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Sacerdotes y hospitales: «Muchas personas que decían no tener fe, tienen una fe muy grande»

CAPELLAN

Programa FE

Esteban Pittaro - publicado el 11/02/21

El rol fundamental de los capellanes en la Pandemia: Están en nombre de Jesús y de toda la Iglesia llevando cercanía, sacramentos y oración

Los capellanes juegan un rol fundamental en la Pandemia. Están en nombre de Jesús y de toda la Iglesia llevando cercanía, sacramentos y oración a enfermos y también personal de salud. Son como los embajadores del apoyo y la oración con el que el Pueblo Fiel, desde su Iglesia doméstica, desde las comunidades, se involucra con la vida hospitalaria.

El padre Tomás Barbero es sacerdote de la diócesis de San Isidro, capellán en el Hospital de Pacheco, y secretario de la Comisión Episcopal para la Salud de la Conferencia Episcopal Argentina. Por su servicio, tiene contacto con varios capellanes que durante esta Pandemia, en la Argentina como en todo el mundo, asumieron un rol fundamental para el bienestar tanto de pacientes como de personal asistencial.

Nos habla de la Pandemia con tiempos verbales cruzados: por un lado, la intensidad de lo vivido en 2020 marcó con experiencias que aún no se terminaron de asimilar, pero por otro, se sabe y se percibe en su testimonio, se trata de una experiencia que impuso formas a las que nos hemos ido acostumbrando y de las que, por el momento, no podemos despedirnos.

El padre Tomás tiene la particularidad de haberse recibido de médico antes de ser ordenado sacerdote. Vive ambas vocaciones de manera unida, y nos remite al explicarlo a lo que fue gran parte del ministerio público del propio Jesús.

TOMAS BARBERO
@PurisimaConcepcion.Pacheco

Por eso, si seguimos la invitación de San Alberto Hurtado a imaginarnos qué haría Cristo en nuestro lugar, probablemente conversando con el padre Tomás, como con otros capellanes hospitalarios, podemos atisbar lo que hubiese hecho Cristo si le hubiese tocado venir a nuestro mundo este año tan especial. No podemos saber, pero es fácil imaginarlo como capellán hospitalario.

¿Cómo afectó la Pandemia el trabajo de la pastoral de la salud?

Nos hemos tenido que adaptar porque en general trabajamos en común con un equipo de pastoral de salud, que llamamos la Capellanía del Hospital, un montón de voluntarios que generosamente dan su tiempo, sabiduría y esfuerzo para acompañar.

Y en el tiempo de pandemia muchos se vieron imposibilitados de acudir al hospital, hubo varias restricciones, aunque sí se nos siguió permitiendo ir a los capellanes. Lo primero que tuvimos que experimentar fue la dificultad de no poder contar con nuestro equipo, lado a lado, aunque siempre nos sentimos parte de un equipo que nos acompañó en la oración y en un montón de otras tareas.

Acompañados en la oración, pero en el Hospital, en la habitación, qué fue cambiando estos meses…

En mi experiencia personal puedo decir que desde tener que utilizar con mucha más prudencia todos los equipos de protección para poder entrar a los lugares aislados por COVID, pero también ayudar a las enfermeras en un momento con mucho trabajo para asistir a los pacientes en el alimentarse, higienizarse… Son algunas de las tareas que fuimos asumiendo varios de los capellanes en este tiempo de pandemia, y por supuesto lo más propio nuestro, que tiene que ver con escuchar, acompañar, confortar, ayudar a rezar y a encontrar a Dios en esa situación tan difícil.

Algunos capellanes como usted tienen una vocación a la salud muy fuerte, ¿cómo es ser médico y sacerdote?

En mi caso personal soy sacerdote y antes me recibí de médico: soy médico y sacerdote; y conozco varios. Creo que hay una intrínseca relación, muy profunda. Al menos en mi propia vocación lo experimenté así, y tiene que ver con intentar ser un instrumento de sanación, de alivio del cuerpo y del alma, de alivio del sufrimiento en nombre de Jesús. Allí encuentro una profunda relación: Jesús, gran parte de su ministerio público, estuvo dedicado a los enfermos, a aliviar su sufrimiento, su dolor, muchas veces sanando las enfermedades y muchas perdonando los pecados con esa sanación muy profunda del alma. Desde allí yo sigo viviendo mi vocación personal, muy unida en esta doble dimensión de ser médico y sacerdote, como un llamado a ser instrumento de la sanación de Dios.

La Pandemia y las medidas preventivas hacen que momentos duros de la enfermedad tengan que ser transitados en extrema soledad, ¿cómo ayudan los equipos de Pastoral de la Salud durante estas etapas?

