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“El amor tiene piernas”. Y conduce a las partes del mundo donde otros temen entrar

BARONESS COX

UK Parliament | CC BY 3.0

Ewa Rejman - publicado el 09/05/21

Entrevista con la baronesa Caroline Cox

Cuando hablo a mis amigos sobre la baronesa Caroline Cox (también conocida como “La voz de los que no tienen voz”), les resulta difícil creer que alguien que haya hecho tantísimo por las personas más vulnerables y olvidadas exista realmente. Que esta entrevista sea prueba de ello.

La baronesa Cox, que es miembro de la Cámara de los Lores británica y fundadora del Fondo de Ayuda Humanitaria (HART), lleva ayuda y defensa a las partes del mundo que otras organizaciones humanitarias a menudo pasan por alto. En esta entrevista, comparte con nosotros las razones que la llevan a continuar con su labor aunque implique cruzar fronteras ilegalmente, atravesar la jungla, tener una sentencia de muerte en Azerbaiyán y una condena a prisión en Sudán. “El amor tiene piernas”, dice. Y avanza.

Ewa Rejman: El comienzo de la entrevista debería ser algo sorprendente, pero en esta ocasión creo que es suficiente con presentarle a usted. Usted es la baronesa que, con 83 años, entra en zonas de conflicto y territorios prohibidos, cruza fronteras ilegalmente para llevar ayuda y defensa a quienes sufren, la baronesa que se queda en tiendas de campaña en el desierto en vez de en hoteles… No tengo ni idea de cómo describirle brevemente.

Baronesa Caroline Cox: Todo lo que tengo que decir sobre mí misma es que soy una enfermera y científica social con intención, y baronesa con estupefacción. Estaba tan fuera de la política que yo misma fui la primera baronesa que conocí. Es toda una sorpresa despertarte por la mañana y ver a una baronesa devolviéndote la mirada en el espejo. Pero, por supuesto, es un gran privilegio, así que pregunté a Dios: ¿cómo puedo usar este privilegio de hablar en la Cámara de los Lores? La idea llegó con mucha claridad: era un lugar maravilloso donde ser una voz para aquellos que no tienen voz.

Pero ¿cómo se convirtió usted en baronesa?

Era la directora del departamento de la Politécnica del norte de Londres y, de un personal de 20 miembros, 16 pertenecían al Partido Comunista o incluso más a la izquierda. Su definición de educación no era la mía. La mía es libertad para perseguir la verdad dentro de los cánones de la disciplina académica, y la suya era adoctrinamiento brutal, incluyendo violencia física, intimidación, ocupación de edificios y una discriminación total contra los estudiantes que no se unían al partido comunista. Su sufrimiento era lo que más me dolía. Los estudiantes que eran buenos marxistas eran ubicados luego por el personal en puestos de influencia: educación, universidades, trabajo social, medios de comunicación, y su mensaje se extendía a lo largo del país. Después de dos años, dos colegas míos y yo escribimos un libro sobre este asunto titulado The Rape of Reason: The Corruption of the Polytechnic of North London (“La violación de la razón: la corrupción de la Politécnica del norte de Londres”). El periodista Bernard Levin, de gran poder y respeto, escribió tres artículos sobre el libro en el Times y esto centró la atención de Margaret Thatcher en mi persona. Fui designada por ella para la Cámara de los Lores por mi dedicación a favor de la libertad académica.

Y de inmediato se puso manos a la obra con su primera misión humanitaria, que fue en Polonia, mi país de origen.

