con profesionales y con conocidos a través del ocio, hobbies o el colegio de tus hijos. De este modo, dispones de un grupo diverso de personas que se identifican con los valores y conocimientos que representas. 

«En cualquier organización hay formas en las que podemos demostrar nuestros conocimientos y ayudar a los demás». Clarck sugiere métodos como ser voluntaria para organizar acciones de relaciones con la comunidad, o el día de puertas de la empresa; compartir información en la intranet corporativa o publicar contenido en las redes sociales. 

2.- A continuación, es necesario desarrollar un elevator pitch claro y conciso. Define tu discurso, elabora tu historia y comunícala. Lo que no cuentas, no existe, y suponer que los demás conocen nuestros progresos lleva al fracaso. 

El elevator pitch ayuda a que otros entiendan mejor quién eres, cuáles son tus habilidades, progresos, fortalezas y sueños.

3.- Finalmente, compartes tus ideas públicamente y muestras tu experiencia a través de la creación de contenido. Todos sabemos que desarrollar una marca personal es valioso, ya que una sólida reputación puede ponerte en el radar de grandes oportunidades profesionales. 

De esta forma se visibilizan tus talentos antes ocultos. Es mucho más probable que te identifiquen para tareas o puestos interesantes, y te ayudará a destacar entre el resto de profesionales. 

No se trata de una competición, sino de crecer en tu carrera profesional de forma auténtica y respetable. La marca personal también puede ayudarte ante crisis empresariales. Si se producen despidos, tener una buena reputación hace mucho más probable que otra empresa te contrate.

“Tú también tienes una vocación profesional, que te “aguijonea”. —Pues, ese “aguijón” es el anzuelo para pescar hombres.

Rectifica, por tanto, la intención, y no dejes de adquirir todo el prestigio profesional posible, en servicio de Dios y de las almas. El Señor cuenta también con esto”.

(San Josemaría Escrivá, Surco, punto 491)
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