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El Papa: "Luchar contra la mentalidad del usar y tirar y del todo y rápido"

Antoine Mekary | ALETEIA

Ary Waldir Ramos Díaz - publicado el 22/11/20

El Pontífice recordó al beato Carlo Acutis, el joven que predijo su muerte y decía que no desperdició un minuto de su vida haciendo cosas que no agradaban a Dios.

El papa Francisco instó a elegir la vida, que dijo es vivir, no sobrevivir o mantenerse a flote y no dejarse domesticar por la homogeneización. Así, recordó a Carlo Acutis, el muchacho italiano de 15 años declarado “beato” quien decía que ‘las personas nacen originales y mueren como fotocopias’.

El beato Acutis fue un joven que predijo su muerte y decía que no desperdició un minuto de su vida haciendo cosas que no agradaban a Dios.

Lo hizo este domingo, 22 de noviembre, en la Basílica de San Pedro antes del paso de los símbolos de la Jornada Mundial de los Jóvenes, prevista para 2023 y que tendrá lugar en Lisboa, Portugal.

El gesto simbólico se realizó hoy al final de la misa celebrada por Francisco y no, según la tradición, el Domingo de Ramos, debido a la pandemia: el paso de la Cruz y la copia del icono Salus Populi Romani de la representación de la juventud panameña a la portuguesa.

35 años después de la creación de la JMJ apoyada por Juan Pablo II, Francisco anunció que para «relanzar» la celebración de la JMJ en las Iglesias locales, he decidido «trasladar la celebración diocesana de la JMJ del Domingo de Ramos al Domingo de Cristo Rey, a partir del próximo año».

«En el centro permanece el Misterio de Jesucristo Redentor del hombre, como siempre evidenció san Juan Pablo II, iniciador y patrono de la JMJ. Queridos jóvenes: ¡Griten con sus vidas que Cristo vive y reina! ¡Si ustedes callan, las piedras gritarán! (cf. Lc 19,40)».

Homogeneización

El Papa quiere jóvenes que grite al mundo y eligen el bien: «Elegir, especialmente hoy, es no dejarse domesticar por la homogeneización, es no dejarse anestesiar por los mecanismos de consumo que desactivan la originalidad, es saber renunciar al aparentar y al mostrarse.

Elegir la vida es luchar contra la mentalidad del usar y tirar y del todo y rápido, para conducir la existencia hacia la meta del Cielo, hacia los sueños de Dios».

¿Ayudo al que no me puede devolver?

A las 10.00 a.m, en el Altar de la Cátedra de la Basílica Vaticana, el Papa presidió la Misa en la Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo Rey del Universo en la que se ha leído la lectura del Evangelio de Mateo previa a la Pasión.

«Jesús, antes de entregarnos su amor en la cruz, nos deja su última voluntad. Nos dice que el bien que hagamos a uno de sus hermanos más pequeños —hambrientos, sedientos, extranjeros, pobres, enfermos, encarcelados— se lo haremos a Él (cf. Mt 25,37-40)».

En su homilía recuerda que la autopista para el cielo son las obras de misericordia. Así, invitó a cada uno a preguntarse:  ¿Las pongo en práctica? ¿Hago algo por quien lo necesita? ¿O hago el bien sólo a los seres queridos y a los amigos? ¿Ayudo al que no me puede devolver?

¿Soy amigo de un pobre? “Yo estoy ahí”, te dice Jesús, “te espero ahí, donde no imaginas y donde quizás ni siquiera quieres mirar, ahí en los pobres”, expresó el Papa vestido de casulla blanca en fiesta de Cristo Rey del Universo.

No renunciar a los sueños grandes

Así, citó el ejemplo de san Martín de Tours, 18 años, sin bautizo, quien donó la mitad de su capa de soldado a un pobre y luego soñó con Jesús: «Yo estoy ahí». 

El Papa afirmó que Jesús nos que está en la carne de las personas que sufre y necesita: «Yo estoy ahí, dice Jesús también a ti, joven que buscas realizar los sueños de la vida».

«No renunciemos a los sueños grandes. No nos contentemos con lo que es debido.El Señor no quiere que recortemos los horizontes, no nos quiere aparcados al margen de la vida, sino en movimiento hacia metas altas, con alegría y audacia»

No estamos hechos para soñar con las vacaciones o el fin de semana, sino para realizar los sueños de Dios en este mundo. Él nos ha hecho capaces de soñar para abrazar la belleza de la vida».