Al no poder estar presencialmente junto a los enfermos en los hospitales, muchos equipos tuvieron que buscar modos creativos de acompañarlos. En mi caso personal puedo decir que en el hospital de Pacheco fui haciendo de paloma mensajera. Con el celular llevaba y traía mensajes de enfermos que estaban más aislados, con su familia, o con los voluntarios, y esa fue una tarea muy linda, que le fuimos encontrando la vuelta, para ayudar a que se sigan sintiendo acompañados a través de muchos voluntarios y personas que están allí afuera.

¿Qué ocurre con quienes son responsables del día a día de los enfermos, de su cuidado, de su tratamiento: el personal de salud?

También la pandemia trajo mucho stress en el personal sanitario y una tarea fundamental desde los equipos de pastoral de salud fue alentarlos, sostenerlos… Hicimos varios gestos de oración por cada uno de los enfermeros, de los médicos, mandándoles mensajes de aliento. Hicimos un lindo video en el día del enfermero y del médico en el que el Papa les dejó un saludo, un agradecimiento, con pacientes y personas de la sociedad. Otro punto importante fue hacer una colecta para adquirir elementos de protección personal porque nuestros enfermeros y médicos estaban un poco escasos de insumos al comenzar la pandemia.

¿Cómo fue el trabajo con los enfermeros, responsables del cuidado de los pacientes?

Fuimos tomando un rol asistencial un poco más intenso al lado de los enfermeros ayudándolos en algunas tareas en las que tenían mucho trabajo, principalmente ayudar con la alimentación y la higiene de algunos pacientes. A alguno de ellos que estaban muy solos, los acompañamos, los escuchamos, les brindamos la palabra, los sacramentos, la oración, y ya cuando se empezó a abrir un poquito los empezamos a pasear en silla de rueda para que salieran un poquito y se reanimaran.

Volviendo al tema de la soledad, ¿qué aporta el capellán en esa instancia, en esa visita?

Es verdad que la soledad en la internación es algo muy duro; muchos pacientes refieren como una de sus principales causas de sufrimiento, y el capellán, o cualquier presencia religiosa o humana es una circunstancia que brinda mucho alivio. Simplemente estar, con una escucha atenta, y un corazón compasivo, suele ser causa de mucho alivio y de mucha paz.

Los capellanes hemos sido para varias personas que se encontraban más solas un instrumento de sanación, un instrumento o un signo de la presencia del Señor a su lado. Presencia del Señor y de la Iglesia, que no los abandona, que está pensando en ellos.

Muchas veces a través nuestro, se les llevaba un pequeño regalito, una estampita, un rosario, a veces cosas que necesitaban para el aseo personal, una golosina, algo rico, todo como un signo, un decirle: “La Iglesia está con vos. Aunque no podemos estar hoy todos aquí visitando como hacemos habitualmente, estamos pensando en vos, te tenemos presente, queremos que nos sientas cerquita”. Como capellán puedo decir que experimenté ese rol, esa tarea linda de ser un signo de la presencia de la Iglesia y de Jesús.

En esas visitas hay personas, seguramente, que no se sienten cercanas a Dios, o que quizá no estén contando con que un sacerdote pueda hacerles bien. ¿Qué ocurre en esos casos?

Muchas veces visitamos personas que se sienten alejadas de la Fe; muchas veces es una lejanía muy real, y otras es más quizá una supuesta lejanía que tiene que ver con una fea experiencia, o con alguna herida. Pero con una escucha empática, atenta, y con un corazón compasivo muchas veces se va logrando una mayor cercanía. Y descubrimos en realidad que muchas personas que decían no tener fe, tienen una fe muy grande. Aunque no la vivían de un modo más tradicional, allí estaba su confianza en el Dios bueno que acompaña. Muchas veces simplemente hay que saber callar el silencio y ser instrumentos para el desahogo, permitir ese desahogo que muchas veces hace falta.

Cuando dentro de muchos años le pregunten de la Pandemia, ¿qué anécdotas o recuerdos cree que recordará más vivamente?

Es muy loco pensar cómo veremos la pandemia dentro de algunos años. De a poco nos fuimos adaptando y acostumbrando a circunstancias muy particulares, muy diferentes a las que teníamos antes.

Seguramente recordaré varias que tienen que ver con esos encuentros de corazón a corazón con esas personas que se sentían muy solas, o con el vínculo estrecho que se formó con varias de las enfermeras y algunos de los médicos, o de momentos muy preciosos de encuentro con varios pacientes a la vez, entre ellos, y compartir simplemente la vida y sentirnos hermanos…

Alguna oración muy fuerte también, algún acompañamiento al final de la vida de alguna persona que despidiéndose de este mundo y preparándose para su pascua me dieron también un testimonio muy fuerte de Fe, de Esperanza…Uff… yo creo que todavía estoy digiriendo muchas de las experiencias que viví en esta pandemia; todavía no las he terminado de digerir y asimilar.

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