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¿Tus sueños se han desvanecido? Renuévalos

sarayut_sy | Shutterstock

Carlos Padilla Esteban - publicado el 06/05/21

Mira tus alas y comprende que estás hecho para el cielo

Ojalá mis sueños fueran siempre más grandes que mi alma. Cuando no es así, no me valen como sueños. Richard Branson decía:

«Si tus sueños no te asustan es que son lo suficientemente grandes».

¿Cómo de grandes son mis sueños? ¿Me asustan? ¿Qué tamaño tiene lo que deseo para mi vida?

Mi sueño me hace ver el horizonte eterno hacia el que camino y ante él me siento desvalido.

Mis sueños me hablan de esa vida en plenitud que me trasciende y a la que estoy llamado.

Deseo de plenitud

Soy pequeño pero sueño con cosas grandes, porque tengo en el alma una sed infinita de ser feliz y completo.

Una sed insaciable. Una sed que sólo se saciará del todo en el cielo, no aquí en la tierra.

Sé que esta sed tiene su semilla y sus raíces ya en mi corazón, en mi presente. Lo que sueño, cuando sueño con lo más grande, ya existe en parte dentro de mí.

Y al mismo tiempo eso que sueño es algo que tiende a su plenitud en el futuro y me transciende.

La fuerza de los sueños

Mis sueños me abren al mañana y me ponen en marcha hacia esa aventura. La fuerza que existe en ese sueño me da ánimos para vivir las dificultades y contratiempos que encuentre en el camino. Víctor Hugo lo expresa así:

«Sé cómo el pájaro que, deteniendo su vuelo un rato en ramas demasiado débiles, siente cómo ceden bajo su peso, y sin embargo canta, sabiendo que tiene alas».

La rama débil y frágil del presente a menudo tiembla y parece no sostenerme, pero no importa.

Sé que en ese momento tengo la posibilidad de hundirme y olvidarme de mis sueños. O puedo mirar mis alas y comprender que estoy hecho para el cielo.

Mis alas me recuerdan que le pertenezco al cielo, que estoy llamado a las alturas. No importa que mi árbol tiemble bajo mi peso, siempre puedo emprender el vuelo.

Los sueños me levantan en momentos difíciles y duros.

No dejes de soñar

FREEDOM

Es cierto que cuando era joven tenía sueños grandes, hondos ideales. Pero luego puede que la vida me haya decepcionado o frustrado.

En la lucha diaria tal vez he sido herido y he dejado de confiar y de soñar. Me he confrontado con mis límites.

Se han frustrado mis planes y la vida que ahora llevo no se parece en nada a la que un día soñé siendo joven.

¿Es así? No me quiero lamentar. El presente es siempre el mejor momento de mi vida.

En esta hora que vivo tengo la oportunidad de soñar y confiar en llegar a ser el que deseo, fiel a lo que Dios ha sembrado en mi alma, a esa semilla que me habla de la eternidad.

Siempre puedes ir a más

En todo momento estoy en camino, y puedo volver a empezar. Siempre hay tiempo.

Ahora soy mejor persona que cuando era niño, joven. He crecido, he aprendido. Soy más sabio y no quiero dejar de ser soñador.

Los sueños alimentan mi corazón. Dice un poema de Mario Benedetti:

«No te rindas por favor no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se ponga y se calle el viento, aun hay fuego en tu alma, aun hay vida en tus sueños, porque cada día es un comienzo, porque esta es la hora y el mejor momento, porque no estás sola, porque yo te quiero».

Mi vida se abre en presente en mil opciones de amar, de dar todo eso que llevo dentro. Siempre puedo empezar de nuevo. No tengo miedo.

Reafirma y renueva tus sueños

¿Cuáles son esos sueños que sigo soñando? Cada día es un buen comienzo. No me conformo con lo vivido.

No me basta con lo que he logrado. Ni es suficiente lo que he pasado. Siempre puedo dar más, lograr más, llegar más lejos y volar más alto.

Lo que yo sueño es sólo mío, y habla mucho de mí, de cómo soy. No quiero censurar mis sueños.

Puede que tenga sueños en mi alma que son imprudentes, insensatos, locos o imposibles. No me importa, hablan de cómo soy. Esos sueños se los entrego a Dios.

Tengo claro que no todo está en orden en mi corazón. Y al mismo tiempo todo lo que deseo tiende a una plenitud que anhelo con todas mis fuerzas.

Todos mis sueños humanos, mundanos, locos hablan de mi verdad. Siendo insensatos e imprudentes me abren el cielo. Soñando en alto y dentro de mí, aspiro a todo.

¿Qué dicen de mí todos mis sueños? ¿En qué me reconozco en ellos?

En este tiempo de Pascua renuevo mis sueños. Los vuelvo a soñar, los pronuncio con voz potente.

Quiero que el mundo los oiga, los mire, los acepte. No me conformo con una vida mediocre, sin forma precisa, sin luz ni alegría. Dios puede hacer conmigo grandes obras. En Él confío.

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