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Los resultados que espero no llegan… ¿Qué frutos busco?

Rido | Shutterstock

Carlos Padilla Esteban - publicado el 03/05/21

A veces tenemos una idea falsa del éxito, ¿cuál es la fecundidad que lleva a la felicidad?

A menudo no veo frutos detrás de mi actuar. No veo la fecundidad que deseo. ¿Seré un sarmiento despegado de la vid? Hoy leo:

«Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos».

Dar fruto y ser de Cristo. Es la gloria de Dios. Su alegría perfecta es que yo esté con Cristo. Que le pertenezca. Decía Benedicto XVI:

«Sólo mediante hombres tocados por Dios, Dios puede regresar a los hombres».

Quiero ser un hombre tocado en lo más profundo por Dios, por su amor. Sólo así se hará Dios presente en medio de los hombres.

Esa responsabilidad me conmueve, ser discípulo de Cristo siempre. No dejar de serlo en los momentos difíciles. O en esos momentos en los que la vida me sonríe y me olvido de Él.

¿Qué frutos buscar?

ŚWIĘTA NIEDOSKONAŁOŚĆ

Me cuesta que quiera Dios que dé fruto. Me estreso pensando en mi poca fecundidad. ¿De qué me habla Jesús?

He cosificado la fecundidad. Soy fecundo si me siguen, si me escuchan, si se convierten con mis palabras y obras. Soy fecundo si logro muchos éxitos.

Pero Dios no me habla de esa fecundidad. Él puede sacar hijos de debajo de las piedras.

Se me olvida que los frutos son suyos, no son míos. Leía algo sobre la verdadera fecundidad:

«No existe peor alienación que experimentar que no se tienen raíces, que no se pertenece a nadie. Una tierra será fecunda, un pueblo dará fruto, y podrá engendrar el día de mañana sólo en la medida que genere relaciones de pertenencia entre sus miembros, que cree lazos de integración entre las generaciones y las distintas comunidades que la conforman; y también en la medida que rompa los círculos que aturden los sentidos alejándonos cada vez más los unos de los otros«.

Papa Francisco, encíclica Todos hermanos

La clave está en la relación

KINDNESS

Sólo si soy una persona vinculada daré frutos. Pero no por hacerlo todo bien, sino simplemente por poner mi vida como ofrenda y entregarme por amor a los demás.

Lazos hondos y verdaderos. Lazos que rompen las distancias y las barreras.

No tengo miedo a amar aunque pierda la vida en el intento. Merece la pena el sacrificio por amor.

Quizás pierdo la comodidad y la seguridad de mis muros que me protegen. El amor me expone al riesgo. Y pierdo lo que me da tranquilidad.

Ese amor hondo y radical es el que me construye por dentro. Quiero amar desde el corazón de Dios, con sus sentimientos, con su verdad.

Permanezco unido a la vida, a la comunidad, a la Iglesia. Fuera de esos vínculos no doy fruto.

A más amor más fecundidad

TALKING

¿Cuál es el fruto que doy? Me lo recuerda el padre José Kentenich:

«¡Feliz aquel que posee un instinto de amor natural fuerte y ampliamente ramificado! Ciertamente deberá prepararse para severas crisis, pero, con la gracia de Dios y con su colaboración sabia y fiel, su vida puede llegar a ser sumamente rica y fecunda«.

King, Herbert. King Nº 2 El Poder del Amor

Los vínculos hondos y fuertes me darán más sufrimiento y me acercarán más a Dios.Y mi vida será más fecunda cuanto más ame.

No son frutos de obras exitosas. No es la fecundidad que me pide el mundo.

Que logre muchas cosas y consiga éxito en todo lo que emprendo. Que obtenga beneficio en las tareas que inicio.

Los resultados más valiosos

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No es esa fecundidad del mundo la que Dios me da. No es la que espera de mí. Son frutos que no veo la mayoría de las veces.

Frutos que brotan en mi interior sin que yo los toque. Frutos que dan vida a otros. Una vida que no es mía y viene de Dios.

Un Espíritu del que no me apropio porque no me pertenece. Igual que no retengo la vida que viene de la vid.

No me apodero del Espíritu Santo que me vivifica. Lo entrego tal como lo recibo. Soy cauce de un agua que no es de mi propiedad.

Soy ventana abierta que deja pasar la luz y la brisa de Dios. No retengo lo que no es mío. No me guardo lo que otros me dan.

Simplemente permanezco fiel al pie de una cruz de la que brota la vida. La cruz siempre es fecunda. Yo sólo abro los ojos, los labios y mis manos dejando pasar su poder. 

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