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¿Tiene cabida hoy en día el distributismo de Chesterton?

CHESTERTON

Shutterstock | Marusya Chaika | Ann in the uk

César Nebot - publicado el 01/11/20

Una teoría a medio camino entre el capitalismo y el socialismo. Una teoría basada en al Rerum Novarum del Papa León XIII

Fritz Schumacher defendía que no era posible considerar la Economía sin una Ética de fondo. Consideraba que la visión económica del capitalismo y del socialismo se desarrollaban en el mismo nivel del ser, un nivel material que pretendía huir de niveles del ser más profundos y que en consecuencia era una falacia. A inicios del siglo XX, G.K. Chesterton y H. Belloc fundamentan una alternativa al capitalismo y al socialismo, el Distributismo que toma nota de la encíclica Rerum Novarum del Papa León XIII en su análisis de la situación social.

El capitalismo aboga por la propiedad privada de los medios de producción, en cambio el socialismo otorga la prioridad al Estado en esa propiedad de los medios. En el comunismo, la propiedad privada desaparece para ser acaparada por el Estado. En consecuencia, la libertad de mercado no se puede concebir en un sistema comunista, al contrario del capitalista. La diferencia fundamental entre ambos sistemas estriba, por lo tanto, en la concepción de qué prevalece.

La razón comunista que poseería el Estado para asignar los recursos a cada cual según la clarividencia de sus élites donde como consecuencia final habría una supuesta libertad colectiva; o, por otro lado, la libertad individual capitalista en la que el agregado de las decisiones daría una posterior razón de mercado para la asignación de los recursos, lo que llamamos precio. No obstante, ambos sistemas disponen de un elemento en común. En el comunismo, no hay libre concurrencia, libre acceso en el mercado, porque no hay ni mercado ni libertad; en el capitalismo, la libre actuación en el mercado contempla también la eliminación de la libre concurrencia en la medida que del poder que acumule el capitalista, persiguiendo poder de monopolio u oligopolio.

En el distributismo, no se niega la propiedad privada, sino que partiendo de ella se buscaría una distribución tal que garantizase no sólo la libertad de acción en los mercados, sino también el libre acceso. Evidentemente, más allá de criterios técnicos de eficiencia, el distributismo requiere de una Ética para establecer una justicia distributiva y que a su vez garantice la libertad individual.

Los mercados funcionan mejor, son más eficientes, cuando se garantiza la libre concurrencia, su libre acceso. Los poderes asimétricos en las fuerzas del mercado dan lugar a pérdidas de eficiencia. El distributismo defendería además que este libre acceso desde la propiedad distribuida sería condición relevante para el desarrollo del trabajo dignificante y creativo. La experiencia de la producción en serie mediante cadena de montajes, como la diseñada por Henry Ford, ponían de manifiesto el trabajo alienante frente al dignificante. A esto habría que añadirle que, en la decisión individual, cada persona dispone de incentivos suficientes para el progreso de su bienestar no sólo material sino también espiritual.

Además, el distributismo abogaría por el principio de que aquello que pueda hacer una empresa más pequeña no lo haga una empresa más grande. Esto es problemático cuando el crecimiento económico es impulsado por economías de escala, es decir que la suma de dos empresas produce más que por separado. En este sentido, el distributismo es difícil de reconciliar con el crecimiento económico moderno y que se estima en el orden de lo material en lo cuantitativo. No obstante, a inicios del siglo XXI, son muchas las teorías que apuntan hacia crecimiento en calidad de los países avanzados frente al crecimiento en cantidad. La idea es que llegado a un punto, la decisión de consumo no sería tanto en ir a muchos restaurantes en un día sino ir a un restaurante de mayor calidad por el que se está dispuesto a pagar más por el cubierto. Aplíquese este razonamiento a muchos de los servicios y productos de nuestra cesta de consumo.

Por otra parte, la otra dimensión del distributismo está relacionada con aquellos bienes y servicios que no pueden ser provistos por la iniciativa privada. En este sentido, para los bienes públicos como la Defensa Nacional, la seguridad social, etc. aboga por el Estado pero siempre de forma subisdiaria y guiado por el principio de solidaridad.

En suma, el distributismo de Chesterton indica que una distribución ética de la propiedad privada que garantice la libertad individual de actuación y acceso en los mercados, de una dimensión pequeña en la producción preferente a una producción en masa y de unos criterios de solidaridad para la provisión de los servicios públicos y la defensa del bien común son claves para un Economía local y humana en un mundo que avanza globalmente.

Mientras el mundo del siglo XX, se desangraba en la pugna ideológica entre dos sistemas antagónicos como el capitalismo y el comunismo, el distributismo surgió como respuesta necesaria para trascender a la trampa material. A inicios del siglo XXI, la globalización ha avanzado a la par que se consolidaba el capitalismo como sistema vencedor de la pugna del siglo anterior.

No obstante, cabe la duda de si existe espacio para el desarrollo del distributismo ahora que con la pandemia las relaciones internacionales de comercio quedan afectadas y gana terreno la visión de la economía local en un mundo global.

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