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Fechas especiales: Por qué son importantes para el alma

©My_Inspiration/Shutterstock

Carlos Padilla Esteban - publicado el 18/02/21

Me acostumbro a amar a alguien y me olvido de hacer fiesta en días especiales o en días normales...

¿Son necesarias las fechas especiales en el año? ¿Hace falta contar con un día que tal vez parece demasiado comercial, impuesto desde fuera? No sé si hace falta, pero me conviene. Es una oportunidad más que Dios me regala para cuidar mis amores.

Es cierto que me conviene tener fechas especiales para decirles que amo a quienes amo, para mostrarlo con hechos, con gestos, con abrazos, con una delicadeza especial, con creatividad.

Con frecuencia digo amar mucho, pero luego no cuido a los que están a mi lado. No sé qué les ocurre, qué sueñan, qué esperan, por qué sufren.

Hoy me pregunto: ¿Qué necesitan las personas a las que amo? ¿Por qué motivos están sufriendo, qué les falta, qué les inquieta, qué les preocupa? ¿Cuáles son sus temores y angustias?

¿Qué hago yo para calmar sus miedos y ansiedades? ¿Cómo les recuerdo cada día que no tienen por qué temer porque yo los amo y Dios a través de mi amor les manda un abrazo?

Decir «te quiero»

Tal vez es que me cuesta decir que amo a quien amo y demostrárselo. Decírselo una y mil veces, sin cansarme. Me gustaría lograr que se sienta siempre amado por mí. Quiero que palpe y acaricie cuánto lo necesito en mi vida.

Me acostumbro a amar a alguien y me olvido de hacer fiesta en días especiales o en días normales, de diario. Se me olvida su cumpleaños, o su onomástico, o el aniversario de boda.

No celebro la historia sagrada que juntos vivimos, no agradezco a Dios o le alabo por cada día nuevo que abre ante mis ojos en el que me invita a amar y a dejarme amar.

Dejo pasar fechas importantes en mi historia familiar. Y digo que no soy detallista y por eso me olvido. Pero eso no basta como excusa en el amor.

El amor que no se cuida se muere, el que no se acaricia con suavidad cada día, se vuelve áspero y duro. La planta que no se riega se acaba secando. El jardín que no se cultiva se convierte en erial. El árbol que no se poda no crece con orden.

Así es el amor que siento y el que recibo. Es un amor que se despierta cada mañana con sed. Y si no se sacia la sed acaba muriendo seco.

El día de…

Quizás venga bien una vez al año decretar que un día cualquiera es el día de los que aman y de los que son amados. Todos lo pueden celebrar, porque todos aman de alguna forma, mal o bien, de forma libre o enfermiza.

Y todos pueden sentir algún amor en sus vidas, aunque con frecuencia no parezca ser suficiente. Me siento amado en cierta medida y quiero más. Amo de alguna manera y busco más. Este día me confronta con mis límites. Me cuestiona y me inquieta. Decía el padre José Kentenich:

«La mayoría de la gente ya no sabe lo que es amor, porque lo han experimentado muy poco».

Puede ser que me cueste mucho dejarme amar y que me lo digan o demuestren. Y huyo del amor, de mí mismo, de los gestos de cariño, de la ternura excesiva. Un amor que no se cuida languidece. Un amor que es rechazado también acaba muriendo. Decía el Padre Kentenich:

«Hay que despertar en nosotros la capacidad de amar. Por eso en nuestra Familia hay un gran ideal y proyecto: ser capaces de amarse humanamente los unos a otros. Porque pretender mantenerse unidos sólo por un absoluto amor a Dios es algo que no se sostiene en la vida concreta. Porque el corazón ha de encenderse también por el amor humano. Así entonces tendremos un órgano preparado para percibir y abrazar al Amor Eterno».

De amar a alguien al Amor eterno

Tengo claro que sin ese amor humano no sé cómo amar a Dios. El amor humano se celebra en gestos, en días, en fechas importantes. Se cuida con ternura, en la intimidad, en ese compartir fraterno y profundo.

Puede que mi familia no me haya enseñado a amar cuando era niño. Puede que en mi hogar no haya palpado esa importancia de los gestos y los detalles y no haya sido nunca cariñoso.

No importa, siempre puedo empezar de nuevo y aprender. Puedo crecer en el amor como decía el papa Francisco en la Exhortación Amoris Laetitia:

«La fuerza de la familia reside esencialmente en su capacidad de amar y enseñar a amar. Por muy herida que pueda estar una familia, esta puede crecer gracias al amor».

Necesito aprender a amar en lo concreto, en lo humano. Un día especial para ello me cuestiona y me invita a crecer. ¿A quién amo de verdad? ¿A quién podría amar mejor? ¿Cómo demuestro a quien amo cuánto lo amo?

Pasan las oportunidades de demostrar el amor y me acostumbro a no ser detallista, ni creativo. Y la vida se me escapa entre los dedos porque todo pasa muy rápido.

Y huyen esos días concretos que me da Dios para amar, para entregarme con ternura y cariño a los que amo.

Puedo aprender a ser creativo, crecer en mi forma de demostrar cuánto amo, ser más cuidadoso y detallista. Puedo preguntarle siempre a quien amo cómo se siente, qué le falta, qué necesita. Siempre puedo amar más, lo sé.


WINTER

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Tags:
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