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¿Pagas las consecuencias de malas decisiones? Prueba esto

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Di KeyStock - Shutterstock

Carlos Padilla Esteban - publicado el 21/12/20

No se puede cambiar lo que ya es pasado, mejor vivir con paz las consecuencias de lo decidido que angustiarse o apenarse

Decidir lo correcto no es tan sencillo. Siempre me puedo equivocar y no hacer lo correcto. O no elegir lo que Dios quiere. O seguir otro camino dejándome llevar por mi debilidad.

Todas las decisiones que tomo tienen consecuencias. Una profesora les decía a unas alumnas huérfanas:

«Vosotras estáis aquí porque vuestros padres tomaron decisiones equivocadas y ahora cargáis con sus consecuencias. Estamos aquí para que a partir de ahora toméis decisiones acertadas».

Si tomo decisiones equivocadas habrá consecuencias. El sí que doy o el no que pronuncio. Se abre o se cierra un posible camino.

Puedo tomar una elección obligado por las circunstancias. Puedo huir por mi miedo a fracasar. La soledad y el vacío en el alma me hacen elegir escapes que no me llenan por dentro y la tristeza es más honda entonces o más permanente.

El riesgo de decidir

Decir que sí a lo que otros me piden puede ser decirle que no a lo que Dios sugiere. ¡Qué difícil acertar en todas mis decisiones!

Un camino equivocado. Una puerta que no golpeo al verla cerrada. Un pasaje estrecho que me lleva a parajes anchos y luminosos. El miedo a la estrechez, el miedo a la oscuridad en la que no soy capaz de ver la verdad de mi vida.

WORRIED
Public Domain

Decir que sí siempre no es necesariamente la solución a todos mis miedos. Decir que no a todos los que me suplican tampoco es el camino que necesariamente tiene consecuencias positivas.

No sé cómo elegir siempre lo correcto y creo que no lo hago. Me piden consejos. ¿Cómo puedo saber siempre lo que Dios quiere de mí?




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Yo sólo sé que cualquier decisión que tomo tiene sus consecuencias. Si me equivoco tendré que aprender de las consecuencias negativas. Si acierto viviré agradecido a ese Dios que me hizo ver cuál era el camino que me haría crecer.

Elegir lo que hay

Además luego hay otras decisiones que tengo que tomar aunque no cambien la realidad sino sólo mi forma de enfrentarla.

No he querido la enfermedad, pero sí tendré que elegirla cuando la sufra. Porque sólo esa elección de lo que no puedo cambiar es lo que me libera.

Nadie quiere el mal para su vida o esta pandemia que amenaza todos mis planes y proyectos. Pero está en mi mano la posibilidad de elegir la vida que me toca vivir. Le doy el sí, aunque en mis miedos le pregunte a Dios cómo lo va a hacer posible.

MEDITATE
Ruslan Shugushev | Shutterstock

Como hace María. Me conmueve su sencillo «sí»:

«Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».

Ante lo que parecía un imposible, María sólo dice que sí, elige lo que su corazón le dicta. No se aparta de la mirada de ese Dios que la ama con locura. Elige lo que le va a dar la vida y va a cambiar su camino para siempre:

«Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».
«¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?».

Y Dios me lo dirá:

«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra».

Doy el sí a lo que me sucede y Dios me mostrará el camino para salir adelante. Yo asumo la verdad de lo que tengo que enfrentar sin miedo, porque Dios con su sombra me cuida y protege. ¿Por qué voy a tener miedo? No es necesario.

Recordar las decisiones acertadas y las equivocadas

Hoy pienso en tantos no es que he dado en mi vida, o en esos síes equivocados. Pienso en mis decisiones acertadas y en las erradas. Recuerdo las consecuencias en ambos casos.

MEMORIES
Shutterstock-Radu Bercan

No puedo cambiar lo que ya es pasado. Y habré tenido que vivir con paz las consecuencias de lo decidido. No me turbo, no me angustio, no tengo pena.

Es imposible acertar siempre porque estoy herido por dentro, dividido en mi corazón. No puedo elegir siempre el bien y el mal en su ropaje de luces me confunde al hacerme creer que así seré más feliz.

Pienso en estos errores que me han costado vida, alegría, paz. Y hoy pienso en todos los síes que quiero poner en el Nacimiento, ante María, esta Navidad. Los síes que me resisto a dar.

A mi vida como es, a mi familia como se ha revelado en esta pandemia, a los límites que me duelen tanto por dentro, a mis pecados que no consigo erradicar de lo más hondo de mi corazón, a mis amores que han fracasado y a los que han resultado bien.

Y entregarlas en el pesebre

Di Annamaria Zappatore|Shutterstock

Hoy le entrego ante Dios mis decisiones acertadas como una ofrenda. Y al mismo tiempo las consecuencias de todos mis errores.

Dios conoce mejor mi corazón que yo mismo y ha posado su mirada sobre mí. Me va a dar fuerzas para que sepa optar siempre por lo que más me conviene, por lo que me hará más pleno y suyo. En eso confío.

Y me siento como María, sola ante Dios:

«Y la dejó el ángel».

Anuncia su promesa y el ángel la deja sola. Para que su sí se haga firme paso a paso. Es lo que yo vivo. La promesa sigue viva y yo camino confiado solo ante Dios.




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