Las obras de misericordia

En su predicación, el Papa destacó que las «obras de misericordia  son las obras más bellas de la vida. Si tienes sueños de gloria verdadera, no de la gloria del mundo que va y viene, sino de la gloria de Dios, este es el camino».

El Papa indicó que las obras de misericordia serán nuestro metro al final de la vida: «Porque las obras de misericordia dan gloria a Dios más que cualquier otra cosa».

Pero, ¿desde dónde se parte para realizar sueños grandes? De las grandes decisiones», anotó. 

Tomar decisiones que agraden a Dios

El Papa indicó que Dios en su misericordia no juzga: «ser buenos o malos depende de nosotros». 

Y por ello habló de las «consecuencias de nuestras decisiones», pues Dios «las pone de manifiesto y las respeta: «Elecciones banales conducen a una vida banal, elecciones grandes hacen grande la vida».

En efecto, sostuvo: «nosotros nos convertimos en lo que elegimos, para bien y para mal. Si elegimos robar nos volvemos ladrones, si elegimos pensar en nosotros mismos nos volvemos egoístas, si elegimos odiar nos volvemos furibundos, si elegimos pasar horas delante del móvil nos volvemos dependientes». 

En cambio, afirmó, si «optamos por Dios nos volvemos cada día más amados y si elegimos amar nos volvemos felices»: «Sí, porque la belleza de las decisiones depende del amor.

Jesús sabe que si vivimos cerrados e indiferentes nos quedamos paralizados, pero si nos gastamos por los demás nos hacemos libres».

La vida se posee solamente entregándola

Francisco dijo que la vida eterna se obtiene solo donando la propia vida y advirtió sobre los «obstáculos que vuelven arduas las elecciones: a menudo el miedo, la inseguridad, los porqués sin respuesta.

Sin embargo, el amor nos pide que vayamos más allá, que no nos quedemos sujetos a los porqués de la vida, esperando que llegue una respuesta del Cielo.

Subrayó que la respuesta llegó hace tiempo: “La mirada del Padre que nos ama y nos envío su Hijo”.

«No, el amor nos impulsa a pasar de los porqués al para quién, del por qué vivo al para quién vivo, del por qué me pasa esto al para quién puedo hacer el bien. ¿Para quién?

No sólo para mí mismo: la vida ya está llena de decisiones que tomamos mirando nuestro beneficio, para tener un título de estudios, amigos, una casa, para satisfacer los propios pasatiempos e intereses.

Pero corremos el riesgo de que pasen los años pensando en nosotros mismos sin comenzar a amar. Manzoni nos da un hermoso consejo: «Se debería pensar más en hacer el bien que en estar bien; y así se acabaría estando mejor» (Los novios, cap. XXXVIII).

Obstáculos a la generosidad

Otros obstáculos a la generosidad, según el Papa, son: la fiebre del consumo, que narcotiza el corazón con cosas superfluas.Se encuentra la obsesión por la diversión, que parece el único modo para evadir los problemas, y en cambio sólo pospone los problemas». 

«Hay una fijación en la reclamación de los propios derechos, olvidando el deber de ayudar. Y también está la gran ilusión sobre el amor, que parece algo que hay que vivir a fuerza de emociones, cuando amar es sobre todo: don, elección y sacrificio».

¿Cómo escoger el bien?

El Papa aconsejó elegir el bien mirándose dentro haciéndose «dos preguntas»:

¿Qué me apetece hacer? Es una pregunta que con frecuencia engaña, porque insinúa que lo importante es pensar en uno mismo y seguir todos los deseos e impulsos que uno tiene.

Y la otras es la pregunta que el Espíritu Santo sugiere al corazón : no ¿qué me apetece hacer?, sino ¿qué te hace bien? Aquí está la elección de cada día: ¿Qué quiero hacer o qué me hace bien?».

De esta búsqueda interior pueden nacer elecciones banales o elecciones de vida, sostuvo.

“Depende de nosotros. Miremos a Jesús, pidámosle la valentía de elegir lo que nos hace bien, para seguir sus huellas en el camino del amor, y encontrar la alegría. Para vivir y no para mantenerse a flote», concluyó el Papa.

Al final de la celebración, antes de la bendición final, tuvo lugar el paso de la Cruz y el Icono de María Salus Populi Romani, símbolos de las Jornadas Mundiales de la Juventud, desde la representación de la juventud panameña hasta la juventud portuguesa.

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