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Lo que hoy podemos aprender de la eutanasia en el nazismo

EUTHANASIA

Shutterstock-Mr. Rashad-Martial Red-IgorGolovniov

Carlos Montes Martínez - publicado el 04/01/21

Antes era por “el bien de la raza”, ahora es por “la calidad de vida”

Recientemente se ha aprobado en el Congreso de los Diputados de España la proposición de lo que se conoce como “ley sobre la eutanasia”.

Sólo cinco países en todo el mundo tienen leyes sobre este tema; ahora habrá seis. Inusualmente, muchos de los diputados aplaudieron fervorosamente esa aprobación (recuerdo que con la ley sobre el aborto ocurrió lo mismo).

Si con la aprobación de cada una de las miles de leyes, decretos y normativas que han aparecido en estos últimos cuarenta años se hubiera procedido del mismo modo, en lugar de un Congreso de Diputados hubiera parecido algo así como un “Congreso de palmeros”.

Es más, el Ministro de Sanidad, Salvador Illa, unido a tanta celebración, manifestó: “hoy se impone el sentido común y la humanidad”.


EUTANAZJA

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La eutanasia en el nazismo

Creo que hoy en día nadie pone en duda que el pensamiento nacionalsocialista de los nazis fue brutal y demoníaco, y que nuestra sociedad debe luchar para que algo así nunca vuelva a repetirse.

Pues bien, para reflexionar sobre esa “imposición del sentido común y la humanidad” que parece traer la eutanasia, entiendo que es bueno detenerse en lo que esa abominable ideología pensaba sobre ella.

Aleteia/Bruno

En 1938 Hitler recibió una carta en la que un tal Knauer le pedía permiso para matar a su propio hijo. “Era un miembro del partido que tenía un hijo de nueve semanas que había nacido ciego, sin una pierna y parte de un brazo y que, además, padecía un retraso mental, por lo que solicitaba al Führer autorización para acabar con su vida por el bien de la raza.” Hitler envió a su médico personal, el doctor Karl Brandt para analizar el caso, al que se denominó “Niño K”.

Este desplazó sin dudarlo al chico a la Clínica de la Universidad de Leipzig, donde le inyectaron una dosis de barbitúricos que acabó con su vida.

Aquel fue el comienzo de la crueldad sistematizada, ya que Brandt recibió de Hitler la orden verbal de actuar del mismo modo en casos similares.

Selección

Después de que se sucediera el caso del “Niño K”, Hitler creó en mayo el “Comité para el Tratamiento Científico de Enfermedades Severas Determinadas Genéticamente”.

Quería empezar la selección de bebés discapacitados, aunque oficialmente su objetivo era el de hallar curas para las dolencias hereditarias de los más pequeños.

Al frente de este organismo fueron puestos el ya mencionado Karl Brandt, Hans Hefelmann, Herbert Linden (médico, consejero y responsable de los hospitales estatales), Hellmut Unger (oftalmólogo), Hans Heinze (director de un famoso asilo para “disminuidos”), Ernst Wentzler (pediatra) y Werner Catel (pediatra).

El Comité no tardó en ponerse a trabajar. Tres meses después cursó la circular en la que se solicitó a los pediatras y enfermeras de los diferentes centros que enviaran información sobre los niños de hasta tres años que hubieran nacido con alguna deformidad, estableciendo un castigo severo para aquellos médicos y enfermeros que se negasen a adjuntarles la información requerida.

La propaganda en torno a la eutanasia presentaba a los enfermos mentales como “fuerzas improductivas” superfluas, que “comían” sin producir; su muerte significaba un ahorro para los miembros sanos del “pueblo”.

Propaganda

La propaganda nazi en favor de la eutanasia daría un paso más cuando, con el objetivo expreso de romper la resistencia de la población, el Ministro de Propaganda Joseph Goebbels encargó a la “Central de Eutanasia de Berlín” que rodara un filme sobre el tema “Ich klage an” (“Yo acuso”, 1941), dirigido por Wolfgang Liebeneiner.