Eran días de ley marcial y la organización Fondo de Ayuda Médica para Polonia me preguntó si querría ser una patrocinadora. Dije que sería un honor aceptar, pero que no quería ser únicamente un nombre. Así que empecé a viajar en los camiones a tu país con suministros médicos para poder garantizar que la ayuda llegaba a los necesitados y no se la quedaban funcionarios del gobierno, pero también volvía a la Cámara de los Lores e informaba de la realidad que había visto: el sufrimiento de las personas tras el telón de acero en aquellos días terribles. Supe del padre Jerzy Popiełuszko y asistí a una misa en su iglesia dos semanas antes de que fuera asesinado. Siempre que volvía a Polonia, sentía inspiración y una lección de humildad por su gente, su valor, su fe, su generosidad e incluso su sentido del humor. Me encanta Polonia y el pueblo polaco es maravilloso. Deja que te enseñe algo. [La baronesa Cox descuelga de la pared un diploma enmarcado. Es un documento de agradecimiento por su ayuda, un Podziękowanie,que le dedicaron los excombatientes del Ejército Nacional polaco en Kielce]. Esta es una de las cosas más valiosas que tengo en mi vida.

No podía ir a una persona mejor. Debo admitir que me siento muy honrada por sus palabras sobre Polonia.

Recuerdo que, en cierta ocasión, un verano, visitamos un seminario y nos dieron fresas. Me acordé de las colas en las tiendas polacas, así que intenté comer tan pocas como pude para dejárselas para ellos. Al dirigirnos al camión para marcharnos, encontré bajo el asiento una bolsa llena con el resto de las fresas. Quise que ellos las tuvieran y ellos nos las dieron todas a nosotros. Le dije a Tony, mi conductor: ¡qué gente tan especial son los polacos! Y Tony se quitó su grueso abrigo y se lo regaló porque también quería darles algo.

¡Usted sí que es una persona muy especial! Le pusieron precio a su cabeza en Azerbaiyán, la condenaron a prisión en Sudán, escapó por los pelos de una emboscada en Nigeria. Y aun así regresa.

Creo que es importante estar con personas que, de otro modo, estarían solas. A veces me siento muy impotente porque sus necesidades son enormes. Nunca olvidaré la primera vez que fui a Birmania, hace unos veinte años, y el ejército birmano estaba atacando al pueblo Karen, estaban quemando aldeas, parecía el infierno en la tierra. La noche antes de que fuéramos nos quedamos junto a la frontera en Tailandia. La sensación era de una enorme incomodidad y tristeza. Pensé que sus necesidades eran enormes y temía que estuviéramos creando unas expectativas que no podríamos cumplir. Tuvimos que subir una montaña muy empinada y agarrarnos de los arbustos de la jungla, fue muy duro. Me dije a mí misma: Caroline Cox, eres abuela de seis nietos (ahora son diez), ¿no crees que va siendo hora de crecer y dejar de venir a estas misiones ridículas? En cualquier caso, escalamos hasta la cima de la montaña y luego teníamos que continuar por la cresta encorvados porque había un puesto del ejército birmano en la otra montaña. Por fin, llegamos a la remota aldea. El pueblo Karen se nos acercó con lágrimas cayendo por sus rostros. Nos dijeron: “Gracias a Dios habéis venido. Sabemos que no nos han olvidado. Esto supone toda una diferencia. No habría importado si no hubierais traído nada. El hecho de que estéis aquí es todo lo que importa”.

Qué gran dignidad deben de tener… Hay tantas personas hablando de derechos humanos que es fácil tener la impresión de que alguien, Gobiernos o instituciones internacionales, se preocupa de verdad por esto e interviene cuando es necesario. Pero no es el caso. La ONU o grandes organizaciones humanitarias a menudo no entran en zonas que usted sí visita porque es demasiado peligroso o porque los Gobiernos opresivos no dan permiso.

No es el caso en absoluto. Hablo de Gran Bretaña ahora, pero me saca de mis casillas cuando sabemos que hay personas siendo torturadas o asesinadas y el Gobierno británico quizás hable del asunto pero no hace nada. Recuerdo la primera guerra en el Nagorno-Karabakh, donde se usaban armas ilegales, incluyendo bombas de racimo, contra los armenios. Hice una foto desgarradora de un niño hecho pedazos por una bomba de racimo, se la enseñé a un alto cargo del Gobierno y le pregunté qué medidas concretas tomaría el Gobierno británico. ¿La respuesta? Que “ningún país tiene interés por otros países, solamente intereses. Y tenemos intereses petrolíferos en Azerbaiyán. Buenos días”.

