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Venezuela: “Cultivando la esperanza en casa”

VENEZUELA

Federico PARRA | AFP

Macky Arenas - Aleteia Venezuela - publicado el 05/12/20

La Red de Acción Social de la Iglesia en Venezuela teje el acompañamiento que mitiga el dolor y la angustia en medio de una "pandemia espiritual"

El aislamiento social por causa de la pandemia, aunado a la incertidumbre por la falta de asistencia adecuada, agregan mucha ansiedad a la familia venezolana. Todo está resultando muy difícil, en especial a nivel emocional. Por otra parte, la crisis humanitaria compleja incluye la hiperinflación, la falta de servicios públicos, la desinformación. También el duelo migratorio que afecta a casi todo el mundo en el país.

La Iglesia católica y sus organizaciones laicales han decidido dar un paso al frente y se las ingenian para ofrecer el acompañamiento que la gente necesita. Han activado una iniciativa en las redes sociales que promueve el bienestar de la población y  consigue que los venezolanos permanezcan conectados.

Leopoldo Duarte, miembro del directorio del Grupo Social Cesap (Centro al Servicio de la Acción Popular), es uno de los más activos animadores de esta labor. En conversación con Aleteia, este licenciado especialista en Valores Ciudadanos y Coordinador del Programa “Cultivando la Esperanza en casa”, explicó así el esfuerzo que llevan a cabo:

“Esta emergencia de salud pública ha agudizado la crisis y el estrés en toda la población. Hemos evidenciado cómo cambió la dinámica personal y familiar. En nuestra red decidimos conformar una comisión de acompañamiento psico-social. La idea es  incentivar la esperanza como virtud teologal que sostiene al ser humano en  medio de la adversidad”.

Primeros auxilios psicológicos

La desesperanza, por muchas razones, se ha diseminado en Venezuela. La red combate esta situación difundiendo contenidos que contribuyen con la toma de conciencia sobre la realidad actual. También ofrecen herramientas para mejorar la vida personal, familiar y comunitaria, durante la cuarentena y de cara a la post-pandemia.

“El objetivo –explica Duarte- es crear o fortalecer el bienestar psico emocional, espiritual y social. A través de módulos de formación, tenemos expertos que ayudan en el abordaje de las pérdidas, del duelo, de las separaciones involuntarias a las que tantos venezolanos se han visto obligados. Aportamos primeros auxilios psicológicos. Logramos que ellos puedan, a su vez, acompañar a sus familiares que se encuentran en el mismo problema”.

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Universidad Católica Andrés Bello

La violencia intrafamiliar: una consecuencia del encierro

La RASI –Red de Acción Social de la Iglesia- cuenta con 18 organizaciones cuyo trabajo social, educativo y de asistencia en salud es altamente reconocido. Una de las razones que los llevaron a tomar estas medidas tienen que ver con el incremento de la violencia intrafamiliar durante la cuarentena. “Sabemos –dice Duarte- que ha crecido enormemente este flagelo, lo cual constatamos cuando vamos a las comunidades. Hemos diseñado contenidos cortos, reflexivos, con un ejercicio para que las personas hagan en casa. Los contenidos están elaborados por un equipo de psicólogos profesores universitarios vinculados a nuestras organizaciones y apuntan a mejorar los procesos psicoafectivos de una manera integral. Analizamos cómo los ciudadanos, en su desarrollo personal y social, porque deben moverse ahora de una manera diferente y responsable ante esta pandemia”.

El aspecto psicoemocional es muy importante pues  refuerza las posibilidades de descubrir cómo cada ciudadano puede desarrollar recursos internos para fortalecer la resiliencia, que es una palabra clave en este tiempo.

Una pandemia espiritual

Otra área muy importante que manejan es la espiritualidad y sentido de vida. “Escuchamos –revela- a mucha gente decir que ya ha perdido el interés por vivir, para qué, por qué, hasta cuándo vamos a soportar esto…y es allí donde la espiritualidad tiene respuestas y busca  provocar la reflexión y el discernimiento que permiten ver las cosas desde otra perspectiva más positiva”.

La ruptura del ciclo de la esperanza es muy peligrosa pues las personas llegan a preguntarse dónde está Dios y por qué me ha abandonado. Es una tendencia al desencanto, una especie de enfermedad moral que agudiza los conflictos intrafamiliares y, con toda la carga negativa que el venezolano lleva hoy a sus espaldas, es la explicación de los estados depresivos y aún suicidios, cosa que no había sido frecuente en Venezuela.

Y es que la pandemia tiene un costo paralelo que no está medido pero es muy grave en términos menos precisos como es el tema mental y moral.

“Se trata de una pandemia  espiritual– apunta Leopoldo Duarte- con la que estamos lidiando y atacando sus raíces y consecuencias negativas a través de un trabajo sostenido por las redes sociales gracias al cual llegamos a todas las comunidades.  Cada organización de la Iglesia Católica difunde estos materiales haciéndolos llegar a quienes los necesitan”.

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Universidad Católica Andrés Bello

Conectarse con la gratitud

Adicionalmente, la divulgación de contenidos se combina con programas de seguridad alimentaria como el que llevan adelante con religiosas en zonas populares de Caracas.

“Una beneficiaria nos daba las gracias por los mensajes recibidos pues aseguraba que la habían hecho reflexionar y que el ejercicio sugerido para hacer en casa, sobre agradecer por todas las cosas buenas que nos pasan, no le había quitado el dolor pero la había aliviado por el hecho de hacer un ejercicio que la había conectado con la gratitud, aparte de plantearse un propósito de vida”.

Conseguir una misión de vida ha sido un mecanismo que ha dado un nuevo impulso a la cotidianidad dura y azarosa de tanto venezolano que  había perdido las perspectivas en medio de tanta vicisitud. Dentro de poco comenzarán las video conferencias y foros-chat  como parte del acompañamiento psicosocial con vistas a lograr un mayor alcance  para mitigar el dolor y la angustia que muchos están sufriendo.

La esperanza también se aprende

Los proyectos humanitarios que estos equipos están llevando a cabo les han permitido calibrar hasta qué punto es seria la situación emocional de la gente. “Uno huele como anda el alma de la gente”. Por ello se plantearon este esfuerzo de rescate espiritual que ayude a las personas a reconocer sus emociones, el impacto que ellas provocan y cómo sacarles un mayor provecho. Se trata de ponerse frente a retos y desafíos reinventando la cotidianidad.

Si bien es cierta esa conseja popular de que la esperanza es lo último que se pierde, no es menos cierto que es el primer recurso que hay que rescatar. “En nuestras visitas a las comunidades hemos percibido esa desesperanza aprendida y contra ello hay que luchar”, dice.  Y cita una psicóloga del grupo, Marisol Ramírez, quien conjura ese peligro con esta frase: “La esperanza también se aprende”.

La esperanza conecta con la capacidad de volver a soñar y de buscar un sentido diferente a la vida a pesar de un panorama tan desfavorable. “La esperanza es un deseo provocado”, recuerda Duarte de una definición que escuchó una vez y se le grabó. Un anhelo que nos permite anticiparnos a los mejor, a lo deseado.

Buscan que la gente comprenda y asuma que el dolor nos puede transformar en mejores seres humanos al conectarnos con la esperanza y la gratitud y, como las razones para la desesperanza no terminaran con el fin del aislamiento, ya tienen planes de diseñar nuevas metas y procedimientos para continuar con el acompañamiento a los más vulnerables.

Nada más propicio que el tiempo de Adviento para compartir la esperanza.


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