Modfos / Shutterstock.com

El argumento se centraba en la esposa de un famoso profesor de medicina que enferma de esclerosis múltiple y que pide a su marido que la “redima de sus dolores”.

La segunda parte de la película muestra el juicio al que es sometido el médico, en el curso del cual los miembros del jurado van cambiando de opinión; culmina con un alegato del acusado: “Yo acuso ahora, me alzo contra un artículo legal que impide que los médicos y los jueces sirvan al pueblo. Yo redimí a mi mujer, enferma incurable, de sus dolencias”.

En una subtrama, un amigo de la familia que al principio había condenado el suicidio asistido del médico, cambia de opinión tras comprobar “la carga” que supone para las familias atender a hijos enfermos mentales.

Goebbels resumía el efecto que esperaba de esta película con las siguientes palabras: “ayudará a facilitar psicológicamente la liquidación de esas personas no dignas de vivir”.

Y lo hizo apelando a sentimientos de compasión, solidaridad humana y misericordia.

Ya hace unos años se estrenó en España la película Mar Adentro, que fue la que introdujo el tema de la eutanasia en la opinión pública argumentando solidaridad humana, compasión…

Genocidio en el nazismo

El documento que dictó la orden de eutanasia, escrito en papel con membrete privado de Hitler, estaba dirigido a Philipp Bouhler (1899-1945), director de la Cancillería del Führer y al médico privado de Hitler, Karl Brandt (1904-1948).

Bajo la denominación cifrada “Aktion T4” y con apoyo de médicos, personal de cuidados y funcionarios, se llevó a cabo un auténtico genocidio de deficientes mentales y otros “indeseables”.

A finales de 1939 se comenzó a enviar cuestionarios para el “registro planificado” de los pacientes: tipo de enfermedad, duración de la estancia en el hospital y capacidad laboral.

Según los formularios, una comisión de tres peritos, de un total de aproximadamente 30, decidía sobre la vida o la muerte del paciente.

Los “candidatos a la muerte” eran trasladados a los centros de eutanasia en Grafeneck, Brandenburg, Hartheim, Pirna, Bernburg, y Hadamar.

Además de inyecciones letales, también se emplearon cámaras de gas camufladas como duchas (como en los campos de concentración). Se estaba ensayando así el método que los nazis emplearían para el asesinato sistemático de millones de judíos.


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El valor de los débiles y de la vida

Una vez expuestos los objetivos y propaganda sobre la eutanasia del abominable nacionalsocialismo, quizá estemos más preparados para saber a dónde pueden llevarnos esos aplausos y ese sentido común y humanidad que nos han vendido por la televisión.

Antes era por “el bien de la raza”, ahora es por “la calidad de vida”.

Parece que los médicos que quieran objetar ante esa ley deberán apuntarse en una lista; ¿no parece más lógico que fuera al revés: los médicos que quieran colaborar con la eutanasia, que se manifiesten explícitamente?

Recordemos la enseñanza fundamental de la ética hipocrática: “Dispensaré un profundo respeto a toda vida humana desde la concepción hasta la muerte natural”, es decir, no dispensaré a nadie un tóxico mortal activo, incluso aunque me sea solicitado por el paciente; tampoco daré a una mujer embarazada un medio abortivo.

Yo, en contra de todo este montaje siniestro, opino que sería muy fecundo y positivo, tanto para el progreso de la sociedad como para la educación de cada ser humano, que comprendiéramos que los débiles son importantes.

De esa idea nació precisamente la medicina. A lo de la “muerte digna” podemos preguntar si es que la falta de salud equivale a indignidad.

¿Qué clase de sociedad es esta que basa su progreso en eliminar a los molestos y a los débiles, ya sea en forma de aborto, o en forma de eutanasia?

Antes de estar conformes a conceder a unas personas el derecho a matar a otras personas, creo que deberíamos tener en cuenta que la vida humana tiene mucho valor.


PALIATIVE

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