Volví a casa y solo pude llorar. Hablé del tema en la Cámara de los Lores; no dije el nombre de la persona, pero sí cité sus palabras. Y dije: “Me avergüenza ser británica. No soy ingenua, puedo entender los intereses comerciales. Puedo entender los intereses estratégicos. Pero no creo que sea de interés a largo plazo para ninguna nación permitir que se aniquile la preocupación por los derechos humanos. Es más, no creo que la mayoría del pueblo británico quiera realmente petróleo si el precio es el de bombas de racimo contra niños”. 

Eso es exactamente lo que deberían escuchar los Gobiernos de muchísimos países. Cuando habla usted, no cita informes, sino que habla de lo que ha visto usted misma, comparte las historias de personas que ha conocido personalmente.

Por eso es tan importante estar ahí. Me han dicho que, cuando yo hablo, la Cámara de los Lores escucha, porque saben que he estado ahí. Eso supone una gran diferencia para quienes no tienen voz o su voz no es escuchada. Así saben que otras personas sabrán de ellos y de su sufrimiento. Lo que podemos hacer por ellos es ofrecerles ayuda y defensa activista, y eso es lo que hacemos en el fondo de ayuda humanitaria HART (Humanitarian Aid Relief Trust). La ayuda es crucial, pero tienes que ir a preguntar a las personas por sus necesidades y prioridades e intentar darles eso, en vez de solamente enviar ayuda a un mundo anónimo.

Es muy intuitivo de suponer, pero muy difícil de hacerlo de verdad.

El mandato cristiano es estar de verdad con las personas que sufren. El amor tiene piernas y debe ser un amor en acción.

Usted ha visto muchísimas veces y de primera mano la falta de humanidad del hombre hacia el hombre, un dolor inimaginable. ¿Se plantea usted las grandes preguntas: por qué hay tanto sufrimiento inocente, dónde está Dios si es bueno?

Lo hago. Recuerdo mi visita a Sudán del Sur cuando la guerra estaba en activo. Nos quedábamos en tiendas de campaña porque los edificios habían sido bombardeados. Una noche, sentada fuera de mi tienda a 40 grados, pensé exactamente en las preguntas que me has hecho. Vimos los campos de la muerte, lugares con cadáveres, era desgarrador. Mis pensamientos, de algún modo, volaron a la Navidad en Gran Bretaña. Celebramos la Navidad y, por supuesto, es algo maravilloso: Dios se encarnó. Pero si olvidamos que, mientras María rebosaba de alegría con Jesús, las otras madres lloraban porque Herodes había asesinado a sus niños, olvidamos el panorama completo de la cristiandad, que afronta la realidad del mal. Luego, mi mente viajó hasta cuando María permaneció a los pies de la cruz mientras su hijo colgaba agonizante; ella se sentía impotente y desesperada, pero al menos estaba allí presente con su amor. Pensé que quizás sea parte de la vocación cristiana el estar preparados para asistir a cualquier Calvario que podamos estar llamados a asistir, no necesariamente este tipo de muerte, sino quizás estar con alguien que sufre profundamente y sentirnos tan desesperados como María, aunque al menos estaríamos ahí aportando nuestro amor. Y ahí, creo yo, encuentras al Dios del amor, porque donde está el amor está Dios.

Es la respuesta más hermosa que me han dado nunca. Gracias. ¿Qué le motiva a usted a seguir adelante?

El dolor te da pasión y la pasión te da energías para continuar. Cuando ves personas sufriendo tanto en Sudán del Sur, Nigeria, Birmania, Siria, Armenia, donde sea, vuelves con dolor, pero debido a este dolor queremos hacer lo que podamos para ayudar a las personas en su primera línea de fe y libertad.

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